La economía real cruje y el foco de la tormenta aún no pasó
Las empresas afrontan desafíos inquietantes en medio de un largo proceso de retracción. El nuevo salto del dólar impactó de lleno en los costos y no hay margen para el traslado a precios ante una demanda que sigue en caída.
Cuando creían que estaban por llegar finalmente a la punta de la larga cima que venían trepando con infinidad de contratiempos desde hace un año y medio, las pequeñas y medianas empresas, de los más diversos rubros, se toparon con otro tramo aún más complejo y con las últimas energías disponibles. El desafío aparece para muchas como muy poco probable de superar.
Había una expectativa clara de que para el último cuatrimestre del año la economía podía llegar a ofrecer un oasis, al menos un tramo de menores dificultades. Pero pasó el 11 de agosto y ya nada fue igual. Hubo una tormenta inesperada que de pronto provocó una vuelta de campana y volvió a poner lo peor por delante. Aquella frase, repetida por el presidente Mauricio Macri, de que lo peor había pasado volvió a caer en el bolsón de las falacias. Otra vez el ojo de la tormenta aparece en el horizonte.
Son las consecuencias de las turbulencias incesantes en los mercados. El costo real está en la calle. El nuevo salto del tipo de cambio generó impactos profundos por la escalada de precios en los bolsillos de quienes tienen ingresos fijos. Y allí, por supuesto, corren con la peor parte los que engrosan la enorme masa de trabajadores informales, que ronda el 40% del total. Pero en las empresas hay infinidad de situaciones que de pronto las paralizaron y les pusieron obstáculos insalvables.
Desde la industria panadera, pasando por los sectores de salud y desembocando en las etanoleras, hay ejemplos de horizontes llenos de interrogantes.
El salto del dólar complicó otra vez a quienes tienen costos en moneda norteamericana y cobran en pesos, que es el peor de los mundos. En la región se puede incluir naturalmente la producción de cerdos, que una vez más padece ese escenario, tal como ocurrió en 2018, cuando muchos dejaron la actividad. También los tambos pasan a tener ecuaciones desequilibradas. En estos casos, al que se puede sumar la industria etanolera de Córdoba, la clave es el maíz. El cereal cotiza en dólares y es la base de esos tres sectores: es el alimento de cerdos, ya sea de manera directa o a través de balanceados, al igual que de las vacas lecheras. En el caso del alcohol de maíz, el cereal constituye el principal costo, que en pesos dio un salto de casi el 25% en apenas una semana. Hasta hace unos meses atrás, estas dificultades puntuales que surgían de la cotización del grano eran compensadas porque había una ecuación automática que se cargaba y arrojaba un precio final que era el que las petroleras debían pagarles a las etanoleras. Pero ese esquema de actualización fue interrumpido por el secretario de Energía, Darío Lopetegui. Justo que esa herramienta se desactivó, sucedió lo de la semana pasada con el salto en las pizarras y entonces la ecuación no cambiará. Pero, a su vez, hubo una decisión más del Gobierno: congelar el precio del etanol junto con el de las naftas con el objetivo de morigerar el deterioro en los bolsillos de los argentinos. Finalmente, el conjunto de medidas terminó definiendo una tormenta perfecta: el principal costo de la industria creció 25% y el precio del producto no se puede mover, además en un proceso de inflación generalizado y que se acelerará por el impacto devaluatorio. Las etanoleras, que son clave para la provincia porque agregan valor a la principal producción primaria que tiene Córdoba como es el maíz, advirtieron que no podrán resistir mucho tiempo más así.
La conclusión es la misma a la que llegan las clínicas y sanatorios. Los argumentos son similares también. En el caso del sector privado de salud, los insumos y la aparatología se fijan por el valor del dólar y en los últimos días sufrieron una estampida. También algunos descartables que no se producen en el país y deben ser importados. Pero se sabe que además vienen atravesando una larga crisis bajo el paraguas de la emergencia que les permite seguir acumulando deudas con el fisco para financiarse. La crisis, por supuesto, afecta de lleno en sus financiadores, especialmente en las obras sociales, ya que los aportes de los trabajadores son menores en términos reales por efecto de la inflación y de los salarios, que corren de atrás desde hace tiempo.
También los industriales panaderos y las fábricas de pastas tuvieron malas noticias después del 11 de agosto. Los proveedores de harina les informaron rápidamente que iban a copiar casi el movimiento del dólar en sus precios. Por otra parte, quienes les entregan margarina, grasa y otros insumos mantuvieron un enigma sobre los valores durante algunos días. Eso obligó a trasladar parte de los aumentos al mostrador y allí surge la otra duda: “¿A quién le vamos a vender si sigue subiendo todo, si la gente ya no da más?”, se preguntaba el responsable de una fábrica de pastas ubicada en el oeste de la ciudad esta semana.
Es que la recesión mostró un empinado ascenso para la mayoría de los sectores. Las ventas fueron cayendo mes a mes desde abril de 2018, sin pausa. Incluso las etanoleras muestran una gran capacidad ociosa en sus plantas porque las ampliaron tras las promesas de mejoras y se encontraron con un derrumbe del consumo de combustibles que este año ronda el 6%. Mucho más cercano, el comercio y los servicios tienen su cara más visible en el centro, con récord de locales comerciales vacíos. Y una certeza: lo peor todavía no pasó, aun cuando el nivel de actividad está por el piso, todos creen que seguirán perforándolo.
Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal
Había una expectativa clara de que para el último cuatrimestre del año la economía podía llegar a ofrecer un oasis, al menos un tramo de menores dificultades. Pero pasó el 11 de agosto y ya nada fue igual. Hubo una tormenta inesperada que de pronto provocó una vuelta de campana y volvió a poner lo peor por delante. Aquella frase, repetida por el presidente Mauricio Macri, de que lo peor había pasado volvió a caer en el bolsón de las falacias. Otra vez el ojo de la tormenta aparece en el horizonte.
Son las consecuencias de las turbulencias incesantes en los mercados. El costo real está en la calle. El nuevo salto del tipo de cambio generó impactos profundos por la escalada de precios en los bolsillos de quienes tienen ingresos fijos. Y allí, por supuesto, corren con la peor parte los que engrosan la enorme masa de trabajadores informales, que ronda el 40% del total. Pero en las empresas hay infinidad de situaciones que de pronto las paralizaron y les pusieron obstáculos insalvables.
Desde la industria panadera, pasando por los sectores de salud y desembocando en las etanoleras, hay ejemplos de horizontes llenos de interrogantes.
El salto del dólar complicó otra vez a quienes tienen costos en moneda norteamericana y cobran en pesos, que es el peor de los mundos. En la región se puede incluir naturalmente la producción de cerdos, que una vez más padece ese escenario, tal como ocurrió en 2018, cuando muchos dejaron la actividad. También los tambos pasan a tener ecuaciones desequilibradas. En estos casos, al que se puede sumar la industria etanolera de Córdoba, la clave es el maíz. El cereal cotiza en dólares y es la base de esos tres sectores: es el alimento de cerdos, ya sea de manera directa o a través de balanceados, al igual que de las vacas lecheras. En el caso del alcohol de maíz, el cereal constituye el principal costo, que en pesos dio un salto de casi el 25% en apenas una semana. Hasta hace unos meses atrás, estas dificultades puntuales que surgían de la cotización del grano eran compensadas porque había una ecuación automática que se cargaba y arrojaba un precio final que era el que las petroleras debían pagarles a las etanoleras. Pero ese esquema de actualización fue interrumpido por el secretario de Energía, Darío Lopetegui. Justo que esa herramienta se desactivó, sucedió lo de la semana pasada con el salto en las pizarras y entonces la ecuación no cambiará. Pero, a su vez, hubo una decisión más del Gobierno: congelar el precio del etanol junto con el de las naftas con el objetivo de morigerar el deterioro en los bolsillos de los argentinos. Finalmente, el conjunto de medidas terminó definiendo una tormenta perfecta: el principal costo de la industria creció 25% y el precio del producto no se puede mover, además en un proceso de inflación generalizado y que se acelerará por el impacto devaluatorio. Las etanoleras, que son clave para la provincia porque agregan valor a la principal producción primaria que tiene Córdoba como es el maíz, advirtieron que no podrán resistir mucho tiempo más así.
La conclusión es la misma a la que llegan las clínicas y sanatorios. Los argumentos son similares también. En el caso del sector privado de salud, los insumos y la aparatología se fijan por el valor del dólar y en los últimos días sufrieron una estampida. También algunos descartables que no se producen en el país y deben ser importados. Pero se sabe que además vienen atravesando una larga crisis bajo el paraguas de la emergencia que les permite seguir acumulando deudas con el fisco para financiarse. La crisis, por supuesto, afecta de lleno en sus financiadores, especialmente en las obras sociales, ya que los aportes de los trabajadores son menores en términos reales por efecto de la inflación y de los salarios, que corren de atrás desde hace tiempo.
También los industriales panaderos y las fábricas de pastas tuvieron malas noticias después del 11 de agosto. Los proveedores de harina les informaron rápidamente que iban a copiar casi el movimiento del dólar en sus precios. Por otra parte, quienes les entregan margarina, grasa y otros insumos mantuvieron un enigma sobre los valores durante algunos días. Eso obligó a trasladar parte de los aumentos al mostrador y allí surge la otra duda: “¿A quién le vamos a vender si sigue subiendo todo, si la gente ya no da más?”, se preguntaba el responsable de una fábrica de pastas ubicada en el oeste de la ciudad esta semana.
Es que la recesión mostró un empinado ascenso para la mayoría de los sectores. Las ventas fueron cayendo mes a mes desde abril de 2018, sin pausa. Incluso las etanoleras muestran una gran capacidad ociosa en sus plantas porque las ampliaron tras las promesas de mejoras y se encontraron con un derrumbe del consumo de combustibles que este año ronda el 6%. Mucho más cercano, el comercio y los servicios tienen su cara más visible en el centro, con récord de locales comerciales vacíos. Y una certeza: lo peor todavía no pasó, aun cuando el nivel de actividad está por el piso, todos creen que seguirán perforándolo.
Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal