Los desafíos económicos que anidan tras las urnas
En medio de una prolongada recesión, la situación social y laboral desafía a los principales candidatos a delinear políticas para el 10 de diciembre. La industria, la construcción y el consumo siguen en la pendiente. La polémica por el tipo de cambio y la inflación. Por Gonzalo Dal Bianco
El primer mojón electoral finalmente llegó. Mañana los argentinos volverán a las urnas para participar de las Primarias, que tendrán un impacto mucho más profundo que el que plantea su nombre y el que establece la norma electoral. Es una incógnita que se conocerá mañana a la medianoche si esta vez las encuestas se acercarán a la realidad o si, como en muchas otras ocasiones, hay sorpresa en el país por las indescifrables razones que mueven la voluntad del electorado. Muchos encuestadores dudan de sus estudios y dejan la puerta abierta a “conductas encubiertas”.
Lo cierto es que más allá de eso hay una serie de certezas sobre el escenario. Y entre las principales aparecen las enormes dificultades económicas que esperan soluciones hacia adelante. Gane quien gane no le esperará un camino de rosas por delante.
Una economía que sigue acumulando una recesión importante, con sectores que no logran encontrar el piso de la caída, es el marco general sobre el que se montan numerosos desafíos. Entre ellos, los fiscales que también son parte del debate a partir de algunas observaciones de un dólar subvaluado. ¿Qué pasa si la cotización va hacia arriba? En primer lugar, el peso de la deuda contraída se hará más difícil de afrontar y no habría que olvidar que los compromisos están a la vuelta de la esquina y son de envergadura. Eso a su vez complicaría las afamadas metas de equilibrio fiscal. Pero además, generaría un recalentamiento de los precios, que en Argentina son hipersensibles a lo que dicen las pizarras cuando el dólar sube; y son insensibles si hay algún retroceso de la moneda norteamericana. Lo sufrieron Kicillof, Prat Gay y Dujovne, por mencionar algunos de los últimos ministros de Economía. Incluso los tres afirmaron en su momento que no había por qué temer a que la devaluación pasara a las góndolas. Los tres funcionarios se chocaron de frente contra la realidad. Permitir un recalentamiento inflacionario sobre una base actual del 53 por ciento anual es demasiado riesgoso. Los costos sociales serían cuantiosos, sobre una base muy delicada de desocupación en ascenso y pobreza en plena escalada.
Si bien es cierto que la hiperpolarización de la campaña no dejó propuestas sobre la mesa de ninguna de las dos listas mayoritarias que permitan conocer en detalle qué piensan hacer con este cóctel, ambos sectores deberían estar ya elaborando respuestas. No hay más tiempo para seguir a la espera de soluciones ni margen para ensayar esquemas de prueba y error. Tal vez ese fue el mayor déficit de este tramo de la campaña.
Ante la principal preocupación del electorado, que insiste con la agenda económica, resulta curioso que no haya demasiadas propuestas en ese sentido. Es posible que rumbo al 27 de octubre la situación cambie y los candidatos empiecen a mostrar sus cartas. Sería bueno que eso ocurra y que se escuchen menos eslóganes vacíos y más información para saber qué rumbo piensan tomar.
Ambos sectores políticos mostraron serias dificultades en el manejo económico a tal punto que la Argentina cumple 8 años sin crecimiento de su PBI. Si eso se cruza con el incremento poblacional da como resultado que cada argentino es en promedio más pobre que en el comienzo de 2011. La Argentina sigue perdiendo terreno en la comparación internacional cuando se toman esos indicadores que describen el tamaño de su economía.
“Las tarifas” es otro capítulo sobre el que se deberán tomar decisiones a partir del 10 de diciembre. De una banquina a la otra, el sector pasó de ser hipersubsidiado a una política de subsidio cero, que no terminó de concretarse. El resultado fue que las facturas pasaron de ser de 50 pesos bimensuales en Puerto Madero, a miles de pesos mensuales para una familia tipo en el interior. Ni uno ni otro esquema es factible de sostenerse.
El Gobierno estaba confiado de que a esta altura iba a tener más datos positivos para mostrar en plena carrera electotral, pero sus pronósticos tampoco fueron un fuerte en la gestión. El Indec dio a conocer esta semana que tanto la industria como la construcción volvieron a caer. Son dos motores enormes que además muestran una capacidad de empleo muy elevado. Cuando entran en la pendiente, el desprendimiento de mano de obra es igual de importante. Por supuesto que el consumo también continúa en caída y esta semana lo ratificó la Fedecom en la provincia y el Cecis en la ciudad, más allá del anabólico del Ahora 12, que recortó en parte la pérdida de ventas del comercio y los servicios. Es el tercer sector que espera respuestas para repuntar mientras crece la cantidad de locales vacíos.
Parece un tanto obvia la necesidad de recomponer ingresos en la población que viene perdiendo poder de compra y por eso recortando gastos de manera incesante. Esa propuesta se escuchó en campaña, pero los candidatos todavía no blanquearon cómo piensan mejorar eso, si es que ya tienen la respuesta.
El único motor encendido sigue siendo el campo, con más capacidad de empujar en el interior productivo que en las grandes ciudades. Por eso es posible que la actividad económica se recupere en parte antes en Río Cuarto que en el conurbano bonaerense. Aunque eso todavía está por verse.
Lo cierto es que más allá de eso hay una serie de certezas sobre el escenario. Y entre las principales aparecen las enormes dificultades económicas que esperan soluciones hacia adelante. Gane quien gane no le esperará un camino de rosas por delante.
Una economía que sigue acumulando una recesión importante, con sectores que no logran encontrar el piso de la caída, es el marco general sobre el que se montan numerosos desafíos. Entre ellos, los fiscales que también son parte del debate a partir de algunas observaciones de un dólar subvaluado. ¿Qué pasa si la cotización va hacia arriba? En primer lugar, el peso de la deuda contraída se hará más difícil de afrontar y no habría que olvidar que los compromisos están a la vuelta de la esquina y son de envergadura. Eso a su vez complicaría las afamadas metas de equilibrio fiscal. Pero además, generaría un recalentamiento de los precios, que en Argentina son hipersensibles a lo que dicen las pizarras cuando el dólar sube; y son insensibles si hay algún retroceso de la moneda norteamericana. Lo sufrieron Kicillof, Prat Gay y Dujovne, por mencionar algunos de los últimos ministros de Economía. Incluso los tres afirmaron en su momento que no había por qué temer a que la devaluación pasara a las góndolas. Los tres funcionarios se chocaron de frente contra la realidad. Permitir un recalentamiento inflacionario sobre una base actual del 53 por ciento anual es demasiado riesgoso. Los costos sociales serían cuantiosos, sobre una base muy delicada de desocupación en ascenso y pobreza en plena escalada.
Si bien es cierto que la hiperpolarización de la campaña no dejó propuestas sobre la mesa de ninguna de las dos listas mayoritarias que permitan conocer en detalle qué piensan hacer con este cóctel, ambos sectores deberían estar ya elaborando respuestas. No hay más tiempo para seguir a la espera de soluciones ni margen para ensayar esquemas de prueba y error. Tal vez ese fue el mayor déficit de este tramo de la campaña.
Ante la principal preocupación del electorado, que insiste con la agenda económica, resulta curioso que no haya demasiadas propuestas en ese sentido. Es posible que rumbo al 27 de octubre la situación cambie y los candidatos empiecen a mostrar sus cartas. Sería bueno que eso ocurra y que se escuchen menos eslóganes vacíos y más información para saber qué rumbo piensan tomar.
Ambos sectores políticos mostraron serias dificultades en el manejo económico a tal punto que la Argentina cumple 8 años sin crecimiento de su PBI. Si eso se cruza con el incremento poblacional da como resultado que cada argentino es en promedio más pobre que en el comienzo de 2011. La Argentina sigue perdiendo terreno en la comparación internacional cuando se toman esos indicadores que describen el tamaño de su economía.
“Las tarifas” es otro capítulo sobre el que se deberán tomar decisiones a partir del 10 de diciembre. De una banquina a la otra, el sector pasó de ser hipersubsidiado a una política de subsidio cero, que no terminó de concretarse. El resultado fue que las facturas pasaron de ser de 50 pesos bimensuales en Puerto Madero, a miles de pesos mensuales para una familia tipo en el interior. Ni uno ni otro esquema es factible de sostenerse.
El Gobierno estaba confiado de que a esta altura iba a tener más datos positivos para mostrar en plena carrera electotral, pero sus pronósticos tampoco fueron un fuerte en la gestión. El Indec dio a conocer esta semana que tanto la industria como la construcción volvieron a caer. Son dos motores enormes que además muestran una capacidad de empleo muy elevado. Cuando entran en la pendiente, el desprendimiento de mano de obra es igual de importante. Por supuesto que el consumo también continúa en caída y esta semana lo ratificó la Fedecom en la provincia y el Cecis en la ciudad, más allá del anabólico del Ahora 12, que recortó en parte la pérdida de ventas del comercio y los servicios. Es el tercer sector que espera respuestas para repuntar mientras crece la cantidad de locales vacíos.
Parece un tanto obvia la necesidad de recomponer ingresos en la población que viene perdiendo poder de compra y por eso recortando gastos de manera incesante. Esa propuesta se escuchó en campaña, pero los candidatos todavía no blanquearon cómo piensan mejorar eso, si es que ya tienen la respuesta.
El único motor encendido sigue siendo el campo, con más capacidad de empujar en el interior productivo que en las grandes ciudades. Por eso es posible que la actividad económica se recupere en parte antes en Río Cuarto que en el conurbano bonaerense. Aunque eso todavía está por verse.