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¿Puede el Gobierno transmitir que es capaz de mejorar la economía?

Es el desafío que enfrenta para crecer en las encuestas que le dan claramente en desventaja frente a la dupla de los Fernández. La actividad sigue en baja y apenas el campo promete empuje. Su apuesta central es contener el dólar y así desacelerar la inflación.  Por  Gonzalo Dal Bianco

Los primeros fríos se llevaron los incipientes brotes verdes que algunos analistas veían tras tres meses seguidos de un tibio repunte intermensual en el Estimador Mensual de Actividad Económica conocido como Emae.

Había en el oficialismo una esperanza que se tradujo en una frase ya repetida en innumerables ocasiones: “Lo peor ya pasó”. Claro que a esta altura esa frase entusiasmó poco a un público que pasó por segundos semestres, brotes verdes y otro varios tipos de promesas incumplidas. El desgaste que sufrió la credibilidad de esos anuncios fue tan contundente como la caída en la intención de voto de Cambiemos o la imagen del presidente Mauricio Macri.

A la gestión nacional la condena la economía, lo que era en sus inicios una segura fortaleza por el desembarco de “expertos” dentro del equipo de Gobierno. Sin embargo, luego de una primera serie de logros anotados, llegaron los fracasos en cadena asociados al control de la inflación y el tipo de cambio, que junto a la multiplicación de las tarifas demolieron el poder de compra de las clases medias y medias bajas y deterioraron fuertemente el mercado interno que aún sigue en la pendiente. Eso tuvo traducción en las pymes que se vieron acorraladas entre el derrumbe de las ventas y la suba de costos que pusieron patas para arriba sus ecuaciones.

Lo cierto es que esta semana el Emae de marzo mostró una caída contundente del 6,8% interanual. Pero en términos intermensuales bajó 1,3% contra febrero y rompió las esperanzas que habían acumulado diciembre (+0,4), enero (+0,5%) y febrero (+0,1%).

Según el análisis de la consultora Management & Fit, las renovadas presiones cambiarias junto con la aceleración de la inflación y el alza en las tasas de interés quebraron con el ciclo de recuperación iniciado en diciembre. Los datos de la industria y la construcción habían anticipado el quiebre, pero el desenlace fue peor de lo esperado. El trimestre registró una contracción del 0,2% respecto al cierre del 2018 rompiendo con el relato del Gobierno en torno al piso de la recesión. Hacia adelante, el horizonte no es esclarecedor.

Al interior de los números de marzo hay poco para celebrar porque la mayoría de los sectores fueron a la baja. Fueron 6 sobre un total de 15 los que tuvieron crecimiento, encabezados por el Agro y la Pesca con 1,4% y 1,3%, respectivamente. Los demás, Hotelería (0,6%), Transporte y Comunicaciones (0,2%), Educación (0,2%) y Salud (0,1%). Las peores caídas fueron para Construcción (4,9%) e Industria (4,5%).

En este último grupo hay algunos que intentan hacer pie, como los fabricantes de maquinaria agrícola que con implementos y sembradoras en alza buscan compensar las caídas en tractores y cosechadoras. Ese rubro tiene el empuje de una supercosecha, pero los resultados están lejos de ser los esperados por el contexto de falta de créditos que provoca efectos negativos en dos direcciones: los compradores no tienen posibilidades de financiar y las empresas deben postergar inversiones y eso atenta contra su competitividad futura. Y hoy eso no aparece con una solución cercana debido a que las tasas de interés son el ancla para tener frenado el dólar. Y al tipo de cambio se abraza el Gobierno para tener chances electorales. Si se mueve la cotización hacia arriba eso tendrá impacto en la inflación.

Claramente la economía es su talón de Aquiles y eso lo muestran incluso las encuestas. La última, que se conoció entre jueves y viernes, corresponde a Gustavo Córdoba y refleja cómo los dos principales problemas de los argentinos hoy son la inflación y la pérdida de empleo. En tercer lugar aparece la corrupción y luego el endeudamiento y la pobreza. No es casualidad la preponderancia que tiene la crisis económica y sus efectos.

Ante ese panorama el oficialismo debe remontar un terreno cargado de dificultades porque tiene que convencer al electorado de que ahora sí sabe cómo hacerlo, aunque cargue con un nivel de credibilidad bajo. ¿Podrá el Gobierno en esas circunstancias generar expectativas de que es capaz de revertir lo que no pudo en su primer mandato?

El hecho de que las principales preocupaciones de la población sean de índole económico, a excepción del tercer punto, claramente no juega a favor de la Casa Rosada, salvo que encuentre un oasis en los meses que quedan por delante. Y para eso hay una tabla que es el campo.

Según la consultora, pese al registro de marzo, entrado el segundo trimestre el agro tomaría más protagonismo para empezar a consolidar el proceso de expansión. De hecho, los últimos datos de la Secretaría de Agroindustria sustentan esta idea. La campaña de girasol finalizó con una producción de 3,8 millones de toneladas, lo que representa un alza del 7,6% respecto a la campaña anterior. Por su parte, los pronósticos respecto a la producción de maíz subieron para ubicarse en 56 millones de toneladas (+28,9%), mientras que las proyecciones para la soja continúan en 55,9 millones de toneladas (+48%). Eso permite imaginar una mayor tracción del campo, aunque la duda es hasta dónde llegará ese empuje y qué tan perceptible será para el grueso de la población, especialmente de la clase media votante de Macri.