Opinión | gonzalo-dal-bianco |

El empleo muestra el impacto de la prolongada crisis

La caída del PBI en el primer trimestre anticipó lo que iba a reflejar el relevamiento laboral. El deterioro no se da sólo en pérdida de puestos de calidad, sino que crece la informalidad.  Por Gonzalo Dal Bianco

El fuerte y prolongado deterioro del salario provoca en la actividad económica un derrumbe significativo que esta semana se vio reflejado una vez más en el desplome que el PBI mostró para el primer trimestre del año con un retroceso del 5,8%. El constante avance de la inflación dejó sin posibilidades de competencia a los salarios y eso llevó a que los ingresos de la mayor parte de los argentinos pierdan poder de compra. Entre el año pasado y éste, se estima que cayeron alrededor del 12%, mientras que desde 2016, la suma ronda el 16%, siempre en promedio. Por eso lo que consumían con sus haberes, ahora ya no lo alcanzan y tienen que elegir. En ese caso, elegir es resignar.

Si bien al interior del estudio del Indec que reflejó la caída hay algunas excepciones, sectores troncales de la economía nacional como comercio, construcción, industria y transporte tuvieron importantes caídas que se acumulan a un largo período de retracción. Apenas el campo y la pesca aparecen del otro lado de la balanza, aportando saldos positivos de crecimiento interanual. En el caso del agro, impulsado por la sorprendente cosecha de trigo que dejó 19 millones de toneladas con un saldo exportable de casi 12 millones. Eso llevó a que mostrara un crecimiento del PBI sectorial del 7,7%. Si no hubiese sido por el campo, el derrumbe del PBI hubiese alcanzado valores más severos aún. En este punto hay algo bueno por delante: la cosecha de trigo no es el fuerte nacional. Por el contrario, la gruesa aportó este año un volumen histórico que se está terminando de levantar con lotes que tienen todavía maíz de segunda, y que pueden esperar todavía por el paso de las máquinas. Pero la cosecha gruesa empezó a levantarse a partir de abril e impactará en el segundo y tercer trimestre del año. Por eso, las próximas mediciones tendrán en el sector agropecuario un aliado fuerte para el Gobierno que puede aportar más todavía al índice general de actividades. ¿Alcanzará para revertir un dato negativo? Es una incógnita, pero para analizar habría que tener en cuenta que el año pasado el campo sufrió una gigantesca sequía por la que en el segundo trimestre, comparado con el mismo período de 2017, llevó al sector a tener una caída del 31%. Fue un golpe letal que además impidió el ingreso de dólares y aportó para que se desatara finalmente la primera corrida a fines de abril de 2018 que después tendría varias réplicas. La escasez de dólares tuvo uno de los motivos centrales en la mala campaña de granos.

Este año es muy diferente. Y  al compararse con ese pésimo  resultado de 2018 el valor puede ser impactante. El problema radica, de nuevo, en el resto de los sectores. Si comercio, construcción, transporte e industria siguen sin reaccionar, el empuje del agro puede no alcanzar. Ese cuatro contra uno no cierra.

Y allí empiezan a verse efectos que pueden profundizarse. Esta semana también se conoció el nivel de desempleo. No sorprendió que con una caída del 5,8% del PBI se registre un alza de la desocupación. Se suma a los niveles de pobreza en alza, el otro escalón que aparece como consecuencia de la crisis económica.

Pero la pérdida de puestos de trabajo formales tiene como contracara que hay un mayor nivel de empleo no registrado. Hay un deterioro no sólo en lo cuantitativo del mercado laboral, sino también en lo cualitativo.

La consultora Management & Fit lo explica de la siguiente manera: “El problema no se limita únicamente a que la economía no genera puestos de trabajo, sino que también destruye empleos formales y el mercado laboral se precariza continuamente (hay aumento del empleo informal y el cuentapropismo). Las empresas decidieron (y deciden) sostener el nivel de empleo lo más posible, cerrando paritarias más en línea con sus posibilidades, lo que se tradujo en salarios creciendo bien por debajo de la inflación. El panorama a corto plazo no traería demasiados cambios”.

Otra lectura que dejó el informe laboral es que más integrantes del hogar necesitan salir a generar recursos ante la pérdida del poder adquisitivo. De allí que la tasa de actividad subió de 46,7% a 47%; al tiempo que también hay más ocupados buscando empleo (la tasa de ocupados demandantes pasó de 15,3% a 17,5%).

El economista Martín Kalos, al igual que muchos de sus colegas, explica que se generó un círculo vicioso que el Gobierno no logra romper y que comienza con la devaluación, el fuerte traslado a precios, la pérdida de poder adquisitivo porque los salarios pierden terreno, la caída de la demanda en el mercado interno, menor producción y despidos. El ciclo se retroalimenta y la gestión de Mauricio Macri no encuentra la tijera para cortarlo. Recién en las últimas semanas tomó algunas medidas en favor del consumo, pero si no hay una recuperación real de los salarios, será difícil que los planes activen la demanda. Y los haberes crecen en términos reales cuando superan los índices de inflación. El último dato de precios que publicó el Indec dio un 57,3% de inflación interanual. Con ese valor, es difícil imaginar que los salarios lo alcancen. Las proyecciones hablan de que a fin de año podría ubicarse cerca del 40%; de todos modos no habrá muchas paritarias que igualen esos índices. Y teniendo en cuenta que aún si lo lograran, consolidarán lo perdido en 2018.

Por eso, a medida que corre el timpo -ya estamos cerrando la primera mitad del año y arranca en pocos días el segundo semestre- las proyecciones de los analistas vienen bajando sistemáticamente, y estiman una caída de 1,5% del PBI para el 2019. 

“Muy posiblemente se llegue a las elecciones con una economía debilitada. La demanda agregada arrancó con el pie izquierdo. Los problemas cambiarios de marzo y el aumento de la incertidumbre deprimieron la inversión, que ya venía complicada por el bajo porcentaje de uso de capacidad instalada, un mercado interno con poco brillo y muchos interrogantes sobre el futuro (político, económico, regulatorio) post-electoral”, explica el último informe de Management & Fit. 

A esta altura, la fuerte caída del poder adquisitivo, el encarecimiento del crédito y el deterioro de las expectativas son un combo difícil de digerir. 



Gonzalo Dal Bianco.  Redacción Puntal