Esta nota la escribí tres años atrás. Como sé que Antonio Candini, monitoreará cada movimiento que da su Estudiantes y seguro vendría y le daría un apretón de manos al actual presidente, más allá de apreciaciones bien a lo Candini, es que me atrevo a ponerla otra vez en PUNTAL. Para evitar el olvido. Porque este hoy “celeste” tiene un antes que explica de que se trata la “Leyenda del Leòn”. Ahí va:
“Leyendo cada paso que da Estudiantes, por estos días, entre las ansias de ascender y el deseo de poner de pie a la institución, me viene a la memoria, cada vez que observo las notas de mis compañeros de PUNTAL, una larga lista de dirigentes que pasaron por el club de la avenida España, de soñadores que hicieron realidad sus objetivos. De jugadores, de técnicos y de muchos otros que desde la pileta del club hasta sus canchas de tenis, pasando por el comedor, habrán pisado “tierra celeste” por un tiempo.
Lo tengo a mi querido viejo como uno de esos integrantes de equipos de trabajo por y para el club, que entre otras, cosas en los 60, levantaron el tribunón loco que da a la Avenida, mientras centenares de niños con el pequeño carnet del color del club, jugaban a algo en sus instalaciones.Tiempos de Antolín García y Pedro Tonelli entre otros.
En 1992, un día como mañana, estando en las sierras y caminando a comprar alguna factura rica para el desayuno, un vecino, también riocuartense, me dijo: “¿viste que murió Candini?. Me detuve como si una trompada me hubiera obligado a retroceder en la calle de tierra y arena. El Antonio había partido a pelear a otra parte.
Asocié inmediatamente el hecho con su participación en la política. Una actividad que de la manera que se practica en la Argentina voltea a cualquiera. Aún al más pesado si se les ocurre hacerlo, a rivales y hasta los del mismo palo al mismo tiempo, algo que ocurrió en ese momento, cuando Candini fue candidato a intendente de la ciudad.
No era un santo, pero lo acostaron. Como él lo había hecho muchas veces en otros terrenos. La jungla es eso, me dije. Y agregué para adentro: “¡me hubiera gustado tenerlo de intendente!”. Para bien o no. Probarlo, digo. “En medio de tanta insuficiencia, porque no él”, pensé. Una topadora era el Gringo. No estaba acostumbrado a perder. Por capacidad o por billetera. Y perdió. 27 años atrás mostró que a la hora de la parca, no hay quien se salve. Ni el más pintado.
Por eso y más allá de ese abrupto final que arrastró incluso a un referente deportivo local como fue su hijo Gustavo, poco tiempo después; es que el presente celeste, tiene y tendrá siempre una relación causal con los tiempos de Antonio. Únicos desde el fútbol. Para Estudiantes y la ciudad. ¿Irrepetibles?. Ojalá no. Candini fue un caudillo deportivo a la altura de un Nuccetelli, de un Grondona, del que quieran. Si hubiese actuado en Córdoba o Buenos Aires habría marcado un hito en su labor. Siempre digo, para bien o mal.
Me tocó escuchar sus diálogos mano a mano con Don Julio, por teléfono o de persona a persona en su campo de Charras y aseguro que pocos le decían al Padrino lo que Antonio le manifestaba.
Desafió a Belgrano y a Unión San Vicente en los tiempos en que los regionales y provinciales eran su hábitat. Belgrano lo padeció dentro y fuera de la cancha. Iba más rápido que tipos parecidos a Carl Lewis, en lo administrativo. Tenía a su alrededor buenos compañeros que lo siguieron hasta donde podían, otros, como Jorge Artundo, tomaron el timón, luego.
Con Candini, la cancha de Estudiantes, vio jugar a Boca y River por los puntos y no ganarle al León. Hasta San Lorenzo pidió ser local ante Huracán Las Heras, en un inolvidable encuentro que se definió por penales con Chilavert como gran figura.
Ya un par de veces escribí sobre Antonio en el diario. Lo hago porque lo siento de verdad (lo quise mucho), y porque creo que recordándolo capaz logremos una trasfusión de algo de lo que él tenía, a la dirigencia deportiva y política de la ciudad. No todo, para no enojar a los puntillosos que le rezan a estampitas de santos de un lado y a luciferes del otro. Candini fue un arrollador dirigente, odiado y amado en partes iguales por una sociedad altamente hipócrita. De un lado y del otro. Los que lo amaban para sacar dividendos y los que lo odiaban porque les hubiese gustado estar a la altura de sus gestiones de la manera que fuera.
Años atrás un vecino me avisó que había muerto. Una trompada contemporánea en ese momento. Un hombre que parecía inmortal e invencible. No lo era. Pero dejó una marca indeleble que en mi caso no olvidaré jamás.
Hablando de cosas que decía sobre mi papá, Antonio me dijo: “cómo me gustaría que alguien dijera eso de mí cuando no esté”. Yo le contestaba: “Imposible de mi parte, Antonio, son distintos, de otro palo, además Don Alfredo es mi viejo”.
Con el paso de los años, escribí y dije muchas cosas de Candini. Obviamente diferentes a las que he dicho de papá. Pero con mucho respeto y cariño. Con cierta admiración y el recelo propio de aquellos que como uno, no cree que vale todo. Capaz que Antonio pensaba igual, pero a la hora de actuar elegía la que más le convenía a Estudiantes. Y no le erró demasiado. Se lo recuerda. No tanto por arquero en Rufino o candidato a intendente. Sí por dirigente de Estudiantes. Un ejemplar único. Probablemente irrepetible.”.
