Las figuritas se llamaban Starosta o algo así. Eran redondas y duras y las caras que se aparecían en ellas eran lejanas en la geografía y cercanas en la idolatría. Sin embargo, un tío bien cordobés había urgado en la pila que teníamos y tomando en su mano la número 134 de Atlanta, decía: este es de Las Palmas, yo jugaba con él de chico. Buena gente.
Mediados de los sesenta y Carlos Timoteo Griguol andaba hablando cordobés como hasta hoy en el ambiente del fútbol nacional jugando para el Bohemio.
Tiempos de un Atlanta fuerte que en las figuritas no tenía todo el equipo y sí a algunos, como Nuin, Errea, Clariá, Gatti, Artime, Carone, Luna; en distintos tiempos de la estadia de Timoteo en Villa Crespo.
Carlos Timoteo Griguol debutó en Atlanta en 1957, llegado desde el club Las Palmas de Córdoba con 22 años. Fue en la primera fecha del campeonato de AFA, en un Bohemio recién ascendido. Triunfo de local ante Ferro (¡justamente Ferro!), uno a cero. La formación fue con Rocha; Colman y Etchegaray; De Sanzo, Griguol y Asprela; Russo, Joaquín Martínez, Bravo, Onzari y Fernández Den.
Griguol ha sido un embajador excepcional para los cordobeses en los lugares en donde estuvo. Y si bien como futbolista agotó carrera entre Atlanta y Rosario Central, donde disputó 138 partidos con 13 goles, su paso como entrenador y hombre sabio y coherente, casi un padre para sus jugadores, le dio esa categoría de crack de la vida.
A Rosario Central arribó para jugar en 1966 y se puso la 5 en la primera fecha del torneo, gran victoria en Rosario frente a River, uno a cero, con gol de Bielli de penal. El Canalla jugó esa tarde con Spilinga; Sesana y Jorge González; Ainza, Griguol y Bautista; Pignani, Mesiano, Pagani, Bielli y Gennoni.
Timoteo fue también jugador de selección. Lo hizo en 11 encuentros entre el 59 y el 63, y jugó por primera vez en la nacional en el Sudamericano Extra de Guayaquil, el 12 de diciembre de 1959, empate ante el local uno a uno, gol de Rubén Sosa para los nuestros y esta alineación: Negri; Griguol y Murúa; Arredondo, Guidi y Betinotti (Rattín); Boggio, Pizutti, Sosa (Ruiz), Sanfilippo (J.J.Rodríguez) y Belén. El técnico era el Charro Moreno.
Como “maestro” lo disfrutaron Central y Ferro ganando, y aun Gimnasia sin campeonato alguno.
No vamos a quejarnos porque ya es irreversible el hecho de no haber tenido a Griguol dirigiendo en Córdoba.
Carlos Griguol nació un 4 de septiembre de 1936. Comenzó entrenando a Central y “aun” siendo el creador de los denominados Picapiedras Canallas en el 73 y digo “aun” por los preconceptos que en ese momento dividían a la sociedad futbolera nacional entre Menotti y Lorenzo y luego Bilardo por ejemplo, Griguol fue él y sus muchachos. Fabricante de grupos memorables en el juego y el traslado a la organización, dentro y fuera de la cancha. Estuvo en Arroyito como técnico con un intervalo en México. Volvió a Central y pasó por Kimberley de Mar del Plata en el 79. Y llegó a Caballito.
En Ferro, para mi gusto, tocó techo del bueno. A la par de León Najnudel en el básquetbol y con dirigentes de la talla de Santiago Leyden, fabricaron lo que se llamó un “club modelo”, casi una representación de la clase media trabajadora no tilinga de la Argentina de esos años. Con el equipo de fútbol les mojó la oreja al Boca de Maradona y Brindisi y al River de Distéfano y Kempes llegando segundo y apreciendo ese puesto. Logró que se aplauda al segundo. Cuestión que por si hacía falta corroborar se hizo títulos en los Nacionales 82 y 84. Ferro disfrutó de Carlos Griguol entre el 79 y el 87.
