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Emociones al palo y convicciones que no se tocan

Lunes 1.- “Vengo a este Congreso con las convicciones intactas”.- De todas las definiciones trascendentes del que estaba destinado a pasar a la historia como el segundo discurso más importante de la semana, destacamos la frase del título a pesar de su carácter marcadamente redundante (¿qué argentino ignora a esta altura que los conceptos “Presidente Fernández” y “convicciones intactas” son prácticamene sinónimos?), porque las redundancias no sobran cuando la insidia de los medios hegemónicos se empeña en recordar las pequeñas diferencias entre las convicciones intactas de ayer y las convicciones intactas actuales. Pero hubo muchas: “Vamos a impulsar la obra pública sin favoritismos ni exclusiones”, por ejemplo, fue otra redundancia necesaria, porque si bien en este momento en particular a nadie se le ocurriría relacionar a este gobierno con los favoritismos, por ahí alguien asume que de la obra pública se podría excluir a un experto en el área, como Lázaro Báez, nada más que por una injusta condena del lawfare. O la convocatoria a la oposición a “levantar los cimientos de un país que han derrumbado”, porque como se sabe, para llamar a algún interlocutor a aunar esfuerzos, voluntades y aptitudes -porque no dejará jamás “de trabajar para ser el presidente de una Argentina unida”- nada hay más eficaz que acusarlo de cosas tan terribles que lo estamos denunciando penalmente. O el mejor: “No llegué al Gobierno para ser sordo a las críticas bien intencionadas”. Seguro, si la templanza y la humildad para absorber las críticas debe de ser una de esas convicciones que se enorgullece de haber mantenido intactas sin que importen desde dónde soplan los vientos.

Martes 2.- El Gobierno activa las reformas judiciales anunciadas por el Presidente.- Tiemblan los mercenarios del lawfare, se desvanece su ilusión de que lo del discurso de apertura de sesiones hubiera sido pura cháchara demagógica. Nada de eso. Aunque al análisis más profundo del ítem se lo dejamos al discurso más importante de la semana, para el que todavía falta un par de días, conviene destacar aquí la lucidez de Alberto que, contra la idea más rutinaria y ramplona de que las inquietudes de los argentinos pasan por el descongelamiento de los precios congelados, la multiplicación de los pobres más acelerada que la de los panes, la posibilidad de que las vacunas lleguen de cuatro en cuatro mientras la segunda ola empuja desde un Brasil cuyo presidente trata a los que se quejan de maricones, y, colmo de los colmos, la artera negativa de los clubes europeos a dejar venir a los jugadores de la selección para las eliminatorias; advierte que el verdadero problema es que “el poder judicial está en crisis”. Y entiende que el objetivo central de un gobierno auténticamente comprometido con los intereses y los deseos del pueblo debe ser poner en caja a esos jueces descontrolados y arbitrarios que no se dan por aludidos, y siguen resolviendo sin ser independientes e imparciales como Alberto les ha ordenado una y otra vez, y les va a seguir ordenando hasta que los muy retobados hagan caso.

Miércoles 3.- La ministra Losardo aclaró que la Comisión Bicameral que propone el oficialismo “no va a poder sancionar a jueces”.- Ya empezamos con las mariconadas. Tan entusiasmados que nos había dejado nuestro senador favorito, el avispado Oscar Parrilli, con su anuncio de una iniciativa destinada a enderezar, corregir y tener cortitos a los integrantes de ese poder que funciona “al margen de la República”, y ahora salen con que ni siquiera les va a poder dar un chirlito en la mano. Para colmo, la exageradamente prudente ministra de Justicia explica que una comisión como la que quieren Cristina, Parrilli y la militancia, que tuviera lo que hay que tener, sería inconstitucional, como si con esos pruritos leguleyos pudiéramos llegar a algún lado. En fin, ya sabemos que Marcela es cara a los afectos de Alberto, que sabe un toco de derecho y de leyes, que su aparato digestivo supera cotidianamente cada prueba de fuego a la que lo someten los “subordinados” que La Cámpora le colocó en el Ministerio, etc, etc. Pero no en vano se la apuntó como una de las “funcionarias que no funcionan”, y por estas horas los rumores de raje inminente están al rojo vivo. Habiendo tanto reinterpretador espontáneo de la Constitución dispuesto a releer esa antigualla de la época de las carretas que es el principio de división de poderes en clave nac & pop, no se entiende por qué Alberto habría de insistir con una amiga que lo pone en malos términos con la única amiga que verdaderamente importa.

