Una mesa imaginaria, en algún bar ubicado más allá del tiempo y del espacio; ahí confluyen Alfred Hitchcock, Luis Buñuel y John Ford. Todos se miran extrañados, sus caras denotan frustración. En la mesa se observa un diario que reza: “River y Boca jugarán la final Copa Libertadores. De repente uno de ellos rompe el silencio casi resignado: “Cómo no lo pensamos, cómo se nos escapó esta historia”, refunfuña al aire.
Boca y River se verán las caras en el escenario más importante en el que se podrán enfrentar. No hay otra instancia superior a una final de Copa Libertadores. No pasó nunca y es difícil que vuelva a pasar.
Ford sale del letargo y empieza a contar el argumento de un western clásico. Imagina a dos hermanos nacidos en el mismo barrio, La Boca. Pero uno de ellos decide irse intempestivamente y encuentra su lugar en el norte, más precisamente en Núñez. Desde ese momento empiezan a enfrentarse en incontables batallas. Hasta que aparece una mujer a la que ambos desean y allí se desata la última disputa. La madre de todas las batallas.
Hitchcock lo interrumpe y piensa la historia desde otro ángulo. Se centra en los personajes. A dos mellizos dedicados a la investigación privada les encargan encontrar a un muñeco.
La misión parece sencilla, pero de repente la simple tarea se convierte en una odisea llena de acción y suspenso. El muñeco parece salido de un cuento de terror y se encarga de hacer llegar a los mellizos al borde de la histeria.
Sobre el final, lo encuentran y lo persiguen por el techo de una casa antigua. Al llegar al filo del precipicio, los mellizos saben que no hay mañana. Si fallan no hay nada que pueda salvarlos de la locura... Antes de que Hitch pueda terminar, Buñuel lo detiene y hace andar un proyector. Allí, de manera encadenada, se funden nombres e imágenes. Una pelota naranja, la sonrisa y el llanto de un loco de flequillo, gas, ojos irritados, fotógrafos que caen a los pies de un dios de barro en un día de lluvia, un cancerbero con un traje de Armani y un torero haciendo pasar de largo a un animal con un balón entre sus piernas. Todo eso confluye en una masa amorfa de cuatro colores: rojo, blanco, azul y amarillo.
La conversación termina de golpe y los tres directores vuelven a su taciturno silencio. Ninguno de ellos pudo imaginar en vida historia semejante a la que vivirán Boca y River en este mes de noviembre de 2018.
El miércoles 7 (en principio) se citarán por primera vez en la Bombonera. El 21 será el duelo definitivo en el Monumental.
Gallardo y los suyos llegarán con la confianza en alza. Napoleón volvió a conseguir lo imposible, motivó a su tropa y ganó una batalla decisiva.
Barros Schelotto sabe que no puede volver a perder con River y menos en esta instancia. Su equipo no llegó a la final de gran manera, lo hizo a través de sus individualidades. Gallardo querrá que esta final sea Austerlitz, el Mellizo piensa en transformarla en Waterloo.
La película que se verá a continuación contiene más supenso que “Vértigo” o “Psicosis”, más acción que “Fort Apache” o “La Diligencia” y es más surrealista que “El Perro Andaluz”. A ningún director de cine se le hubiera ocurrido este relato, porque esta historia es más extraordinaria que la ficción.
Agustín Hurtado

