Con más de 42 mil cabezas, el departamento Río Cuarto lidera la producción ovina de Córdoba
Encabeza el mapa provincial con unas 1.300 unidades productivas. Desde INTA destacan el avance sostenido y el cambio hacia sistemas orientados a carne de mayor valor agregado
Con una base productiva en expansión y nuevas estrategias como el cordero pesado, el sector ovino cordobés busca consolidarse como una alternativa rentable y sostenible dentro del esquema agropecuario regional.
Y en ese mapa, el departamento Río Cuarto no solo lidera en números, sino también en la adopción de un modelo que mira al futuro del consumo.
Es que el departamento Río Cuarto se consolida como el principal polo ovino de Córdoba, con un stock cercano a las 42.000 cabezas y alrededor de 1.300 unidades productivas registradas.
El dato, aportado por el ingeniero agrónomo Néstor Franz, jefe de la Agencia INTA Coronel Moldes, refleja no solo el liderazgo regional sino también una tendencia de crecimiento sostenido en toda la provincia, donde la actividad ya supera las 400.000 ovejas y los 13.000 productores.
Detrás de Río Cuarto se ubican General Roca (34.000 ovinos), San Justo (30.000) y Unión (26.000), en un esquema productivo que, según Franz, “es bastante homogéneo en toda Córdoba, con presencia ovina en prácticamente todos los departamentos”.
En ese contexto, el crecimiento del rodeo en la última década ronda el 17%, impulsado principalmente por sistemas orientados a la producción de carne.
“El perfil productivo de la provincia es claramente carnicero”, explicó el técnico del INTA a Tranquera Abierta.
En ese sentido, destacó la consolidación de razas como Hampshire Down, Texel y Dorper, junto a la incorporación de nuevas genéticas que apuntan a mejorar rendimiento y calidad. “Hoy hay muchas cabañas trabajando en carne y también centros de mejoramiento genético que están fortaleciendo el sector”, agregó.
Cordero pesado
Dentro de esa evolución productiva, uno de los ejes más relevantes es el desarrollo del llamado “cordero pesado”, una estrategia que busca agregar valor a la carne ovina y adaptarla a nuevas demandas del mercado.
A diferencia del cordero tradicional, este animal se cría hasta los 4 o 5 meses, alcanzando pesos de faena de entre 50 y 55 kilos, lo que permite obtener entre 22 y 25 kilos de carne.
Se trata de un producto pensado para el consumo moderno: más carne magra, cortes individuales y mayor versatilidad comercial. “Apunta a dejar de lado la venta del animal entero para pasar a cortes tipo bandeja, como costeletas o bifes, que facilitan el consumo en hogares y restaurantes”, sintetizan desde el organismo técnico.
El modelo, además, mejora la eficiencia productiva al optimizar la relación músculo-hueso y permitir un uso más preciso de la genética y la alimentación. La combinación de leche materna, pasturas y suplementación estratégica —como el creep feeding— favorece una mayor precocidad y mejores rindes.
Pero uno de los aspectos más destacados es su impacto en la comercialización. El cordero pesado permite desestacionalizar la oferta de carne ovina, tradicionalmente concentrada en épocas festivas del año, y abrir nuevas oportunidades en mercados gourmet.