La crisis del etanol resulta una paradoja para las habituales proclamaciones sobre la necesidad de agregar valor a la producción primaria o sobre el fomento de las energías limpias. El polo de desarrollo que se montó en Córdoba para elaborar alcohol, y convertir a la provincia en una potencia petrolera sin tener un solo pozo o “cigüeña” en movimiento, tenía en carpeta realizar fuertes inversiones para expandir su producción, algo que estaba en proceso hasta fines de 2018 o incluso comienzos de este año. Pero ya en febrero, las empresas de etanol comenzaron a ver algunas decisiones desde los despachos oficiales, en particular de la Secretaría de Energía, que les hizo poner un freno preventivo. En ese momento, la cartera que conduce Gustavo Lopetegui decidió poner fin a un esquema automático de precios para el sector que encendió luces de alerta. Hasta allí funcionaba una fórmula que, aunque los empresarios la cuestionaban porque no reflejaba acabadamente la amortización de las plantas, permitía sostener de manera más o menos aceptable el precio del litro de etanol. Desde el momento en que Energía desactivó la fórmula, la previsibilidad se derrumbó. El valor que las petroleras les pagaban a las etanoleras ya no dependía de ese mecanismo automático sino de lo que determinaba arbitrariamente la cartera que conduce Lopetegui. Desde ese momento hubo un claro perjuicio para las industrias que producen alcohol para mezclar con las naftas y eso tuvo como contrapartida la mejora relativa para las petroleras. El menor precio que reciben las etanoleras es menor costo para quienes elaboran combustibles fósiles. Por eso creció la sospecha de la presión petrolera sobre las oficinas de la Casa Rosada que entienden en la materia. Pero más allá de la disputa, claramente desigual, entre estos dos sectores, hay consideraciones a tener en cuenta, como por ejemplo el desincentivo al agregado de valor de materias primas. Actualmente, el 60% de la producción de maíz del país se va por los puertos como granos para que en otros países inicien procesos industriales que finalizan en la elaboración de alimentos. Eso implica que más de 30 millones de toneladas de maíz se exportan como grano. Y más allá de que los granos cuentan con valor agregado por la tecnología que tienen incluida, cuando se referencia valor agregado se apunta a la industrialización o conversión de ese cereal en combustibles, alimentos, electricidad o carnes (vacuna, porcina o aviar), entre otros. Y cuando la señal en lugar de buscar el fomento de estas actividades se convierte en obstáculo, se crea un escenario en el que las inversiones y la creación de empleo ya no resultan atractivas. Por otro lado, la conveniencia para hacer dinero del dinero tiene un fuerte imán, lo que termina llevando masivamente recursos al circuito financiero y no al productivo.
Pero sumado a esto hay que tener en cuenta que la producción de naftas en la Argentina se encuentra en su tope máximo. La capacidad de las destilerías es muy reducida y por lo tanto sin el aporte del 12% del volumen que aportan las etanoleras (de maíz más caña) se vuelve irreemplazable dentro del país. Eso implica que, si como anticiparon en las últimas horas las empresas que producen alcohol, desde el martes dejan de abastecer si no hay una mejora significativa de los precios que les pagan por cada litro, habrá faltante de combustible. La “nafta pura” ya no alcanza a cubrir la demanda total más allá de cierta retracción que tuvo el consumo por la fuerte recesión que viene atravesando la economía en el último año y medio. Si desaparece del mercado el etanol, la otra opción es importar naftas para su reemplazo. El despropósito allí sería doble, porque además implicaría la fuga de dólares que tanta falta le hacen a la economía.
El punto del beneficio ambiental no es menor tampoco en esta discusión. Una energía renovable frente a los combustibles fósiles. No hay mucho margen para debatir allí lo que implica uno y otro. El Gobierno presentó con bombos y platillos su perfil de fomento hacia las energías limpias y avanzó con los programas Renovar que tuvieron gran éxito en la generación de electricidad a partir de fuentes sustentables como el viento, el sol, la biomasa o el agua. Y las etanoleras, que se habían puesto en marcha durante el gobierno anterior pudieron seguir creciendo durante los primeros años de Macri. De hecho, a los pocos meses de asumir como Presidente decidió un aumento en el corte del 10 al 12 por ciento en las naftas, lo que fue una señal clara para el sector que siempre esperó que esa tendencia se confirmara en los años posteriores, cosa que no ocurrió. El año pasado la industria recibió algunos guiños cuando Javier Iguacel comandaba la Secretaría de Energía. De hecho, eso era respaldado por el ministro de Producción, Dante Sica. Pero finalmente el extitular de Vialidad debió dejar el cargo y Lopetegui asumió con otro perfil, otras intenciones y en favor de otros intereses. Hasta ahí llegaron las expectativas de crecimiento para el etanol y las proyecciones de inversión calculadas en mil millones de dólares. A los pocos meses, se dejó de lado el uso de la fórmula y hoy la prioridad sólo es dejar de retroceder.
El punto del beneficio ambiental no es menor tampoco en esta discusión. Una energía renovable frente a los combustibles fósiles. No hay mucho margen para debatir allí lo que implica uno y otro. El Gobierno presentó con bombos y platillos su perfil de fomento hacia las energías limpias y avanzó con los programas Renovar que tuvieron gran éxito en la generación de electricidad a partir de fuentes sustentables como el viento, el sol, la biomasa o el agua. Y las etanoleras, que se habían puesto en marcha durante el gobierno anterior pudieron seguir creciendo durante los primeros años de Macri. De hecho, a los pocos meses de asumir como Presidente decidió un aumento en el corte del 10 al 12 por ciento en las naftas, lo que fue una señal clara para el sector que siempre esperó que esa tendencia se confirmara en los años posteriores, cosa que no ocurrió. El año pasado la industria recibió algunos guiños cuando Javier Iguacel comandaba la Secretaría de Energía. De hecho, eso era respaldado por el ministro de Producción, Dante Sica. Pero finalmente el extitular de Vialidad debió dejar el cargo y Lopetegui asumió con otro perfil, otras intenciones y en favor de otros intereses. Hasta ahí llegaron las expectativas de crecimiento para el etanol y las proyecciones de inversión calculadas en mil millones de dólares. A los pocos meses, se dejó de lado el uso de la fórmula y hoy la prioridad sólo es dejar de retroceder.

