El Gobierno emprende la recta decisiva para saber si recuperará competitividad para las próximas elecciones mientras sigue el cabildeo para definir al menos quién será el candidato: si Cambiemos apostará otra vez por Mauricio Macri o si sorprende con alguna alternativa buscando un golpe de efecto favorable.
Pero lo cierto es que el núcleo central que ya eligió la fórmula de los Fernández para cargar contra el oficialismo es la economía y sus consecuencias sociales. No se necesitan de muchos especialistas importados para advertir que allí está el talón de Aquiles de la Casa Rosada. Es difícil encontrar indicadores que muestren una evolución positiva en la economía. La inflación que tuvo un promedio del 25% anual durante los años previos a 2015, tomó velocidad y llegó al 40% al año siguiente, bajó un poco en 2017 en coincidencia con un año tranquilo del dólar, y se disparó con fuerza el año pasado, tras la corrida cambiaria. De allí, que las pruebas muestren que las devaluaciones corren rápidamente a precios, más allá de la opinión de algunos funcionarios de ocasión como fue Axel Kicillof a comienzos de 2014 o Alfonso Prat Gay en 2016.
El fuerte crecimiento de la deuda externa es otro de los malos indicadores en el fin de la gestión del macrismo. En su momento se afirmó que la toma de crédito permitía cambiar la fuente de financiamiento del gran déficit fiscal existente en el tramo final de los Kirchner. Y que al evitar la emisión monetaria el beneficio sería la baja de la inflación. Nada de eso resultó. La deuda creció fuerte y los precios resultaron incontenibles.
El impacto de esto último trajo una de las más drásticas consecuencias de los tres años y medio de gestión: la pérdida de poder adquisitivo de los asalariados que nunca pudieron alcanzar la inflación con sus paritarias. Uno de los últimos cálculos realizados muestra que desde 2016 el salario promedio perdió 15%, pero la mayor parte de eso se dió en el último año.
El recorte de poder adquisitivo impactó en el consumo, primero de los bienes durables y luego fue avanzando hasta llegar al rubro de alimentos y bebidas que es alcanzado cuando la crisis se intensifica en profundidad y extensión. Esta semana, el presidente del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna (Ipcva), Ulises Forte, pasó por Río Cuarto y mientras celebraba el aumento de las exportaciones, en particular a China, advirtió que eso no debería desviar la atención de que el principal mercado para la cadena de la carne es el nacional. Los argentinos consumen el 80% de lo que se produce en ese rubro. E inmediatamente pidió que se ponga el acento en la recuperación del poder adquisitivo porque la caída en el consumo era evidente. En 2007 los argentinos comían alrededor de 70 kilos por habitante por año. En estos momentos la cifra descendió en torno a los 50. Una parte puede ser explicada por cambios de hábitos voluntarios de los consumidores, pero el mayor aporte a ese descenso está vinculado al bolsillo. Y en esto último no hay modificaciones en favor de frutas y verduras sino hacia harinas.
La retracción del consumo no tardó en impactar en los volúmenes de producción de las empresas. Y algo más tarde, comenzó la pérdida de fuentes de trabajo que profundizó la baja del consumo interno. El último dato del Sistema Integral Previsional Argentino (Sipa) que da a conocer el Ministerio de Trabajo mostró para marzo una pérdida anual de 266 mil puestos de los cuales 161 mil correspondieron al sector privado. El que más perdió allí adentro fue la industria, la que da los mejores puestos de trabajo. Hay, entonces, no sólo una caída del poder adquisitivo, sino que el proceso es más profundo y muestra un deterioro en la calidad de los empleos. Existe un traspaso de los registrados hacia otras categorías como en negro, monotributistas, cuentapropistas y otras modalidades.
