Hace un par de semanas, un representante de una de las empresas nacionales más importantes del país caminaba por los pasillos de un hotel en la capital provincial durante una pausa del Coloquio de la Unión Industrial de Córdoba, cuando en una ronda pequeña de charla soltó su preocupación de muy corto plazo: “Hay que mirar con atención el día después de las elecciones”, dijo con pesar. Para el directivo, no era seguro que el mercado ya haya descontado aquel negro 12 de agosto del triunfo de Alberto Fernández. Hay para el empresario una probabilidad de que exista alguna nueva turbulencia. En esa misma ronda de empresarios hubo opiniones en contrario, asegurando que el temblor no se repetirá. Pero existe, sin embargo, una inquietud creciente frente a lo que ocurrirá el lunes 28, después de los comicios generales en los que se puede definir el próximo presidente. Y motivos objetivos existen para eso.
Si se parte de la premisa de que el Frente de Todos tiene altas probabilidades de reiterar el resultado de las Paso y Alberto Fernández es el presidente electo, la delicada situación económica quedará en manos de un Mauricio Macri que transitará su tramo final al frente del Poder Ejecutivo conociendo la fecha de vencimiento de su gestión. Conducir la Argentina en su estado de cosas actual y en el último suspiro de gobierno le sumará un menor margen de maniobra.
Pero más allá de esa situación política no menor, hay razones económicas de peso que alentaron la preocupación de aquel directivo y que el ministro de Finanzas de Córdoba, Osvaldo Giordano, también señaló en una entrevista que se publica con esta edición. El funcionario dijo que “hay elementos para pensar que las cosas pueden agravarse”. Y en los detalles, apuntó contra la falta de financiamiento que tiene el gobierno nacional, lo que obligaría, ante una nueva turbulencia, a emitir pesos, con lo que se recalentaría aún más el proceso inflacionario, que ya se muestra tan elevado que llevó a la Argentina a ocupar el tercer lugar en el mundo en escalada de precios, detrás de Venezuela (200 mil por ciento) y Zimbabue (161%).
El mal de la inflación, aunque parezca el mismo, mutó en los últimos años. De ser un fenómeno alentado por una economía recalentada y una demanda alta, se pasó a una inflación de costos que da un salto cada vez que ocurre una devaluación. Pero en esa inercia hay también algunos aceleradores por fuera. Y en las últimas horas quedó en claro que hay un grado de especulación importante que alienta el fenómeno. Es que el propio ministro de la Producción, Dante Sica, admitió que en las últimas horas hubo empresas que comenzaron a mover los precios anticipándose al acuerdo que alienta el Frente de Todos.
Si ese espacio político gana las elecciones del 27 buscará, según dijo, lograr una mesa de concertación para superar el difícil momento de la Argentina. Pero al parecer, ya hay algunos actores que se sentarán a esa mesa y que mantienen nocivas prácticas para el conjunto. Hay, según Sica, “aumentos a cuenta” del congelamiento que se podría dar en precios y salarios como una primera medida para contener el alza de la canasta.
El detalle no menor es que entonces algunos responsables de fijar precios están accionando para aplicar ahora los aumentos que no les van a dejar en los próximos meses. En definitiva se adelanta inflación futura. Pero por supuesto que eso tiene un agravante más: precios que se actualizan de manera adelantada con salarios que no van a tener la misma suerte y van a ser parte del congelamiento. Eso puede provocar un nuevo deterioro del poder adquisitivo, lo que profundizaría aún más la recesión y enfriaría algunos grados más la economía.
Con estos movimientos admitidos por el Gobierno habrá que revisar si es posible que en Argentina funcione un pacto amplio de actores de diferentes sectores. Las mesas de ese tipo en el país sirven para que muchos vayan a perseguir más beneficios y no para ofrecer esfuerzos. Las fotos y los compromisos suelen durar demasiado poco y rápidamente comienza a observarse que las manías afloran en favor de los intereses sectoriales, dejando de lado los compromisos en conjunto. No será una empresa fácil la de Alberto Fernández -si gana el 27- para poner en marcha ese acuerdo con resultados positivos.
La idea no es nada original. El gobierno de Macri, en sus inicios, también había sugerido el deseo de intentar un acuerdo, pero al poco tiempo actores centrales de Casa Rosada convencieron al Presidente de que no era necesario y que el equipo de gestión iba a sacar por sí solo la situación adelante. Alfonso Prat Gay fue uno de los impulsores de la mesa que perdió aquella discusión y terminó dejando su silla en el Ministerio de Economía luego de acordar con los holdouts. En Córdoba, en los despachos de El Panal, creen que la Argentina está en una situación límite y que eso va a obligar a todos a sumarse al acuerdo, de lo contrario los riesgos son extremos. Y claro que se escuchan los ejemplos de España y de Chile. Pero por lo bajo todos dudan de la posibilidad cierta de trasladar esas experiencias a un país que muchas veces se parece demasiado al escorpión que viaja sobre la rana en el río.
Pero más allá de esa situación política no menor, hay razones económicas de peso que alentaron la preocupación de aquel directivo y que el ministro de Finanzas de Córdoba, Osvaldo Giordano, también señaló en una entrevista que se publica con esta edición. El funcionario dijo que “hay elementos para pensar que las cosas pueden agravarse”. Y en los detalles, apuntó contra la falta de financiamiento que tiene el gobierno nacional, lo que obligaría, ante una nueva turbulencia, a emitir pesos, con lo que se recalentaría aún más el proceso inflacionario, que ya se muestra tan elevado que llevó a la Argentina a ocupar el tercer lugar en el mundo en escalada de precios, detrás de Venezuela (200 mil por ciento) y Zimbabue (161%).
El mal de la inflación, aunque parezca el mismo, mutó en los últimos años. De ser un fenómeno alentado por una economía recalentada y una demanda alta, se pasó a una inflación de costos que da un salto cada vez que ocurre una devaluación. Pero en esa inercia hay también algunos aceleradores por fuera. Y en las últimas horas quedó en claro que hay un grado de especulación importante que alienta el fenómeno. Es que el propio ministro de la Producción, Dante Sica, admitió que en las últimas horas hubo empresas que comenzaron a mover los precios anticipándose al acuerdo que alienta el Frente de Todos.
Si ese espacio político gana las elecciones del 27 buscará, según dijo, lograr una mesa de concertación para superar el difícil momento de la Argentina. Pero al parecer, ya hay algunos actores que se sentarán a esa mesa y que mantienen nocivas prácticas para el conjunto. Hay, según Sica, “aumentos a cuenta” del congelamiento que se podría dar en precios y salarios como una primera medida para contener el alza de la canasta.
El detalle no menor es que entonces algunos responsables de fijar precios están accionando para aplicar ahora los aumentos que no les van a dejar en los próximos meses. En definitiva se adelanta inflación futura. Pero por supuesto que eso tiene un agravante más: precios que se actualizan de manera adelantada con salarios que no van a tener la misma suerte y van a ser parte del congelamiento. Eso puede provocar un nuevo deterioro del poder adquisitivo, lo que profundizaría aún más la recesión y enfriaría algunos grados más la economía.
Con estos movimientos admitidos por el Gobierno habrá que revisar si es posible que en Argentina funcione un pacto amplio de actores de diferentes sectores. Las mesas de ese tipo en el país sirven para que muchos vayan a perseguir más beneficios y no para ofrecer esfuerzos. Las fotos y los compromisos suelen durar demasiado poco y rápidamente comienza a observarse que las manías afloran en favor de los intereses sectoriales, dejando de lado los compromisos en conjunto. No será una empresa fácil la de Alberto Fernández -si gana el 27- para poner en marcha ese acuerdo con resultados positivos.
La idea no es nada original. El gobierno de Macri, en sus inicios, también había sugerido el deseo de intentar un acuerdo, pero al poco tiempo actores centrales de Casa Rosada convencieron al Presidente de que no era necesario y que el equipo de gestión iba a sacar por sí solo la situación adelante. Alfonso Prat Gay fue uno de los impulsores de la mesa que perdió aquella discusión y terminó dejando su silla en el Ministerio de Economía luego de acordar con los holdouts. En Córdoba, en los despachos de El Panal, creen que la Argentina está en una situación límite y que eso va a obligar a todos a sumarse al acuerdo, de lo contrario los riesgos son extremos. Y claro que se escuchan los ejemplos de España y de Chile. Pero por lo bajo todos dudan de la posibilidad cierta de trasladar esas experiencias a un país que muchas veces se parece demasiado al escorpión que viaja sobre la rana en el río.

