La inflación muestra vida propia
Los datos de enero encendieron alarmas. Según el Indec, en la comparación interanual el alza superó el 49%. La teoría Friedman sobre el combate a la escalada de precios con el caso Japón, una luz que sigue el Gobierno. Por Gonzalo Dal Bianco
El proceso inflacionario tiene en jaque al Gobierno que, más allá de la mirada original de Mauricio Macri sobre el tema, al que consideraba de fácil resolución, no logra encontrarle una salida. Y en el arranque del año, en medio de la fuerte recesión y con un dólar en calma, el índice que dio a conocer el Indec cayó como un baldazo de agua fría. Fue un comienzo difícil en materia de precios con el 2,9% a nivel nacional y un valor del 3,97% para Córdoba, según la Dirección de Estadísticas de la Provincia. Pero además, el valor del Indec lleva a la inflación interanual arriba del 49%.
Por lo tanto la economía muestra el peor de los mundos: alta inflación, caída en los niveles de actividad, tasas elevadas, pobreza en crecimiento y un desempleo que avanza lentamente.
¿Por qué los precios no se detienen ante una caída de consumo tan notoria, un dólar tranquilo y una emisión monetaria que el Gobierno decidió frenar cuando asumió Guido Sandleris en el Banco Central?
Algunos economistas creen que hay en estos momentos un componente especulativo y de ajuste tardío de precios que demorará en debilitarse y que le dan una inercia a la inflación, más allá de que sus fuentes originales de energía ya no están encendidas.
El economista de la Escuela de Chicago Milton Friedman solía explicar en un puñado de minutos que la inflación no siempre reacciona a la velocidad que los gobiernos necesitan, una vez que se toman las medidas correctas para combatirla. Y recordaba el caso Japón, en el arranque de los ‘70. En aquel momento, el país de oriente sufría un proceso de incremento generalizado de precios que fue adjudicado a una constante emisión monetaria. Friedman aseguró que el gobierno de Japón supo cómo corregir eso, aunque la transición sería dolorosa. Apagó la máquina de imprimir billetes para frenar la expansión de la base monetaria y al poco tiempo la economía ingresó en recesión. En 1973 y 1974 se dio el momento de mayor tensión, con una inflación muy elevada, aunque ya la emisión se había desacelerado fuertemente, y la economía caía por el “freno de mano” aplicado. Friedman destacó al analizar el caso Japón que las autoridades sostuvieron el timón y “lograron encauzar la situación hacia una baja de inflación y una economía más sana”. Demoraron cinco años en extraer el problema de la economía.
El recordado especialista destacó que “la inflación es como el alcoholismo: cuando se comienza a beber o a emitir demasiado dinero, los efectos buenos vienen al principio, mientras los efectos malos llegan más tarde. Por eso en ambos casos existe una fuerte tentación a exagerarlo, beber demasiado e imprimir demasiado dinero. Pero cuando llega la cura es todo lo contrario”, alertó Friedman. Y agregó: “Cuando se deja de beber o de imprimir dinero, los malos efectos llegan primero y los buenos, más tarde y por eso es tan difícil persistir con la cura”, explicó el economista que fue uno de los fundadores de la Escuela de Chicago. Incluso recordó que en los Estados Unidos cuatro veces después de 1957 iniciaron “la cura” pero “en ninguna se impuso la voluntad de continuarla. Entonces como resultado tuvimos siempre los malos efectos y ninguno de los buenos”. Friedman aseveró que Japón, sosteniendo las medidas, fue recién capaz de cosechar los beneficios a partir de 1978, con baja inflación y una economía en alza. Por último, según apuntó, “no hubo nada particular en Japón. Cada país que tuvo la voluntad de persistir en un crecimiento lento de la emisión monetaria fue capaz de curar la inflación y al mismo tiempo lograr una economía sana”.
Cuando Sandleris asumió en la entidad monetaria, apoyado en la teoría Friedman, bajó la llave de la máquina de imprimir pesos, que fue la forma en que el Estado se financió en los últimos años. Pero en Argentina, el freno de la emisión no fue acompañado con una caída de la necesidad de financiamiento. Esto último se mantuvo sin grandes modificaciones y eso llevó a que se cambiara la fuente de alimentación: no fue la emisión sino la deuda la que permitió no bajar el gasto, que había sido otro compromiso. Eso se reforzó con con una mayor presión tributaria, para garantizar recaudación que evite pasar la tijera por el lado de las erogaciones. Ese es hoy otro de los reclamos centrales de las empresas, en especial las pymes, que viven entre un mercado que se derrumbó y una presión tributaria en ascenso, con un nivel asfixiante. Un efecto pinza demoledor.
El consumidor, en tanto, padece los implacables efecto de los precios, que paga con caída constante de su poder adquisitivo. Es una regla inevitable que los ajustes salariales corren siempre por detrás de la inflación en el mediano y largo plazo.
