Money, losers and Rock & Roll
*Por Agustín Hurtado
Desde sus comienzos, el deporte ha servido para representar los aspectos sociales y culturales de una época. El fútbol, quizás el que más. Ayer, la final de la Champions dejó nuevas postales de este tipo.
En el auge del "futbol negocio", dos multinacionales inglesas disfrazadas de clubes se enfrentaron en el estadio Wanda Metropolitana de Madrid (llamado así por sus auspiciantes chinos). En el camino, quedó la hegemonía de las multinacionales españolas. Liverpool, de capitales estadounidense (Fenway Sports Group) le ganó a Tottenham, propiedad de Joe Lewis, un millonario inglés que vive en Bahamas.
Stuart Hall y otros teóricos de la corriente de los Estudios Culturales, quienes estudiaron los primeros impactos de las migraciones desde las colonias a Inglaterra, ayer se hubieran hecho un picnic. De los 22 protagonistas que empezaron el partido, 15 no eran ingleses y Dele Alli, que efectivamente nació en la isla, es hijo de un príncipe africano.
Jürgen Klopp consiguió su primer copa europea después de haber caído en las tres finales anteriores y dejó atrás ese calificativo tan injusto que es el de "perdedor", impuesto en general por sujetos que ni siquiera saben los que es competir por algo. El mote le seguirá cayendo a Pochettino, que además de no haber podido ganar un trofeo, cometió pecados como el de haber sido formado por Bielsa y el de no darle demasiado calce a los dueños mediáticos del fútbol. No debería ser necesario aclarar que lo del nacido en Murphy en esta temporada al mando de los Spurs es formidable.
En lo futbolístico la final no cumplió con las expectativas, al mejor estilo de Game of Thrones. El torneo fue uno de los mejores de los últimos tiempos, pero la culminación no estuvo a la altura.
El partido empezó a puro rock and roll con un gol a los dos minutos y después no tuvo muchas emociones. El arranque de los de Klopp, con el tanto de Salah, amagó con ser como el de los Beatles con “Please, please me” , pero lo que siguió no tuvo nada que ver con la carrera llena de éxitos de los Fab Four de Liverpool.
La apertura del marcador tornó cauteloso a Liverpool, que vio allando el terreno hacia la victoria. El tanto del egipcio, le asestó un golpe casi de nockaut a un Tottenham que nunca terminó de volver al ring. Asimismo, cada vez que probó a Alisson, este dejó en claro que no iba a ser el "Karius" de la película.
Con todo, se puede decir que el fútbol hizo justicia, el mejor equipo del torneo fue el campeón. Después de secarse las lágrimas por la oportunidad perdida, Tottenham recordará esta temporada como una de las más importantes de su historia.
El final fue con Madrid tomado por los hinchas del Liverpool y su himno, “You´ll never walk alone” (tomado del muscial Carousel) Un toque de tradición dentro de un fútbol internacional totalmente copado por el negocio, que lejos está de aquellos años en los que los simpatizantes de los Reds adoptaron la composición de Richard Rodgers y Oscar Hammerstein como su canción insignia.
Agustín Hurtado
En el auge del "futbol negocio", dos multinacionales inglesas disfrazadas de clubes se enfrentaron en el estadio Wanda Metropolitana de Madrid (llamado así por sus auspiciantes chinos). En el camino, quedó la hegemonía de las multinacionales españolas. Liverpool, de capitales estadounidense (Fenway Sports Group) le ganó a Tottenham, propiedad de Joe Lewis, un millonario inglés que vive en Bahamas.
Stuart Hall y otros teóricos de la corriente de los Estudios Culturales, quienes estudiaron los primeros impactos de las migraciones desde las colonias a Inglaterra, ayer se hubieran hecho un picnic. De los 22 protagonistas que empezaron el partido, 15 no eran ingleses y Dele Alli, que efectivamente nació en la isla, es hijo de un príncipe africano.
Jürgen Klopp consiguió su primer copa europea después de haber caído en las tres finales anteriores y dejó atrás ese calificativo tan injusto que es el de "perdedor", impuesto en general por sujetos que ni siquiera saben los que es competir por algo. El mote le seguirá cayendo a Pochettino, que además de no haber podido ganar un trofeo, cometió pecados como el de haber sido formado por Bielsa y el de no darle demasiado calce a los dueños mediáticos del fútbol. No debería ser necesario aclarar que lo del nacido en Murphy en esta temporada al mando de los Spurs es formidable.
En lo futbolístico la final no cumplió con las expectativas, al mejor estilo de Game of Thrones. El torneo fue uno de los mejores de los últimos tiempos, pero la culminación no estuvo a la altura.
El partido empezó a puro rock and roll con un gol a los dos minutos y después no tuvo muchas emociones. El arranque de los de Klopp, con el tanto de Salah, amagó con ser como el de los Beatles con “Please, please me” , pero lo que siguió no tuvo nada que ver con la carrera llena de éxitos de los Fab Four de Liverpool.
La apertura del marcador tornó cauteloso a Liverpool, que vio allando el terreno hacia la victoria. El tanto del egipcio, le asestó un golpe casi de nockaut a un Tottenham que nunca terminó de volver al ring. Asimismo, cada vez que probó a Alisson, este dejó en claro que no iba a ser el "Karius" de la película.
Con todo, se puede decir que el fútbol hizo justicia, el mejor equipo del torneo fue el campeón. Después de secarse las lágrimas por la oportunidad perdida, Tottenham recordará esta temporada como una de las más importantes de su historia.
El final fue con Madrid tomado por los hinchas del Liverpool y su himno, “You´ll never walk alone” (tomado del muscial Carousel) Un toque de tradición dentro de un fútbol internacional totalmente copado por el negocio, que lejos está de aquellos años en los que los simpatizantes de los Reds adoptaron la composición de Richard Rodgers y Oscar Hammerstein como su canción insignia.
Agustín Hurtado