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"Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo"

Eso a lo que se llama fútbol, se construye a través de las posibilidades que nos dan las palabras

"Ganar es lo único que hay", dijo el Cholo Simeone en la previa del duelo de su Atlético de Madrid ante el Leipzig por Champions League. El fútbol, caprichoso, hizo de las suyas y el Colchonero perdió sobre el final con un gol de rebote. La victoria era lo único que había, pero al final hubo otra cosa.

Simeone dijo que lo único que había era ganar y no lo consiguió. Los medios españoles salieron a castigarlo en demasía porque no se quedó con la victoria. Las críticas fueron excesivas si se tiene en cuenta todo lo que el DT consiguió en su ciclo. Esto tiene que ver con las cosas que van más allá de un resultado. Pero claro, fue el propio Cholo el que dijo que no había otra cosa.

"Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo", dijo el filósofo Ludwig Wittgenstein, a quién se identifica con la ontología del lenguaje. Esta corriente pone en el centro de lo social al lenguaje. Todo fenómeno social es un fenómeno lingüístico.

Para esta línea teórica, el lenguaje construye realidad. Esto no quiere decir que no exista nada afuera del lenguaje sino, que el ser humano accede al mundo sólo a través de las palabras. La única manera que tiene el ser humano de clasificar, interpretar y analizar lo que ocurre a su alrededor -y en su interior- es con el lenguaje.

El lenguaje es activo. Cuando se habla de un fenómeno social -como el fútbol- no solo se está describiendo, sino que se lo está moldeando y resignificando palabra a palabra.

La frase de Simeone es una más dentro del mensaje que habitualmente manda el entrenador. Quienes lo conocen, dicen que esa es su manera de ver y sentir el fútbol. Por eso no sorprende que lo verbalice de esa manera. Eso sí, ese discurso genera un parámetro a la hora de valorar su trabajo.

La primera cuestión que tiene ese mensaje es que cierra el significado de ganar solo en el éxito deportivo. Ganar sólo implica obtener el triunfo y salir campeón. Todo aquello que exceda eso no importa. Es cierto que Simeone le dio títulos al Atlético, pero está claro que perdió más de lo que ganó. Se quedó con una sola de las ligas de España que disputó y se fue derrotado en dos finales de Champions League ante el clásico rival. Según su mirada, no vale la pena acordarse que sus caídas fueron ante poderosos rivales como el Barcelona y el Real Madrid.

Si sólo importa ganar, hay que dejar de lado mucho de lo que hizo el Cholo por el club. Le dio una identidad al equipo, lo acomodó en el mapa del fútbol español y europeo sin la billetera de los poderosos. Hay que recordar que no hay ningún jeque árabe detrás del Colchonero como si lo hay en el PSG o el City. Potenció jugadores que hablan muy bien de él y de su método. Todo eso dejaría de ser considerado, si ganar implica sólo obtener copas y medallas.

La otra cuestión a tener en cuenta sobre este mensaje es que niega toda posibilidad de otros resultados. La derrota y el empate también forman parte del fútbol. Decir que ganar es lo único que hay es no admitir que se puede perder. Si no existe espacio para la derrota, no se la puede asimilar. Todo lo que no sea victoria será interpretado como un fracaso. Más aún, si no existe la derrota, no existe el derrotado. Sólo existo en base a la victoria.

Si el lenguaje crea realidades, si el límite del lenguaje marca el límite del mundo, descartar la posibilidad de la derrota en el lenguaje, es excluirla de la realidad. El mensaje es peligroso porque deja de lado cualquier otra cosa que no sea la victoria.

El discurso de Simeone es repetido y magnificado por los medios de comunicación, los cuales trabajan con el lenguaje como materia prima. Son actores cruciales a la hora de construir la realidad a través del mismo.

La radio, con su capacidad de llegar a todos los rincones, es uno de los medios que más contribuye en este proceso. El lenguaje oral, a través de la radio, crea imágenes que impactan en el ámbito emocional.

El gol de Maradona a Inglaterra adquiere un significado distinto a partir del relato de Víctor Hugo Morales. Diego se vuelve un "barrilete cósmico" en la voz del uruguayo. Muchos accedieron a ese gol a través de aquel relato. Se hizo realidad en aquella narración.

Cuando Osvaldo Wehbe decía: "La pelota se hace luna en la noche", el oyente se imaginaba como el esférico salía disparado a la estratosfera y se transformaba en un referente blanco en medio de la oscuridad del cielo. Para muchos hinchas de Boca, Palermo es una especie de súper héroe mitológico porque el Turco lo llamaba Coloso de Rodas, cada vez que metía un gol.

En tiempos en que la televisión no se enteraba de los equipos de provincia, los hinchas de Estudiantes construyeron los goles del Celeste a través de las palabras de Wehbe. Los hinchas de Atenas pegaron la oreja a la radio para escuchar al Turco gritar los dos goles de Cristian Acosta en la final del Federal C 2017 ante Almirante Brown de Malagueño.

Si el lenguaje construye realidades, Wehbe les dio vida a goles de todos los colores a través de la radio. Como gran embajador local, Río Cuarto se hizo realidad para muchos en el mundo - porteños, alemanes, sudafricanos, italianos- porque el Turco nunca perdió oportunidad de hablar de su ciudad.