No hay dudas de que el Gobierno no acertó en sus primeros tres años con la política antiinflacionaria, que además explotó en 2018 por el impacto de la devaluación. Después decidió aplicar la teoría Friedman, pero los tiempos no le alcanzarán para ver los beneficios. Por ahora todo lo que se ve son números en rojo, en un escenario electoral que empieza a correr tan rápido como los precios.
Por lo tanto la economía muestra el peor de los mundos: alta inflación, caída en los niveles de actividad, tasas elevadas, pobreza en crecimiento y un desempleo que avanza lentamente.
¿Por qué los precios no se detienen ante una caída de consumo tan notoria, un dólar tranquilo y una emisión monetaria que el Gobierno decidió frenar cuando asumió Guido Sandleris en el Banco Central?
Algunos economistas creen que hay en estos momentos un componente especulativo y de ajuste tardío de precios que demorará en debilitarse y que le dan una inercia a la inflación, más allá de que sus fuentes originales de energía ya no están encendidas.
El economista de la Escuela de Chicago Milton Friedman solía explicar en un puñado de minutos que la inflación no siempre reacciona a la velocidad que los gobiernos necesitan, una vez que se toman las medidas correctas para combatirla. Y recordaba el caso Japón, en el arranque de los ‘70. En aquel momento, el país de oriente sufría un proceso de incremento generalizado de precios que fue adjudicado a una constante emisión monetaria. Friedman aseguró que el gobierno de Japón supo cómo corregir eso, aunque la transición sería dolorosa. Apagó la máquina de imprimir billetes para frenar la expansión de la base monetaria y al poco tiempo la economía ingresó en recesión. En 1973 y 1974 se dio el momento de mayor tensión, con una inflación muy elevada, aunque ya la emisión se había desacelerado fuertemente, y la economía caía por el “freno de mano” aplicado. Friedman destacó al analizar el caso Japón que las autoridades sostuvieron el timón y “lograron encauzar la situación hacia una baja de inflación y una economía más sana”. Demoraron cinco años en extraer el problema de la economía.
El recordado especialista destacó que “la inflación es como el alcoholismo: cuando se comienza a beber o a emitir demasiado dinero, los efectos buenos vienen al principio, mientras los efectos malos llegan más tarde. Por eso en ambos casos existe una fuerte tentación a exagerarlo, beber demasiado e imprimir demasiado dinero. Pero cuando llega la cura es todo lo contrario”, alertó Friedman. Y agregó: “Cuando se deja de beber o de imprimir dinero, los malos efectos llegan primero y los buenos, más tarde y por eso es tan difícil persistir con la cura”, explicó el economista que fue uno de los fundadores de la Escuela de Chicago. Incluso recordó que en los Estados Unidos cuatro veces después de 1957 iniciaron “la cura” pero “en ninguna se impuso la voluntad de continuarla. Entonces como resultado tuvimos siempre los malos efectos y ninguno de los buenos”. Friedman aseveró que Japón, sosteniendo las medidas, fue recién capaz de cosechar los beneficios a partir de 1978, con baja inflación y una economía en alza. Por último, según apuntó, “no hubo nada particular en Japón. Cada país que tuvo la voluntad de persistir en un crecimiento lento de la emisión monetaria fue capaz de curar la inflación y al mismo tiempo lograr una economía sana”.
Cuando Sandleris asumió en la entidad monetaria, apoyado en la teoría Friedman, bajó la llave de la máquina de imprimir pesos, que fue la forma en que el Estado se financió en los últimos años. Pero en Argentina, el freno de la emisión no fue acompañado con una caída de la necesidad de financiamiento. Esto último se mantuvo sin grandes modificaciones y eso llevó a que se cambiara la fuente de alimentación: no fue la emisión sino la deuda la que permitió no bajar el gasto, que había sido otro compromiso. Eso se reforzó con con una mayor presión tributaria, para garantizar recaudación que evite pasar la tijera por el lado de las erogaciones. Ese es hoy otro de los reclamos centrales de las empresas, en especial las pymes, que viven entre un mercado que se derrumbó y una presión tributaria en ascenso, con un nivel asfixiante. Un efecto pinza demoledor.
El consumidor, en tanto, padece los implacables efecto de los precios, que paga con caída constante de su poder adquisitivo. Es una regla inevitable que los ajustes salariales corren siempre por detrás de la inflación en el mediano y largo plazo.
No hay dudas de que el Gobierno no acertó en sus primeros tres años con la política antiinflacionaria, que además explotó en 2018 por el impacto de la devaluación. Después decidió aplicar la teoría Friedman, pero los tiempos no le alcanzarán para ver los beneficios. Por ahora todo lo que se ve son números en rojo, en un escenario electoral que empieza a correr tan rápido como los precios.