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El campo, en medio de la disputa electoral

El sector agropecuario, alineado con el gobierno de Mauricio Macri, por ahora se mantiene distante de cualquier encuentro con Alberto Fernández. Hoy se iba a dar una reunión en Río Cuarto, pero se postergó. El 11 de agosto será clave para definir esa relación.  Por Gonzalo Dal Bianco

“Bueno, ¿y cómo vienen las elecciones?”. Después de un prólogo que pasó por el regreso del Ministerio de Agricultura al organigrama del gobierno nacional y un análisis sobre el impacto del resurgir del agro en el Estimador Mensual de Actividad Económica (Emae), finalmente uno de los dirigentes agropecuarios que poblaba la larga mesa en el primer piso de la Sociedad Rural fue al hueso y le preguntó a Luis Miguel Etchevehere sin más rodeos lo que todos querían escuchar: qué información les podía dar sobre el proceso electoral. Etchevehere hizo una pausa, miró alrededor y dijo: “Esperemos que los muchachos de la prensa terminen”. Fue una invitación a un camarógrafo y dos periodistas -que luego de hablar con el funcionario nacional pasaron a la sala contigua donde lo esperaba la dirigencia ruralista de Río Cuarto y la provincia- a que se retiraran y poder enfocarse para lo que realmente vino el expresidente de la Sociedad Rural Argentina: a pedirles el voto a los productores y a solicitar un esfuerzo extra para salir a convencer a todos los que puedan de respaldar la candidatura de Mauricio Macri. Etchevehere vino a pedir militancia a un sector que claramente está identificado con el actual Gobierno, más por oposición al kirchnerismo que por beneficios que les haya entregado la actual gestión.

De hecho, la devolución del rango de ministerio a la Secretaría de Agroindustria, que ayer fue publicada en el Boletín Oficial y que hoy le servirá de carta de presentación al Presidente durante la inauguración de Palermo, sólo le devuelve un estatus que el mismo Gobierno le quitó hace 11 meses. Y con respecto a las retenciones, la principal crítica del campo a las últimas gestiones, volvieron a instalarse después de un breve período en que el Gobierno las eliminó (salvo para soja). 

Por su parte, la gestión Macri destaca su política de apertura de mercados, que claramente es un contraste importante con los gobiernos de Cristina, más enfocada en el cierre de exportaciones del agro. Aquella inexplicable política, que se enmarca en una tensión no superada desde la 125, sólo trajo menos dólares a una economía que cíclicamente cruje por la escasez de esos billetes luego de un corto período de crecimiento. Pero, además, dilapidó inversiones realizadas en muchos puntos del país, como ocurrió en Río Cuarto con el frigorífico local. Ahora, esa planta intenta recuperar el terreno perdido y le apunta a China.

El campo insiste en que no cree que aquellas políticas del kirchnerismo vayan a cambiar con la gestión de Alberto Fernández. Y hay allí una serie de decisiones que se anotan en ese sentido. La recepción amena de Etchevehere en la Rural el jueves coincidió con el día en que se conoció que la dirigencia agropecuaria se había excusado de recibir a Fernández hoy, en la visita que realizará a la ciudad porque la mayoría de sus integrantes iba a estar en la inauguración de la Exposición de Palermo, en Buenos Aires.

Es indudable que Fernández buscaba una foto con el campo en pleno corazón de la Pampa Húmeda para mostrar un gesto de acercamiento y de moderación frente a la última versión del kirchnerismo. El candidato del Frente de Todos tiene consolidada una base de votantes y claramente tiene que salir a convencer a algunos espacios que se mantuvieron refractarios a la gestión kirchnerista. Para eso no puede ser una copia de aquella versión. Fernández se define como dialoguista y eso sólo busca contrastar con lo que considera un error de los gobiernos de Cristina: tensar la cuerda con todo aquel que no comparta el mismo espacio.

¿Está bien que, después de la áspera relación vivida durante el kirchnerismo, la dirigencia agropecuaria se niegue a entablar un diálogo con el candidato de ese espacio? Claramente no. No hay justificativo alguno, incluso desde la conveniencia del sector agropecuario y más allá de su identificación con el macrismo. De hecho, una encuesta de Mora y Araujo de finales de julio muestra que el 80% del sector respalda al oficialismo. Pero, ¿qué pasa si gana el Frente de Todos? La relación del campo comenzará desde el punto que quedó instalado en 2015, porque la predisposición al acercamiento tampoco se observa en la dirigencia agropecuaria. El reclamo de diálogo y de aproximación entre quienes piensan distinto no puede quedar de un solo lado. Recibir al candidato, plantearle el cúmulo de errores que tuvo la gestión anterior en múltiples aspectos de la política agropecuaria y conocer qué proyecta para el sector en caso de ser gobierno debería ser una prioridad. Además, más allá de la disputa entre ambos actores, no hay dudas de que el país necesita de la máxima capacidad del campo para pensar a futuro. Es el sector más competitivo que tiene la economía y un motor central en cualquier futuro de crecimiento; entre otras cuestiones porque es el único que genera un caudal genuino de dólares cada año. Y lo demostró esta campaña: solo, empujó el indicador de actividad económica al terreno positivo después de 15 meses. Cualquier gobierno que asuma el 10 de diciembre deberá hacer lo posible para contarlo como aliado estratégico.

“Por ahora no estamos dispuestos a sacarnos ninguna foto con Fernández. Veremos después del 11”, se sinceró uno de los dirigentes. Quieren orejear las cartas para ver cómo queda el escenario electoral. Mientras, esperan que las encuestas publicadas en los principales diarios del país sean ciertas y Macri haya acortado distancias en la carrrera electoral.

La respuesta de Etchevehere, después de que se retiró la prensa, no dejó del todo tranquilos a los productores. El funcionario les dejó en claro que el conurbano es un territorio en el que Fernández sacará una importante ventaja, que la reelección de la gobernadora María Eugenia Vidal está en riesgo y que deberán cosechar muchos votos en distritos afines como Córdoba, Capital Federal y Mendoza para intentar compensar.