Jueves 4.- Cristina Kirchner acusó a la Justicia de “manipulación de los procesos electorales” y de contribuir a que ganara Macri en 2015.- Es cierto, de otra forma no se explica cómo el respaldo contundente, decidido y sin medias tintas ni especulaciones que ella le dio a su queridísimo, apreciadísimo y sobre todo respetadísimo Daniel Scioli -recordemos la designación de Aníbal el Caníbal como candidato a gobernador de Buenos Aires, por dar una muestra simple de apoyo irrestricto y de brillante estrategia electoral- no alcanzó para darle la victoria al Frente para la Ídem. Es que el candidato antipopular que se le oponía contó con la ayuda que le dio este poder que no da la cara y se refugia en el anonimato, y por ejemplo lo hizo llegar a las elecciones procesado por espionaje, para inducir al electorado al error de creer que era un tipo despierto que se interesaba por las cosas que ocurrían y ocultarle su desaforado amor por las reposeras. Pero sería injusto limitar los puntos dignos de destacar de un discurso que antes de pronunciarse estaba destinado a transformarse en el más importante de la semana. Nos emocionó sobre todo la manera en que nuestra lideresa desnudó sus sentimientos a calzón quitado, para desmentir a quienes creen que al denunciar el lawfare al palo su prioridad es zafar de las causas judiciales con las que la siguen incordiando quienes no acusan recibo de que a ella ya la absolvió la historia: “Me da mucha bronca porque la que sufre es la gente”, dijo al borde de las lágrimas. Es claro, cada vez que la llaman a indagatoria, cada vez que le allanan alguna de sus humildes propiedades, cada vez que le rechazan un pedido de sobreseimiento a sus abogados, cada vez que le congelan una cuenta bancaria o le secuestran millones de dólares de una caja de seguridad a nombre de su también acosada hija, los que sufren son los y las pobres argentinos y argentinas condolidos y condolidas frente a semejantes atropellos de una Justicia injusta. “Si no lo hacen por mí, háganlo por ellos y ellas”, podría haber dicho si hubiera pedido el sobreseimiento que se negó a pedir. No lo dijo, pero igual quedó como cierre implícito.

Viernes 5.- La Secretaría de Derechos Humanos repudió la represión en Formosa y responsabilizó a la Policía provincial, los manifestantes, los “medios hegemónicos” y la oposición.- El primer comunicado oficial del Gobierno nacional sobre los hechos se hizo esperar unas horas, es cierto, pero salió casi impecable y no dejó la menor duda en cuanto a que las convicciones que rigen su conducta siguen tan intactas como las de quien lo conduce. Nos imaginamos que al campeón de los derechos humanos Horacio Pietragalla, siempre tan apegado a sus principios y a las obligaciones de su cargo, le habrá costado horrores mencionar a la policía, pero se habrá conformado con no poner de quién recibe órdenes. Total, para qué desperdiciar ese espacio que está mejor usado en denunciar la feroz campaña de desprestigio contra ese otro campeón de los derechos humanos Gildo Insfrán, así como el aprovechamiento político electoralista de los que boicotean las medidas sanitarias con la insólita pretensión de abrir los negocios o salir a laburar. Pero ya están trabajando codo con codo, Horacio y Gildo, la Nación y la provincia mejor gobernada, en entrenar y concientizar a las fuerzas de seguridad para evitar en el futuro cualquier uso desproporcionado de la fuerza, muy en especial cuando hay algún infiltrado desestabilizador cerca haciendo terrorismo con un teléfono celular programado para transmitir una idea distorsionada de lo que el Gobierno dice que está pasando.