Puede estar segura la dirigencia actual, que (con matices y miradas de otros tiempos) le gusta mucho a Don Antonio lo que como club genera Estudiantes.
El apostó todo al fútbol, tal vez allí está la diferencia con el hoy, que abarca muchas disciplinas. Pero el cariño por el León es el mismo. De antes y de ahora. De los bien viejos como mi papá, como Antonio y como los de hoy.
Sólo peleo contra el olvido. Y Antonio Candini no lo merece.
Osvaldo Alfredo Wehbe
Lo tengo a mi querido viejo como uno de esos integrantes de equipos de trabajo por y para el club, que entre otras, cosas en los 60, levantaron el tribunón loco que da a la Avenida, mientras centenares de niños con el pequeño carnet del color del club, jugaban a algo en sus instalaciones.Tiempos de Antolín García y Pedro Tonelli entre otros.
En 1992, un día como mañana, estando en las sierras y caminando a comprar alguna factura rica para el desayuno, un vecino, también riocuartense, me dijo: “¿viste que murió Candini?. Me detuve como si una trompada me hubiera obligado a retroceder en la calle de tierra y arena. El Antonio había partido a pelear a otra parte.
Asocié inmediatamente el hecho con su participación en la política. Una actividad que de la manera que se practica en la Argentina voltea a cualquiera. Aún al más pesado si se les ocurre hacerlo, a rivales y hasta los del mismo palo al mismo tiempo, algo que ocurrió en ese momento, cuando Candini fue candidato a intendente de la ciudad.
No era un santo, pero lo acostaron. Como él lo había hecho muchas veces en otros terrenos. La jungla es eso, me dije. Y agregué para adentro: “¡me hubiera gustado tenerlo de intendente!”. Para bien o no. Probarlo, digo. “En medio de tanta insuficiencia, porque no él”, pensé. Una topadora era el Gringo. No estaba acostumbrado a perder. Por capacidad o por billetera. Y perdió. 27 años atrás mostró que a la hora de la parca, no hay quien se salve. Ni el más pintado.
Por eso y más allá de ese abrupto final que arrastró incluso a un referente deportivo local como fue su hijo Gustavo, poco tiempo después; es que el presente celeste, tiene y tendrá siempre una relación causal con los tiempos de Antonio. Únicos desde el fútbol. Para Estudiantes y la ciudad. ¿Irrepetibles?. Ojalá no. Candini fue un caudillo deportivo a la altura de un Nuccetelli, de un Grondona, del que quieran. Si hubiese actuado en Córdoba o Buenos Aires habría marcado un hito en su labor. Siempre digo, para bien o mal.
Me tocó escuchar sus diálogos mano a mano con Don Julio, por teléfono o de persona a persona en su campo de Charras y aseguro que pocos le decían al Padrino lo que Antonio le manifestaba.
Desafió a Belgrano y a Unión San Vicente en los tiempos en que los regionales y provinciales eran su hábitat. Belgrano lo padeció dentro y fuera de la cancha. Iba más rápido que tipos parecidos a Carl Lewis, en lo administrativo. Tenía a su alrededor buenos compañeros que lo siguieron hasta donde podían, otros, como Jorge Artundo, tomaron el timón, luego.
Con Candini, la cancha de Estudiantes, vio jugar a Boca y River por los puntos y no ganarle al León. Hasta San Lorenzo pidió ser local ante Huracán Las Heras, en un inolvidable encuentro que se definió por penales con Chilavert como gran figura.
Ya un par de veces escribí sobre Antonio en el diario. Lo hago porque lo siento de verdad (lo quise mucho), y porque creo que recordándolo capaz logremos una trasfusión de algo de lo que él tenía, a la dirigencia deportiva y política de la ciudad. No todo, para no enojar a los puntillosos que le rezan a estampitas de santos de un lado y a luciferes del otro. Candini fue un arrollador dirigente, odiado y amado en partes iguales por una sociedad altamente hipócrita. De un lado y del otro. Los que lo amaban para sacar dividendos y los que lo odiaban porque les hubiese gustado estar a la altura de sus gestiones de la manera que fuera.
Años atrás un vecino me avisó que había muerto. Una trompada contemporánea en ese momento. Un hombre que parecía inmortal e invencible. No lo era. Pero dejó una marca indeleble que en mi caso no olvidaré jamás.
Hablando de cosas que decía sobre mi papá, Antonio me dijo: “cómo me gustaría que alguien dijera eso de mí cuando no esté”. Yo le contestaba: “Imposible de mi parte, Antonio, son distintos, de otro palo, además Don Alfredo es mi viejo”.
Con el paso de los años, escribí y dije muchas cosas de Candini. Obviamente diferentes a las que he dicho de papá. Pero con mucho respeto y cariño. Con cierta admiración y el recelo propio de aquellos que como uno, no cree que vale todo. Capaz que Antonio pensaba igual, pero a la hora de actuar elegía la que más le convenía a Estudiantes. Y no le erró demasiado. Se lo recuerda. No tanto por arquero en Rufino o candidato a intendente. Sí por dirigente de Estudiantes. Un ejemplar único. Probablemente irrepetible.”.
Puede estar segura la dirigencia actual, que (con matices y miradas de otros tiempos) le gusta mucho a Don Antonio lo que como club genera Estudiantes.
El apostó todo al fútbol, tal vez allí está la diferencia con el hoy, que abarca muchas disciplinas. Pero el cariño por el León es el mismo. De antes y de ahora. De los bien viejos como mi papá, como Antonio y como los de hoy.
Sólo peleo contra el olvido. Y Antonio Candini no lo merece.
Osvaldo Alfredo Wehbe

