Habrá soñado miles de veces Juan Ignacio Gil en su infancia proclamarse ganador del Masters de Augusta, el famoso torneo que entrega, además de mucho dinero, el tradicional saco verde.
El Masters y el Abierto Británico son los certámenes más tradicionales del golf mundial, torneos en los que desde un árbol hasta un puente tienen su historia y su nombre.
En diálogo exclusivo con Puntal cuenta sobre su experiencia:
“Hace ya muchos años que estoy trabajando en el golf y muchos años relacionados con el alto rendimiento de Argentina primero como profesional y ahora como profesor. Esto es otra cosa, es la final del mundial, la final de la Champions, es estar adentro desde otro lugar. Lo hablábamos con periodistas de acá y decíamos que es el evento mundial más difícil para conseguir una entrada y tener la posibilidad de vivirlo desde adentro de las sogas es el sueño del pibe. Ya tuve el sueño de jugarlo o tirar un putt para ganarlo al Masters, ahora soy un agradecido de la vida que me ha dado esta oportunidad de vivirlo desde adentro”.
-¿Contanos quién es Abel Gallegos y por qué se ganó el derecho de jugar Augusta?
-Abel tiene 18 años, es un chico de 25 de Mayo (provincia de Buenos Aires) y ganó el Latin American Amateur Championship, es un campeonato muy importante, el más importante de la región, no por los años que tiene, sino por el premio. Ya que el ganador juega no sólo el Masters de Augusta, sino que en esta edición también juega el Abierto Británico, por eso es que Abel está jugando el Masters. Su juego está bien, la experiencia es lo que vale y es a lo que él ya le hizo ganar, con esto ya ganó más allá de que pase lo que pase en el campeonato. Abel se dio cuenta de que su golf está al nivel de los mejores del mundo y es cuestión de afinar las cosas importantes que te ayudan a llevar una carrera adelante.
-Perdón por el cholulismo pero los veía en redes con auténticas leyendas de hoy y de ayer, ¿qué se siente compartir con esa gente?
-Lo espectacular de este lugar es cómo te hacen sentir parte, desde el primer momento que llegás es como que te preguntás si podés entrar o qué hacer y a los dos segundos es como si hubieses estado toda una vida, todo el mundo te trata muy bien, te hacen sentir realmente parte y eso es lo que pasó con estas estrellas o figuras. Ninguno tuvo ningún tipo de problema de jugar o compartir 9 hoyos con nosotros y a cada pregunta que teníamos para hacerle había una respuesta y algo más también, una anécdota. Te cuento, por ejemplo, con Phil Mickelson (ganador del Masters en 2004, 2006 y 2010) ) nos contó desde el green del hoyo 6 y fue al mismo lugar y se paró donde perdió su primer Masters en 1995, haciendo cinco desde ese contra Ben Crenshaw. Eso muestra la humildad. Rory McIlroy, por ejemplo, no tuvo ningún problema para practicar con nosotros, quedamos de acuerdo el sábado al mediodía, él se volvía a su casa y al regresar apareció puntual y nos preguntó si todavía seguía en pie la invitación para practicar con él, imaginate lo que significaba para nosotros que estábamos cruzando los dedos para que llegue y juegue, eso muestra la humildad. En la cancha misma contando experiencias y preguntando sobre nosotros, interiorizándose sobre Abel, de su edad, de qué va a hacer, qué decisiones tomar. Lo mismo Fleetwood, dando consejos y opiniones sobre qué haría en lugar de Abel. Igual con Ricky Fowler, quien se nos acopló en la vuelta de práctica. En definitiva, todo el mundo es muy amable con el aficionado, Augusta tiene una tradición aficionada muy grande dada por Bobby Jones, entonces el aficionado es muy bien recibido.