Mientras cerró otra semana con tranquilidad cambiaria -y eso es una fuente menos de calor para los precios- el Gobierno busca a la vez apuntalar al menos algo el consumo. Por eso, ayer volvió al ruedo con el Ahora 12, uno de los planes de consumo más identificados con el kirchnerismo y que permitía adquirir bienes nacionales en cuotas sin interés. El Gobierno lo continuó, pero le retiró parcialmente el subsidio a las tasas a tal punto que quitó el atractivo para los consumidores. Ahora, algunas cadenas volverán a ofrecer cuotas largas sin recargos y con aportes propios. Porque en realidad el anuncio oficial de ayer contempla una tasa 25 puntos abajo de lo que se venía cobrando y así llegaría a 20%. Pero el Costo Financiero Total alcanzaría algo más, hasta el 25 o 26 por ciento. Por eso, la aplicación del programa con más beneficios dependerá de cada uno de los comercios o grandes cadenas que se sumen a partir de hoy.
Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal
El fuerte crecimiento de la deuda externa es otro de los malos indicadores en el fin de la gestión del macrismo. En su momento se afirmó que la toma de crédito permitía cambiar la fuente de financiamiento del gran déficit fiscal existente en el tramo final de los Kirchner. Y que al evitar la emisión monetaria el beneficio sería la baja de la inflación. Nada de eso resultó. La deuda creció fuerte y los precios resultaron incontenibles.
El impacto de esto último trajo una de las más drásticas consecuencias de los tres años y medio de gestión: la pérdida de poder adquisitivo de los asalariados que nunca pudieron alcanzar la inflación con sus paritarias. Uno de los últimos cálculos realizados muestra que desde 2016 el salario promedio perdió 15%, pero la mayor parte de eso se dió en el último año.
El recorte de poder adquisitivo impactó en el consumo, primero de los bienes durables y luego fue avanzando hasta llegar al rubro de alimentos y bebidas que es alcanzado cuando la crisis se intensifica en profundidad y extensión. Esta semana, el presidente del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna (Ipcva), Ulises Forte, pasó por Río Cuarto y mientras celebraba el aumento de las exportaciones, en particular a China, advirtió que eso no debería desviar la atención de que el principal mercado para la cadena de la carne es el nacional. Los argentinos consumen el 80% de lo que se produce en ese rubro. E inmediatamente pidió que se ponga el acento en la recuperación del poder adquisitivo porque la caída en el consumo era evidente. En 2007 los argentinos comían alrededor de 70 kilos por habitante por año. En estos momentos la cifra descendió en torno a los 50. Una parte puede ser explicada por cambios de hábitos voluntarios de los consumidores, pero el mayor aporte a ese descenso está vinculado al bolsillo. Y en esto último no hay modificaciones en favor de frutas y verduras sino hacia harinas.
La retracción del consumo no tardó en impactar en los volúmenes de producción de las empresas. Y algo más tarde, comenzó la pérdida de fuentes de trabajo que profundizó la baja del consumo interno. El último dato del Sistema Integral Previsional Argentino (Sipa) que da a conocer el Ministerio de Trabajo mostró para marzo una pérdida anual de 266 mil puestos de los cuales 161 mil correspondieron al sector privado. El que más perdió allí adentro fue la industria, la que da los mejores puestos de trabajo. Hay, entonces, no sólo una caída del poder adquisitivo, sino que el proceso es más profundo y muestra un deterioro en la calidad de los empleos. Existe un traspaso de los registrados hacia otras categorías como en negro, monotributistas, cuentapropistas y otras modalidades.
Mientras cerró otra semana con tranquilidad cambiaria -y eso es una fuente menos de calor para los precios- el Gobierno busca a la vez apuntalar al menos algo el consumo. Por eso, ayer volvió al ruedo con el Ahora 12, uno de los planes de consumo más identificados con el kirchnerismo y que permitía adquirir bienes nacionales en cuotas sin interés. El Gobierno lo continuó, pero le retiró parcialmente el subsidio a las tasas a tal punto que quitó el atractivo para los consumidores. Ahora, algunas cadenas volverán a ofrecer cuotas largas sin recargos y con aportes propios. Porque en realidad el anuncio oficial de ayer contempla una tasa 25 puntos abajo de lo que se venía cobrando y así llegaría a 20%. Pero el Costo Financiero Total alcanzaría algo más, hasta el 25 o 26 por ciento. Por eso, la aplicación del programa con más beneficios dependerá de cada uno de los comercios o grandes cadenas que se sumen a partir de hoy.
Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal

