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La mejora del empleo, en duda por la sequía

Por Gonzalo Dal Bianco

El Gobierno logró hilvanar en la semana dos buenas noticias: la baja del desempleo y la ratificación del crecimiento de la economía durante 2017 del 2,9 por ciento.

Le cuesta a la Casa Rosada articular espaldarazos desde lo económico. Más bien tuvo hasta aquí más reveses que aciertos. Pero los números del mercado laboral tienen una tendencia positiva y así lo ratificó el Indec en el estudio que dio a conocer a mitad de semana en el que mostró a nivel nacional una tenue baja de la desocupación al caer del 7,6% al 7,2%. Pero en sí mismo ese valor no sería positivo sino se tuviera en cuenta que la tasa de actividad global mejoró del 45,3% al 46,4%. Eso implica que más gente se incorporó al mercado laboral. De hecho, de acuerdo a los datos del Indec, una cantidad mayor de la que se incorporó a la búsqueda terminó consiguiendo. Es decir que se emplearon los que salieron a buscar y otros que venían buscando desde antes. Por eso, si bien creció la tasa de actividad, la desocupación cayó, aunque sea levemente. Concretamente, la masa laboral del país es de 12,8 millones de personas frente a los 12,4 millones de un año atrás; pero los desocupados bajaron de 937 mil a 926 mil.

En el caso de Río Cuarto los datos son aún más contundentes. Sin embargo, hay algunos indicios que no los terminan de hacer fiables. Los especialistas en este tipo de estadísticas desconfían del vuelco positivo que muestra el Indec para el conglomerado que además integran Holmberg y Las Higueras. Creen que la muestra es demasiado volátil y, por lo tanto, si bien la tendencia puede ser correcta, el dato de coyuntura podría estar algo distorsionado. El informe mostró por ejemplo que la desocupación pasó del 9,1% del cierre de 2016 al 5,7% en diciembre pasado. Al igual que en el plano nacional, la mejora se dio aun con incrementos en la tasa de actividad. En ese ítem, Río Cuarto es la mejor ciudad del país después de Capital Federal, que está claro que tiene indicadores más europeos que de estos lares. La tasa llegó al 49%. Esto quiere decir que casi la mitad de su población total está ocupada o buscando empleo. Vale recordar que para la estadística es desocupado sólo aquel que no tiene trabajo y busca activamente. En ese grupo hay 5 mil riocuartenses, frente a los 8 mil de un año atrás.

Cuando se indaga sobre las razones que promovieron esa mejora en el mercado laboral se escuchan disparatadas razones como aquellas que se lo asignan a la reforma de la Ley de ART del año pasado, que aún intenta avanzar entre las comisiones médicas y el nuevo proceso que impone el sistema reformado. También se escucharon expresiones oportunas de adjudicación de responsabilidades sobre lo ocurrido que distan de ser plenamente verosímiles.

La complejidad del mercado laboral obliga a abandonar explicaciones simplistas de los motivos que llevan a las cifras a modificarse. No obstante, hay un consenso sobre los motores principales que podrían haber impulsado esta mejora: la industria, la construcción en particular, y el campo.

El año pasado fue bueno para los tres sectores en general y también sumaron para que el resultado de la actividad económica haya mostrado un crecimiento de casi 3 puntos. Y, aunque al interior de cada uno hubo contrastes importantes, en promedio traccionaron para generar empleo.

En el caso de la construcción el crecimiento fue notorio y estuvo impulsado primero por la obra pública, pero luego se acopló también el sector privado. Ambos sostuvieron balances positivos a lo largo de 2017, con récord de despacho de cemento y asfalto, dos indicadores clave para interpretar el ritmo de actividad.

En Córdoba, el gobernador Juan Schiaretti remarcó el día que se conocieron las estadísticas con mejoras en el empleo de la capital provincial que  su gobierno tenía fuerte responsabilidad por las diferentes obras que realizan. Aseguró que hay allí unos 40 mil puestos de trabajo. Sin dudas eso contribuyó, aunque claramente no fue el único factor.

Pero lo que el último informe del Indec no muestra, y habrá que esperar al martes de la próxima semana para tener el dato, es la calidad del empleo que se generó. Como se sabe, la precariedad laboral es una característica de estos tiempos en Argentina. Y la construcción no es un rubro que garantice plenamente empleo formal. A su vez, las estadísticas al campo en este sentido tampoco le son favorables. Sin embargo, en el agro la generación puede no ser directa sino más bien en eslabones vinculados a la agroindustria, en donde allí sí hay otro tipo de calidad en las fuentes laborales.

Pero la información de diciembre puede que en este arranque de otoño ya haya iniciado un proceso de mutación.

En eso hay algunos factores que encienden alarmas. Uno clave es la sequía. Las proyecciones sobre la cosecha gruesa no paran de recortar las toneladas esperadas a medida que transcurren las semanas. La última estimación surgida desde la Bolsa de Cereales de Buenos Aires planteó que, después de una década, se espera una cosecha de soja menor a los 40 millones de toneladas. Cuando arrancó el proceso en septiembre, se esperaban al menos 54 millones. El año pasado se cosecharon 57,5 millones. Eso tendría al menos un impacto de 3.436 millones de dólares si se suma también la caída registrada por el mismo motivo en el maíz. Los productores resignarían US$ 1.078 millones, el Estado (vía retenciones y Ganancias) unos US$ 1.174 millones y los demás eslabones vinculados, unos US$ 1.185 millones adicionales. Todo ese dinero y ese menor volumen de granos irremediablemente tendrá traducción en las fuentes laborales. Por eso es posible que incluso una parte impacte en la construcción, que podría desacelerar en parte su crecimiento. El vínculo entre agro y ladrillos es directo. Y así como es determinante en los ciclos positivos, esta vez el impacto podría ir en sentido contrario.