Terminó abril y comenzó la danza de estimaciones sobre el índice de inflación que traerá el cuarto mes del año, aunque en términos generales hay una plena coincidencia en que se ubicará entre el de febrero (4,7%) y el de marzo (6,7%). Es decir, en una primera lectura será un mal número para el Gobierno, otra vez. Por lo cual desde lo político habría que seguir esperando embestidas abiertas desde el interior del Frente de Todos hacia el Ministerio de Economía y el titular de esa cartera en particular, Martín Guzmán.
Pero, más allá de eso, que podría ser menor para el conjunto de los argentinos que hoy siguen esperando una solución a ese que consideran el mayor problema del país en la actualidad, el dato entrará otra vez en contradicción con lo que intenta delinear el Gobierno. Porque además, si efectivamente la inflación de abril se ubica entre la de febrero y la de marzo, volverá a empujar el acumulado anual hacia arriba, que hasta acá era del 55,1%. Cuando la semana que viene el Indec oficialice el dato, que ya algunos funcionarios adelantaron que será malo, tal como lo hicieron hace 30 días, se verá un número más cercano a 60% en los últimos 12 meses. Eso es porque se reemplaza en la sumatoria el dato de abril de 2021, que había sido 4,1%. El Gobierno debería esperar que el acumulado ronde el 56%. Pero hay más, porque el año pasado el tramo abril-agosto fue en baja (4,1%, 3,3%, 3,2%, 3% y 2,5%, respectivamente), por lo que será difícil mejorar aquellos datos y es posible que hasta el arranque del invierno entonces los acumulados sigan ascendiendo y el Gobierno tenga una pésima noticia en torno a la inflación cada 30 días. Frente a eso, todas las encuestas remarcan que ese problema es el número uno mencionado por la población, por lo que la primera demanda que tiene el electorado es que se solucione la escalada de precios y habrá, al menos en los próximos 120 días, sólo malas noticias en ese sentido. Por lo cual el impacto político sobre la gestión de Alberto Fernández no será menor.
Fernández celebró ayer, en el marco del Día del Trabajador, el alza del índice de salarios de febrero, que fue del 3,1%. Pero la inflación de ese mes fue del 4,7%.
Ese salto que tuvo la inflación en el primer cuatrimestre complicó un dato que el Presidente venía destacando con fuerza: la recuperación de los índices sociales, especialmente de pobreza e indigencia, pero también los de ingresos, y salarios puntualmente.
Ayer, con motivo de conmemorarse el Día del Trabajador, Alberto Fernández optó por enviar un mensaje a través de las redes sociales y usó Twitter para indicar: “Ya pusimos en marcha la economía. Ahora, estamos recomponiendo el salario en toda la Argentina. En febrero aumentaron 3,1% y seguiremos haciendo todo para que le ganen a la inflación”.
Hay un detalle no menor en el planteo escrito del Presidente. Porque que los salarios suban 3,1% puede resultar positivo si al dato se lo toma aislado o si es un alza real. Pero en realidad de lo que se trata es de un aumento nominal de los salarios. Pero sólo al cruzarlo con el índice de inflación de ese mes se observa rápidamente que no hubo recuperación alguna, sino nuevamente una pérdida real de los ingresos de los trabajadores. Y, además, fue una pérdida significativa de 1,6 puntos. Y habría que imaginar que, con un escalón de 6,7% en marzo, cuando se conozca el índice salarial dificilmente lo pueda superar. Por lo cual no está la Argentina en un proceso de recuperación de salarios, más bien todo lo contrario: continúa, con algunos meses excepcionales, con tendencia a la baja desde hace 4 años.
Eso no es gratis. Además del reflejo en los índices sociales, que seguramente cambiarán la curva positiva del último semestre del año pasado por una negativa cuando se conozca la estadística de esta primera mitad del año, hay un impacto fuerte en el consumo. El deterioro que las capas medias y bajas de la población vienen experimentando en estos años es profunda. En el intento por contrarrestar la suba de precios hay una primera reacción de cambio de marcas y luego un abandono de determinados bienes y servicios. Eso para atrás de la cadena genera una ralentización. La economía no fluye, sino que avanza muy lento. El envión del año pasado, cuando salió del pozo en el que había caído por la pandemia en 2020, la volvió a depositar en la superficie en la que había terminado 2019. Este año el Gobierno habla de un crecimiento de entre 4 y 5 puntos, pero es una meta que a esta altura parece ambiciosa. El economista y exdecano de la Facultad de Ciencias Económicas de Córdoba Alfredo Blanco dijo en los últimos días que cuando el ruido en la economía empieza a ser demasiado alto hay un impacto inevitable en la actividad. Y el ruido inflacionario es aturdidor ya.
Ante eso, Martín Guzmán se paró en el terreno de las expectativas y aseguró que el valor inflacionario de marzo será el más alto del año. Fue 6,7%. En sí mismo no sería una gran noticia si el resto de lo meses ronda el 5%, por ejemplo, porque daría un piso muy alto en el año. Por su parte, el secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti, se reunió otra vez con los representantes de las Alimenticias para plantear el problema de la suba de alimentos, que sigue firme. Pero en general no se advierte en el Gobierno algo que motive un cambio de expectativas porque se observa a la gestión de la inflación con los mismos actores y políticas que hasta acá sólo empeoraron las cosas. Pero los cálculos anuales de la pyme, la gran industria o el trabajador se paran en torno a un valor del 60 o 65 por ciento de inflación. Y contra eso no hay acuerdo de precios que valga.
Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal

