Opinión | gonzalo-dal-bianco

El millón de Sordi y una postal de lo que se ve de afuera

El luchador riocuartense fue noticia por coronarse campeón anual en MMA, pero ganó más espacios en los medios por su definición de que no traería a Argentina el millón de dólares que obtuvo. Fue apenas una muestra de lo que muchos observan del país. Por Gonzalo Dal Bianco
 
No fueron pocos los que cuestionaron al flamante campeón mundial de MMA (Artes Marciales Mixtas) tras su enorme consagración en la final disputada el último día del año pasado en la catedral del boxeo mundial: el mítico Madison Square Garden. El riocuartense Emiliano Sordi llegó a ese escenario a competir por el título anual que tenía una bolsa de un millón de dólares y le alcanzó apenas un minuto para resolver el pleito. Pero en ese momento se disparó una polémica a partir de las declaraciones del luchador riocuartense cuando el economista Manuel Adorni hizo un cálculo de lo que le iba a quitar el Estado argentino en caso de traer su dinero al país. Después de idas y vueltas en las cuentas, del millón de dólares Sordi podía quedarse con menos de la mitad por el solo hecho de ingresar su bolsa a la Argentina.

El campeón se trenzó también en esa discusión por Twitter y su definición le terminó de echar nafta al debate. Concretamente, dijo que nunca se le pasó por la cabeza traer el millón de dólares al país. “No voy a ser tan boludo”, escribió en la red del pajarito y fue el comienzo de cruces interminables que concluyeron con algunos tratándolo de “cipayo” y “vendepatria”. Más allá de esas descalificaciones, y quitando todos los adornos de las palabras, lo que quedó en el fondo es la cruda visión que desde afuera hay de la Argentina. Cuando muchas veces algunos funcionarios de anteriores gobiernos se preguntaban por qué no llovían las inversiones, podrían tener en la definición de Sordi parte de la respuesta.

¿Alguien en las zapatillas de Sordi haría algo distinto que intentar proteger el resultado de un largo esfuerzo y de un camino complejo e incierto que finalmente le otorgó ese enorme premio? ¿Alguien en su lugar haría algo diferente hoy en el contexto económico que vive la Argentina?

Sordi no es un hombre de grandes inversiones enterradas en el país, sino simplemente un deportista que obtuvo ese millón de dólares y que, según contó esta semana al programa Puntal Verano, lo iba a invertir en condominios en San Diego, donde ya tiene emprendimientos de ese tipo en conjunto con otros luchadores, fruto de otras peleas que le arrojaron premios menores.

Es cierto que por allí la expresión de Sordi no fue la mejor ni la más apropiada, pero en su lugar hay muchos otros deportistas de elite que obtienen ganancias muy superiores y que no están en el centro de la escena por dejar sus recursos en los países en los que compiten. La forma en la que planteó sus dichos fue el motivo de la repercusión mediática.

Manuel Adorni, un economista que se caracteriza por su juego provocador en las redes, fue el responsable del cálculo de lo que le retendría el Estado y el que empujó la polémica. Pero en el fondo lo que muestra la anécdota de Sordi es la enorme dificultad que tiene la Argentina para atraer dólares e inversiones que permitan ampliar la producción, crear nuevas fuentes de trabajo y pensar en vender un mayor volumen al mundo y generar así las divisas que necesita para repagar su deuda.

Y claramente las condiciones no son apetecibles para quienes tienen dinero disponible para inversiones. ¿Por qué hoy alguien miraría a la Argentina como opción para su dinero en medio del concierto de naciones?

Un abanico de tipos de cambio con un cepo que, como lo dijo el presidente Alberto Fernández, es una piedra en una puerta giratoria: “No deja salir los dólares, pero tampoco los deja entrar”, explicaba en la campaña electoral al referirse a la medida de control que terminó aplicando la gestión Macri en contra de todo lo que había dicho y hecho en cuatro años.

La recesión, fruto del profundo proceso de pérdida de poder adquisitivo de la población en los últimos dos años, mantiene una capacidad instalada sin uso elevada y un sector comercial y de servicios que sigue achicándose mes a mes desde abril del año pasado, cuando se desató el primer tramo de la crisis. El mercado interno no encuentra salida, más allá de los anuncios oficiales de refuerzos salariales que ahora buscan llevar algo de alivio a los asalariados. Eso será simplemente un paliativo a la espera de la reactivación que por ahora se mantiene distante.

Está claro también, al menos los principales especialistas nacionales lo han expresado, que la doble indemnización es un desaliento a la inversión. Más allá de que los nuevos contratados no serían alcanzados por esa disposición, aun quienes representan laboralmente a los trabajadores creen que fue una medida innecesaria y a destiempo. Y que además podría generar un desaliento, por temor a modificaciones en la reglamenteación, a la toma de empleados. El abogado laboralista y asesor de la OIT, que trabaja mayormente en la representación legal de trabajadores y sindicatos, Mario Ackerman se encargó de cuestionar duramente esa disposición de Trabajo.

La presión tributaria a la que están sometidas las empresas en medio de la crisis hace inviable muchos emprendimientos. Y, de hecho, no fueron pocas las que decidieron bajar la persiana argumentando que la combinación de caída de ventas y presión tributaria hacía inviable su continuidad.

Claro que no es sólo lo que se ve de afuera. Hay mucho capital argentino en condiciones de ampliarse, de invertir y de apostar, pero que por ahora, en un escenario lleno de incertidumbre, prefiere esperar. “Por ahora hacemos la plancha hasta que aclare” es una de las frases más escuchadas en el mundo de los negocios. Por eso lo de Sordi, más allá de las formas, no es más que de sentido común.

TEMAS:
Comentá esta nota

Noticias Relacionadas

Comentá esta nota