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¿Se saldrá del libreto el Gobierno para apuntalar la micro?

En los últimos días dio señales de cambiar la férrea posición frente a la economía real. Desde la Casa Rosada surgieron ideas vinculadas a mejorar salarios mínimos privados, hubo evidente preocupación por la mora y se anunciaron planes hipotecarios

¿El oficialismo puede llegar confiado a las elecciones en un contexto como el actual? Desde el punto de vista de la contienda electoral no hay demasiado para analizar porque el único espacio potente con liderazgo claro y candidato es La Libertad Avanza. En el resto de las fuerzas por ahora dominan las insunuaciones y la fragmentación, más que la claridad. Por eso resulta en ese plano determinante lo que ocurra con las PASO, porque podrían constituirse en una buena herramienta para que al menos parte de la oposición intente ordenar el desmadre actual. El Gobierno, claro, intenta sumar voluntades de los sectores “del medio” para quitar ese instrumento que puede servir de unificador. Cuantas más oposiciones haya, claramente mejor para el oficialismo. Para este y para cualquiera.

Pero en el plano económico, el contexto actual le transmite al Gobierno señales de alerta. Hay un dólar que volvió a moverse y en la Argentina resulta siempre un indicador a seguir de cerca, más allá de que en un proceso inflacionario como el actual el precio del dólar es uno más y debería acompañar. Desde hace tiempo que no lo hacía y eso abrió el trillado debate del atraso cambiario. Aquella tranquilidad lo quitó de las primeras planas. Cuando empezó a moverse, regresó a la agenda. Hay un reflejo que no falla: la cotización es otra vez tema de los resúmenes informativos de las radios. Esta semana, el economista que fue el segundo de Axel Kicillof en elMinisterio de Economía, Emmanuel Alvarez Agis, no dudó en señalar que con un dólar a $1.500, el presidente Javier Milei será reelecto en 2027; con un valor de $2.000 dará pelea y a $2.500 posiblemente pierda las elecciones. Más allá del pronóstico, lo que muestra el vaticinio es el rol determinante del dólar en los comicios. Así, es posible que el Gobierno intente retenerlo y no derroche originalidad en eso. Ya conoció en 2025 el impacto de la turbulencia en el mercado cambiario. Además, si el dólar corre termina impactando en precios y eso atenta contra un capital fuerte de la gestión: el control inflacionario. Aquella turbulencia de 2025 tuvo efecto en el Índice de Precios al Consumidor hasta bien entrado este año. Sin embargo, pisar el dólar no es gratis. La Argentina sigue poniéndose cara en dólares y eso le inclina la cancha a los sectores productivos, especialmente a los que compiten con importaciones. Es un ruido que viene teniendo el Gobierno y que los industriales lo expresan cada vez que pueden. También afecta a quienes exportan, como el agro.

En esa delgada línea que siempre ofrece el dólar deberá encontrar el equilibrio mientras avanza el calendario electoral.

El otro dato de la pizarra financiera es que el Riesgo País, que se había acercado a los 400 puntos básicos y entusiasmaba a quienes soñaban con una salida pronta a los mercados para rollear deuda, ahora volvió a superar los 500 y allí quedó. El contexto internacional no ayudó mucho en ese aspecto, con un conflicto en Medio Oriente que no logra tener una fecha de vencimiento. Ya se repitió tantas veces que había acuerdo y la guerra terminaba, que las últimas ni siquiera fueron consideradas seriamente. Es uno de los problemas centrales que está teniendo Donald Trump: que hay cada vez más adeptos a la idea de no tomarlo en serio. No es al único que le pasa. Su particularidad la da que es el presidente de la máxima potencia mundial.

Pero puertas adentro hay en la economía argentina muchos más llamados de atención para el Gobierno. Y curiosamente esta semana se dieron algunos gestos que parecen, por primera vez, que la Casa Rosada está dispuesta a abandonar la férrea ortodoxia que hasta aquí no logra trasladar un mayor bienestar al grueso de la población. Detrás corre la duda de si sólo con la macro podrá ganar las elecciones o tendrá que enfocarse en que haya alivio para los sectores que hasta aquí corrieron con los costos del programa económico. La posición original del Gobierno, reiterada hasta el cansancio por Milei y el ministro Luis Caputo, era que la macro iba a derramar en la micro. A poco de cumplir 3 años eso no ocurrió y resulta lógico entonces que el malestar tienda a crecer. La agenda de salarios deteriorados, empleo de menor calidad (menos formal privado y más informal), mora en alza y consumo masivo sin reacción no es una buena plataforma de lanzamiento para una campaña electoral.

Por eso, en los últimos días hubo algunos tenues movimientos contrarios a la lógica del Gobierno. ¿Romperá con el plan de laboratorio e intentará alguna adaptación que le de conexión con la realidad de quienes esperan una mejora en su situación? Eso implicaría dar un paso hacia la empatía, algo que no caracterizó hasta aquí al presidente Milei, que prefirió sobreactuar rigidez. Hay quienes interpretan que eso es un aprendizaje del gobierno de Mauricio Macri. El riesgo es que la falta de empatía puede ser decodificada como lejanía o, peor aún, como desconexión por buena parte del electorado.

En última instancia, el objetivo de un Gobierno no debería ser otro que mejorar la situación de la población. Eso es lo que entró en debate ahora, más allá de haber logrado avances en la macro.