Ya en ese momento no había manera de que un jugador dirigido por él no hablara del “Viejo”, cariñosamente y en forma agradecida. Por la disciplina y por esa manera de guiarlos en la vida. De pedirles la libreta del colegio para medir su aplicación a la educación con la del fútbol. De darles un topetazo en el pecho antes de salir a la cancha a cada uno de sus muchachos. De ser capaz de cortar el césped del campo de juego y cuidar las finanzas del club donde trabajaba como si fuera propio.
Su paso por Gimnasia fue imborrable. Fue 3 veces subcampeón y a nadie se le hubiera ocurrido criticarle algo. Estuvo con los triperos de La Plata desde el 94 al 99 y ni siquiera se lo vio perder la línea en aquella fatídica noche del 95 cuando Independiente le ganó en el Bosque con gol de Mazzoni y el campeonato se fue con San Lorenzo.
Sólo en una de las últimas fechas se le salió la cadena con el Yagui Fernández que se hizo expulsar tontamente.
“Compren el departamento antes que el auto”, era la frase primaria para sus discípulos.
Con Timoteo, hasta que dirigió, se fue una forma de pararse delante de un grupo de pibes o no tan pibes y ser capaz con esa tonada que no se le acaba nunca de guiar hacia el éxito a un plantel. Sólo que para Griguol el éxito era un tremendo impostor si se disfrazaba únicamente de campeón. Él siempre supo que el trabajo, la aplicación y la dedicación eran los que terminaban por cerrar una buena campaña. Y eso era cumplir con dignidad el rol de cada uno en el equipo. Palabra esa: equipo que está por encima del egoísmo y las individualidades .
No le fue fácil por ello, dirigir a River, con todas sus vanidades, aunque con el paso del tiempo enormes referentes del Millonario de esa época reconocieron haber desaprovechado al Viejo Timoteo.
A México y España llevó sus experiencias y formas. Y desde sus últimas labores como técnico en Unión y Gimnasia cada vez que aparece su nombre, flota en el ambiente como una dosis necesaria de ética y trabajo.
Por todos los cumpleaños del Viejo Timoteo. Con tonada bien cordobesa a pesar de los años y momentos vividos. El tío decía que había jugado con él en Las Palmas y que siempre le había llamado la atención la decisión que le ponía a cada cosa que hacía.
Y se notó con el paso de los años. Desde que Timoteo pisó Villa Crespo y enamoró a Atlanta. Y así a todos a los que fue llegando. Y no por pinta sino por actitud en la vida.
Unos 10 Timoteos y algunas cosas serían diferentes.
Osvaldo Alfredo Wehbe
Tiempos de un Atlanta fuerte que en las figuritas no tenía todo el equipo y sí a algunos, como Nuin, Errea, Clariá, Gatti, Artime, Carone, Luna; en distintos tiempos de la estadia de Timoteo en Villa Crespo.
Carlos Timoteo Griguol debutó en Atlanta en 1957, llegado desde el club Las Palmas de Córdoba con 22 años. Fue en la primera fecha del campeonato de AFA, en un Bohemio recién ascendido. Triunfo de local ante Ferro (¡justamente Ferro!), uno a cero. La formación fue con Rocha; Colman y Etchegaray; De Sanzo, Griguol y Asprela; Russo, Joaquín Martínez, Bravo, Onzari y Fernández Den.
Griguol ha sido un embajador excepcional para los cordobeses en los lugares en donde estuvo. Y si bien como futbolista agotó carrera entre Atlanta y Rosario Central, donde disputó 138 partidos con 13 goles, su paso como entrenador y hombre sabio y coherente, casi un padre para sus jugadores, le dio esa categoría de crack de la vida.
A Rosario Central arribó para jugar en 1966 y se puso la 5 en la primera fecha del torneo, gran victoria en Rosario frente a River, uno a cero, con gol de Bielli de penal. El Canalla jugó esa tarde con Spilinga; Sesana y Jorge González; Ainza, Griguol y Bautista; Pignani, Mesiano, Pagani, Bielli y Gennoni.
Timoteo fue también jugador de selección. Lo hizo en 11 encuentros entre el 59 y el 63, y jugó por primera vez en la nacional en el Sudamericano Extra de Guayaquil, el 12 de diciembre de 1959, empate ante el local uno a uno, gol de Rubén Sosa para los nuestros y esta alineación: Negri; Griguol y Murúa; Arredondo, Guidi y Betinotti (Rattín); Boggio, Pizutti, Sosa (Ruiz), Sanfilippo (J.J.Rodríguez) y Belén. El técnico era el Charro Moreno.
Como “maestro” lo disfrutaron Central y Ferro ganando, y aun Gimnasia sin campeonato alguno.
No vamos a quejarnos porque ya es irreversible el hecho de no haber tenido a Griguol dirigiendo en Córdoba.
Carlos Griguol nació un 4 de septiembre de 1936. Comenzó entrenando a Central y “aun” siendo el creador de los denominados Picapiedras Canallas en el 73 y digo “aun” por los preconceptos que en ese momento dividían a la sociedad futbolera nacional entre Menotti y Lorenzo y luego Bilardo por ejemplo, Griguol fue él y sus muchachos. Fabricante de grupos memorables en el juego y el traslado a la organización, dentro y fuera de la cancha. Estuvo en Arroyito como técnico con un intervalo en México. Volvió a Central y pasó por Kimberley de Mar del Plata en el 79. Y llegó a Caballito.
En Ferro, para mi gusto, tocó techo del bueno. A la par de León Najnudel en el básquetbol y con dirigentes de la talla de Santiago Leyden, fabricaron lo que se llamó un “club modelo”, casi una representación de la clase media trabajadora no tilinga de la Argentina de esos años. Con el equipo de fútbol les mojó la oreja al Boca de Maradona y Brindisi y al River de Distéfano y Kempes llegando segundo y apreciendo ese puesto. Logró que se aplauda al segundo. Cuestión que por si hacía falta corroborar se hizo títulos en los Nacionales 82 y 84. Ferro disfrutó de Carlos Griguol entre el 79 y el 87.
Ya en ese momento no había manera de que un jugador dirigido por él no hablara del “Viejo”, cariñosamente y en forma agradecida. Por la disciplina y por esa manera de guiarlos en la vida. De pedirles la libreta del colegio para medir su aplicación a la educación con la del fútbol. De darles un topetazo en el pecho antes de salir a la cancha a cada uno de sus muchachos. De ser capaz de cortar el césped del campo de juego y cuidar las finanzas del club donde trabajaba como si fuera propio.
Su paso por Gimnasia fue imborrable. Fue 3 veces subcampeón y a nadie se le hubiera ocurrido criticarle algo. Estuvo con los triperos de La Plata desde el 94 al 99 y ni siquiera se lo vio perder la línea en aquella fatídica noche del 95 cuando Independiente le ganó en el Bosque con gol de Mazzoni y el campeonato se fue con San Lorenzo.
Sólo en una de las últimas fechas se le salió la cadena con el Yagui Fernández que se hizo expulsar tontamente.
“Compren el departamento antes que el auto”, era la frase primaria para sus discípulos.
Con Timoteo, hasta que dirigió, se fue una forma de pararse delante de un grupo de pibes o no tan pibes y ser capaz con esa tonada que no se le acaba nunca de guiar hacia el éxito a un plantel. Sólo que para Griguol el éxito era un tremendo impostor si se disfrazaba únicamente de campeón. Él siempre supo que el trabajo, la aplicación y la dedicación eran los que terminaban por cerrar una buena campaña. Y eso era cumplir con dignidad el rol de cada uno en el equipo. Palabra esa: equipo que está por encima del egoísmo y las individualidades .
No le fue fácil por ello, dirigir a River, con todas sus vanidades, aunque con el paso del tiempo enormes referentes del Millonario de esa época reconocieron haber desaprovechado al Viejo Timoteo.
A México y España llevó sus experiencias y formas. Y desde sus últimas labores como técnico en Unión y Gimnasia cada vez que aparece su nombre, flota en el ambiente como una dosis necesaria de ética y trabajo.
Por todos los cumpleaños del Viejo Timoteo. Con tonada bien cordobesa a pesar de los años y momentos vividos. El tío decía que había jugado con él en Las Palmas y que siempre le había llamado la atención la decisión que le ponía a cada cosa que hacía.
Y se notó con el paso de los años. Desde que Timoteo pisó Villa Crespo y enamoró a Atlanta. Y así a todos a los que fue llegando. Y no por pinta sino por actitud en la vida.
Unos 10 Timoteos y algunas cosas serían diferentes.
Osvaldo Alfredo Wehbe

