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"La vida no tiene sentido, pero vale la pena vivirla"

Para alegría de Albert Camus, Fernando Gago parece revivir el mito de Sísifo

Allá va otra vez Fernando Gago. El mediocampista central volvió a los entrenamientos con Vélez, luego de superar su segunda ro-tura de ligamentos de la rodilla, que se suma a las tres roturas de tendón de Aquiles. Con 34 años, el insiste con retornar. Allá va otra vez Fernando Gago, cual Sísifo, empujando nuevamente la piedra.

Sísifo es un personaje de la mitología griega que de tanto engañar a los dioses, terminó sus días castigado en el inframundo. Su pena por haberse revelado fue eterna. Todos los días, se veía obligado a remontar una cumbre con la pesada roca y cuando llegaba a la cima, está volvía a caerse, obligándolo a realizar la misma tarea. Sísifo llega a la cima, la piedra se cae. Gago se recupera de una lesión compleja y el destino le vuelve a jugar una mala pasada.

El mito de Sísifo fue utilizado por el pensador Albert Camus (1913-1960) para explicar su "filosofía de lo absurdo". El escritor argelino planteaba que el camino diario del otrora rey de Corinto era compara-ble al tránsito por la vida en general. Las personas se angustian en el recorrido rutinario con la esperanza de un mañana, como si no existiera la certeza de la muerte. Sufren trasladando la piedra una y otra vez, todos los días, creyendo que en algún momento aparecerá el "sentido de la vida". Ese es el absurdo, engañarse pensando que la vida tiene sentido, cuando no es así.

Camus dirá que el único problema filosófico serio es el suicidio. El suicida es aquel que se ha preguntado por el sentido de la vida y no ha conseguido responderse. Al verse sobrepasado por el absurdo -por comprender que la vida no tiene sentido- se ve invadido por un sentimiento de tristeza. El vacío existencial es tan profundo, que aparece la pregunta de si vale la pena vivir una vida en la cual no hay sentido.

"La vida no tiene sentido, pero vale la pena vivirla", dirá Camus ante el suicidio. La respuesta del argelino, ante el irremediable sinsentido que es la vida, es no dejarse arrastrar por la angustia, disfrutar del recorrido y rebelarse todo el tiempo ante la angustia, el hastío y las complicaciones.

El argelino vuelve a recurrir al mito para explicarse. No hay que imaginarse a Sísifo como un ser miserable, pues el héroe trágico es consciente de su propia situación de castigo. Él no espera que su destino vaya eventualmente a mejorar, no empieza a pedir perdón o inventa un nuevo Dios. No, Sísifo entiende cabalmente que, haga lo que haga, nada tiene sentido y no por ello se avienta del punto más alto de la montaña, sino que, una vez más, se rebela en contra de los dioses y disfruta su castigo. Al disfrutar el absurdo que constituye su condición se rebela en contra de él y lo sobrepasa.

"La vida no tiene sentido, pero vale la pena vivirla", dirá Camus ante el suicidio. La respuesta del argelino, ante el irremediable sinsentido que es la vida, es no dejarse arrastrar por la angustia, disfrutar del recorrido y rebelarse todo el tiempo ante la angustia, el hastío y las complicaciones.

Cual Sísifo, Gago parece conde-nado a tener que realizar un eterno regreso cada vez que se lesiona. Cuando parece que está to-talmente recuperado, que puede volver a jugar, los dioses del fútbol se confabulan y lo castigan enviándolo de nuevo a rehabilitación. Pero en vez de rendirse o quedarse paralizado por la angustia, el mediocampista se rebela y vuelve a intentar.

Es que volver a empezar es algo de rutina para Gago. Lo hace en la cancha cada vez que juega. Le pide la pelota a los centrales, arranca con la cabeza levantada y con su clase particular comienza a tejer los hilos de una nueva jugada. La cual, en la mayoría de las veces, no terminará en gol. Pero una vez más, cuando su equipo recupere la posesión, solicitará el balón para remontar la cancha.

La mirada de Camus sobre el sentido de la vida tuvo un impacto profundo en la filosofía existencia-lista del Siglo XX. Luego de una infancia sufrida en Argel, consiguió una beca para estudiar. Se dedicó al periodismo y tuvo que emigrar a Francia después de que sus críticas molestaron al gobierno argelino. Además, fue futbolista. Su carrera de arquero quedó trunca debido a la tuberculosis. El escritor Osvaldo Soriano lo califica como "uno de los pocos intelectuales que tenía potrero". Ese potrero que tanto representa Gago a la hora de jugar y ese que tanto se niega a abandonar.

Si Camus viviera hoy, seguramente no hubiera escrito el mito de Sísifo, sino el mito de Gago.