Opinión | gonzalo-dal-bianco |

Confirmaciones de una economía sin piso

Técnicamente la economía entró en recesión al acumular seis meses seguidos de caída, algo que era percibido ya desde hace tiempo. La situación social se deteriora porque la escalada de precios se concentra en los componentes de la canasta básica.

La elevada tasa de inflación que cobró impulso tras la fuerte devaluación del peso y el remedio que el Gobierno aplicó para intentar frenar la corrida cambiaria generaron una fuerte contracción de la economía, que aún no encuentra piso. Ayer el Indec dio a conocer el Estimador Mensual de Actividad Económica correspondiente a septiembre y no generó grandes sorpresas, aunque sí confirmaciones: la economía está ya técnicamente en recesión porque acumuló dos trimestres consecutivos a la baja. La debacle comenzó en abril, con un leve valor negativo en lo que fue el comienzo de la corrida. Pero esa tendencia se fue profundizando luego, a medida que el dólar tomó velocidad y la inflación comenzó a copiar el movimiento.

Septiembre arrojó un valor preocupante: 5,8% de caída frente al mismo mes del año anterior, especialmente empujado por el consumo, lo que tampoco debería considerarse una gran sorpresa.

Ahí hay otro talón de Aquiles de la economía doméstica que es consecuencia también de la desigual carrera entre inflación y el ingreso de los argentinos, especialmente los asalariados y cuentapropistas. Perdieron por goleada esa carrera y cierran el año con la expectativa puesta en que no les sigan metiendo goles, casi colgados del travesaño. Los gremios cierran sus paritarias -aquellos que lograron rediscutirla- con aumentos anuales que rondan entre el 30 y el 40 por ciento, salvo honrosas excepciones. La inflación esperada para los 12 meses es de un piso de 45%, por lo cual la gran mayoría comenzará 2019 con menos dinero que en 2018.

Pero claramente la peor parte se la llevarán los sectores medios bajos o bajos de la sociedad. En ese sentido, no habría que pasar por alto que esta semana se publicó también el incremento de la canasta básica total que mide el nivel de pobreza y que mostró un alza del 7,5% en octubre, por encima del nivel inflacionario. Pero en el acumulado de los primeros 10 meses esa canasta alcanzó un 45,4% frente al 39,5% de la inflación. Si se toman los últimos 12 meses, entonces las cifras llegan al 54,6% y 45,9%, respectivamente. Esto muestra que el proceso de suba de precios se concentra más en los consumos básicos de los hogares, que son los que se llevan casi todo el ingreso en las familias de escasos recursos, que naturalmente destinan menos pesos a esparcimiento, por ejemplo. Esto implica que la inflación en los hogares más carenciados es mayor que en los más acomodados. No es diferente el comportamiento de la canasta básica alimentaria que mide la indigencia, que también subió 7,5% en octubre y acumula un anual del 51,1%.

¿Qué nivel de recuperación de ingresos tuvieron esos hogares a lo largo de los últimos 12 meses? En las familias de menores recursos abundan más la informalidad laboral y el cuentapropismo, que tienen un crecimiento menor de fondos. Por eso es posible imaginar que cuando el Indec vuelva a publicar la evolución de la pobreza y la indigencia en la Argentina los números se encuentren lejos de los últimos registros. En el cierre de 2017 la pobreza alcanzaba el 26,3%. Hay una regla utilizada frecuentemente por quienes trabajan en este campo de ingresos y pobreza por la cual se define que, por cada 2,5 puntos de poder adquisitivo que se pierde en términos generales, la pobreza crece 1%. Es decir que en 15 puntos porcentuales de pérdida de poder de compra la pobreza aumentaría un poco más del 6%. Eso sería un salto muy significativo que haría retroceder el avance que había logrado en términos estadísticos el Gobierno desde que asumió. Pero, además, arrojaría un valor por encima del heredado de la gestión de Cristina Fernández, lo que también sería un dato no menor frente al año electoral que se avecina.

Una señal de alarma se agregó a ese escenario en el cierre de la semana y fue el alza que tuvo el dólar en la jornada de ayer y que lo devolvió al terreno de los 38 pesos después de algunos días de flotar cerca de la banda mínima fijada por el Banco Central antes de tener que intervenir. Por lo apuntado, el movimiento del dólar debe ser una preocupación por las consecuencias que es capaz de producir en la economía nacional y que quedó claro este año. Sin embargo, aún está lejos del pico de 42 pesos que tocó en el momento más álgido de la crisis cambiaria. Y, se sabe, muchos precios fueron fijados en aquel momento y luego no se actualizaron cuando la cotización comenzó a ceder. Hay un colchón a favor de los precios en las góndolas.

A la hora de las expectativas, esta semana el ministro de Finanzas de Córdoba, Osvaldo Giordano, aseguró que la crisis y sus consecuencias medidas en recesión, altas tasas y niveles elevados de inflación, continuarán al menos unos meses más. Y se quejó, además, de no haber atacado de entrada el conjunto de problemas estructurales que acarreaba la economía nacional. El Gobierno se muestra más optimista y confía en que transita un escenario en “V”, lo que implicaría una caída fuerte pero de recuperación también marcada a partir del segundo trimestre del año próximo. Entre los analistas económicos se sostiene mayoritariamente que la caída será brusca y la recuperación algo más lenta. Eso sí, casi todos ponen en foco la cosecha gruesa como un factor clave para romper la tendencia negativa.



Gonzalo Dal Bianco.  Redacción Puntal