Girasol en alza: Córdoba se sube al boom y redefine su mapa productivo
La oleoginosa dejó de ser un cultivo marginal para convertirse en una de las grandes protagonistas de la agricultura argentina. Ya se consolida con más de 3 millones de hectáreas sembradas en la última campaña
El girasol dejó de ser un cultivo marginal para convertirse en uno de los grandes protagonistas de la agricultura argentina. Con más de 3 millones de hectáreas sembradas en la última campaña —un salto cercano al 30% interanual—, el crecimiento se apoya en una combinación de factores económicos, agronómicos y tecnológicos que también tienen su correlato en Córdoba, una provincia que históricamente no era girasolera.
Así lo explicó el ingeniero agrónomo Federico Bolatti, de la agencia de extensión de Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en Arias, quien destacó que la provincia alcanzó unas 255 mil hectáreas, triplicando sus niveles históricos.
“Es difícil atribuirlo a una sola causa, pero el contexto internacional de precios, sumado a mejoras genéticas y a la rusticidad del cultivo, fueron claves para este avance”, señaló.
El girasol, caracterizado por su capacidad de adaptarse a ambientes restrictivos tanto de suelo como de clima, comenzó a ganar terreno en zonas donde otros cultivos presentan mayores limitaciones. En el este cordobés, por ejemplo, se posiciona como alternativa frente a la soja en lotes de menor potencial, mientras que en otras regiones aparece como reemplazo del maíz tardío, afectado en las últimas campañas por problemas sanitarios.
Cultivo complementario
Lejos de desplazar a los cultivos tradicionales, Bolatti considera que el girasol llega para complementar los esquemas productivos. “No lo veo compitiendo directamente con la soja en superficie, sino conviviendo y aportando una opción más dentro de la rotación, especialmente en ambientes más complejos”, explicó. En ese sentido, el rol del cultivo trasciende lo estrictamente económico. Su inclusión mejora la diversidad de los sistemas agrícolas y puede contribuir a la sustentabilidad, aunque también plantea desafíos técnicos. Para responder a la creciente demanda de información, el INTA pulsa una red de ensayos de variedades en distintos puntos de la provincia, con el objetivo de identificar materiales mejor adaptados y maximizar rendimientos y calidad.
Uno de los avances más relevantes en materia genética está vinculado al manejo de plagas. Históricamente afectado por el ataque de aves como palomas y loros, el cultivo incorporó híbridos cuyo capítulo —la “cabeza” del girasol— se inclina hacia abajo al madurar, reduciendo la exposición del grano. “Es una estrategia que ayuda a disminuir pérdidas, aunque seguimos conviviendo con estos problemas”, reconoció el especialista.
Aceite, a la cabeza
En cuanto a su destino, el girasol mantiene al aceite como principal producto, pero gana peso la exportación de grano y la industrialización local, especialmente en Córdoba. En la última campaña, se exportó cerca de un millón de toneladas, mientras que la molienda alcanzó niveles récord en casi dos décadas. “Todo lo que fortalezca el mercado y la industria es una señal positiva para el productor”, afirmó Bolatti.