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Primeros apuntes sobre las medidas que se vienen

El presidente electo Fernández presentó ayer a su gabinete, nombró a Martín Guzmán como ministro de Economía y anticipó que prepara suba de jubilaciones, de los salarios más retrasados y que no habrá congelamiento de precios. Tiró flores al campo.  Por Gonzalo Dal Bianco

Dos áreas clave de la gestión de Alberto Fernández debieron esperar hasta último momento para conocer quiénes serían sus responsables: Economía y Agricultura. No eran dos áreas cualquiera, más allá de la relevancia de las demás.

En el complejo escenario que deberá asumir el próximo gobierno nacional, esos eran dos despachos calientes que requerían de una fina elección porque el margen de error es estrecho, o casi nulo.

El primero claramente con una agenda que tiene innumerables ítems, comenzando por la deuda, la inflación, la crítica situación social, la recesión, las tasas de interés y la consecuente falta de crédito, la pérdida de empleo y el marcado deterioro del poder adquisitivo de los argentinos con ingresos fijos que impactó de lleno en el mercado interno y afectó a pymes de todo el país. Martín Guzmán, el elegido por Fernández para hacerse cargo de Economía, residía en Estados Unidos y era docente en Columbia. Aunque su lado más conocido en estas últimas semanas en las que irrumpió en la escena pública sea ser discípulo y cercano al premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz. Stiglitz es uno de los economistas más citados por Cristina Fernández de Kirchner y un hombre que ocupó buena parte de su carrera en desentrañar los complejos problemas de la desigualdad en el mundo.

A medida que el nombre de Guzmán comenzó a estar cerca de Albeto Fernández, el electo presidente comenzó a expresar la idea de rechazar los próximos desembolsos del Fondo Monetario Internacional (FMI). Como se recordará, el organismo internacional acordó con el actual Gobierno un préstamo stand by que es el más grande que haya entregado hasta aquí. Sin embargo, una parte de los 57 mil millones de dólares totales, aún no fue girada a la Argentina. Ese cupo restante es que el Fernández dice no querer. “No podemos salir de un problema de deuda aumentando nuestra deuda”, remarcó una y otra vez en las últimas semanas.

En esa línea, Guzmán anticipó algunas de sus ideas que evidentemente guiaron las últimas definiciones de Fernández. Para Guzmán, un especialista en reestructuración de deuda, materia sobre la que enseña e investiga, es factible no sólo negociar un esquema de postergación de pagos de intereses y capital al menos por 2020 y 2021 mientras se activan políticas para reactivar la alicaída economía nacional. “Cada dólar que se paga de deuda es la ratificación de la recesión”, remarcó hace poco el nombrado ministro de Economía.

Alberto Fernández confirmó esa idea al señalar que “para pagar, la economía debe ponerse en marcha”.

La deuda es un tema que requiere de una rápida resolución. Ayer, mientras anunciaba su gabinete, el presidente electo admitió que hay conversaciones abiertas con las autoridades del FMI desde hace semanas y que es un tema sobre el que vienen trabajando, pero prefiere que sea en silencio, sin hacer demasiado ruido. Hay quienes deslizaron en las últimas horas que el propio Stiglitz está involucrado en esa materia.

Mucho más acá y más tangible, el bolsillo de los argentinos es otro punto crítico que debe afrontar el próximo equipo económico. Fernández ratificó ayer que habrá medidas para los jubilados y los asalariados con ingresos más bajos, posiblemente por debajo de los $35.647,66, que es la línea de la pobreza que dio a conocer el Indec en su último informe correspondiente a octubre. Son muchos los trabajadores que no llegan a cobrar esa cifra a fin de mes, lo que muestra una característica que se agudizó: muchos pobres tienen empleos formales, y aún siendo profesionales. El 41 por ciento de los argentinos está por debajo de esa línea, lo que configura el desafío más relevante de la próxima gestión.

Atado a eso, y vinculado a la inflación, Fernández anticipó también que no habrá congelamiento de precios, algo que había sido cuestionado porque no hay antecedentes en la historia que muestren éxito de esa medida, salvo de manera muy esporádica. Pero al mismo tiempo, el presidente electo advirtió algo que comenzó a percibirse en las últimas semanas: los denominados “aumentos preventivos” y que en realidad fueron abusos de algunos sectores que al existir la posibilidad de un congelamiento de precios comenzaron a aplicar subas de productos para anticiparse. En los supermercados fueron evidentes y muy significativos. Fernández está convencido de que entre las múltiples causas inflacionarias hay una cuota importante de especulación, y por eso a renglón seguido remarcó que “necesitamos del esfuerzo de todos, que todos aporten para salir lo más pronto que se pueda de esta situación”.

Hubo dos ejes relevantes más para el interior y Córdoba en particular. En primer lugar, cuando Alberto Fernández ratificó al formoseño Luis Basterra en Agricultura, destacó que el campo ayuda mucho a la economía argentina y que el funcionario deberá hacer todo lo posible para lograr mayor desarrollo de ese sector. “Necesitamos generar cada vez más dólares y las embajadas deben ser promotoras permanentes de nuestros productos en todo el mundo”, pidió Fernández al apuntar al flamante canciller Felipe Solá.

Por último, también se dio un espacio para hablar de Transporte, donde iba a desembarcar el senador por Córdoba Carlos Caserio y finalmente llegó Mario Meoni. El presidente señaló que “es necesario terminar con las inequidades en el sistema, que tiene subsidios concentrados en Buenos Aires”. Fue el diagnóstico vinculado a las tarifas en general que tuvo Mauricio Macri en su momento y que atenuó sólo parcialmente. 

Fernández prometió revertirlo.