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Un stopper en el cielo

El 11 de diciembre de 2019 se van a cumplir 15 años del fallecimiento de José Luis Cuciuffo. Un referente cordobés. Un campeón del mundo y, por sobre todas las cosas, un buen tipo
 
Hay jugadores que se recuerdan por su calidad; otros, por su temperamento; algunos, por goles o atajadas, y así. Hay deportistas que hacen de sus vidas un guión de película.

O, como los artistas, son motivo de homenaje, porque ellos mismos tienen cosas en común con un lugar o un tiempo determinados.

Este año se van a cumplir 15 años del fallecimiento de José Luis Cuciuffo. Murió el sábado 11 de diciembre de 2004, por la noche, a los 43 años, al dispararse la escopeta que llevaba en una camioneta, durante una excursión de caza, en la provincia de Buenos Aires. Fuentes policiales indicaron que Cuciuffo, auxiliado en primera instancia por un amigo que lo acompañaba en el momento del accidente, falleció cuando era trasladado al hospital de la ciudad de Carmen de Patagones, a unos 700 kilómetros al sur de la ciudad de Buenos Aires. Se añadió que el disparo afectó la zona hepática del exfutbolista, debido a que llevaba el arma entre las piernas, con el cañón apoyado sobre su cuerpo. Esa información, así de fría, recorrió las redacciones de manera cruel y despiadada.

Es que todos convivimos con Cuchu, los futboleros principalmente, y obviamente sus amigos y familiares. Era un referente cordobés. Un campeón del mundo. Un buen tipo.

Cuciuffo se inició en Huracán de Barrio La France, a fines de los setenta. Se destacaba en la Liga Cordobesa, pero hubo un partido en el que la rompió. En el barrio del elenco “luminoso” todos lo recuerdan. Ante Talleres, fue la figura en un triunfo 4 a 0.

Y fue el momento en que la “T” se fijó en él. Fue cedido a Chaco For Ever, en donde jugó el Nacional del 80 con alguna formación como esta: Maguna; Jara, Cuciuffo, Curbeti y Franco; García Paredes, Manzi y Orlando Medina; Filardo, Raúl Vargas y Ramón Benítez. El técnico era Roberto Jesús Puppo. Volvió a Talleres ya consolidado. En el certamen de 1981, tuvo grandes partidos en la defensa albiazul y llegó a ser noticia también por sus dotes de arquero, ya que en dos partidos (Newell`s y Guaraní Antonio Franco) fue al arco ante la expulsión de su guardameta, Oscar Quiroga y Héctor Baley, respectivamente. Jugó en Talleres con un grupo de grandes jugadores como Oviedo, Valencia, Ludueña, Reinaldi, Hoyos, el brasileño Julio César y Bravo, entre otros.

Hubo mayor conocimiento de su juego y de su propia existencia en 1981, cuando la revista Humor, la de mayor resistencia a la dictadura militar de Argentina, se basó en la fonética de su apellido para realizar una campaña con el fin de que fuera convocado a la selección argentina. Si bien César Luis Menotti no terminó llevándolo al Mundial de España en 1982, Carlos Bilardo, en cambio, acabó reparando en él para el Mundial siguiente, en México. Cuciuffo pasó entonces de ser un ignoto defensor a un jugador sumamente popular, y no precisamente por su juego, sino por su apellido y por las constantes bromas de la revista Humor en la recordada sección Pelota, en la que los más acérrimos críticos de fútbol del momento reclamaban su presencia en la Albiceleste.

Entre el 82 y 87, jugó en Vélez Sarsfield, tiempo en el cual fue su momento de selección argentina, con la que ganó la Copa del Mundo en México. Alguna de las formaciones de Vélez con él, por ejemplo, de 1982, fue con Pumpido; Jorge, Daniel Killer, Cuciuffo y Bujedo; Cabrera, Moralejo, el Beto Alonso e Ischia; Lucero y Bianchi.

En Liniers jugó también, en otras temporadas, con Navarro Montoya, Larraquy, Vanemerak, Comas, y Meza, entre otros.

Debutó en la selección el 17 de noviembre de 1985 en Puebla, en un amistoso ante México. Empate uno a uno, gol de Ruggeri. Argentina fue con Islas; Cuciuffo, Brown, Ruggeri y Trossero; Giusti, Batista, Bochini y Maradona; Borghi y Almirón. Jugaron también Barbas, Pasculli, Ponce y Dertycia. Jugaría 21 partidos con la Nacional.

Cuando fue convocado para el Mundial, Cuchu se contentaba con estar en la lista; pero la enfermedad estomacal de Passarella obligó a Bilardo cambiar el sistema, y recurrir a un líbero (Brown) y dos marcadores (Ruggeri y Cuciuffo). Fue titular en cinco de los siete partidos, y, hasta una falta a él, derivó en el primer gol de la final ante Alemania.

Se las rebuscó y cumplió contra delanteros de la talla de Francescoli o Völler, a los que superó con juego limpio y buenas marcas.

Al año siguiente fue transferido a Boca Juniors, junto al “Coya” Gutiérrez, y jugó tres temporadas entre el 87 y el 90. No coincidió con una gran época del club xeneize, aunque ganó la Supercopa del 89 y la Recopa Sudamericana en el 90.

La final de esa Recopa se jugó en Miami y Boca le ganó a Nacional de Medellín, uno a cero con gol de Latorre a Higuita. Boca fue Navarro Montoya; Stafuza, Simón, Marchesini y Cuciuffo; Giunta, Marangoni y Ponce; Graciani, Itabel y Latorre. Entraron Soñora y Barberón. El entrenador era Carlos Aimar.

Los malos resultados y una relación no tan amigable con la dirigencia lo llevaron a emigrar a Francia, donde jugó en el Nimes y el Reims. En el 93 regresó a Argentina para jugar un tiempo en Belgrano, antes de su retiro.

Luego se dedicó a manejar un bar de su propiedad (“Ulises”) en barrio Los Paraísos y a militar en el sindicato de entrenadores en Córdoba. Dirigió al equipo 24 de Septiembre, de la localidad de Arroyito, Córdoba, y fue propietario de la escuela de fútbol Potreros de Claret. La última aparición que se le recuerda en público fue en diciembre de 2003, cuando se lo vio en el hotel que ocupaba Boca Juniors, en Yokohama, a la espera del partido ante el Milan por la Copa Intercontinental. Para esa época, Cuciuffo daba instrucciones a un grupo de futbolistas juveniles japoneses y aprovechó la presencia de su exequipo para visitar a los jugadores y animar a sus compatriotas antes de la final.

Datos sueltos, o no tanto, sirven para recordar a José Luis Cuciuffo. Férreo marcador, amante del buen fútbol en las charlas de café. Cuchu es un stopper en el cielo.

El fútbol lo recuerda y lo extraña.



Osvaldo Alfredo Wehbe