Opinión | gonzalo-dal-bianco

Resabios de un rebote que quedó en el terreno del amague

El segundo trimestre del año alcanzó a mostrar algún indicio de mejora en la actividad económica, pero el rebrote de la crisis que regresó el 12 de agosto echó por tierra cualquier continuidad de aquella tendencia positiva en la economía. Por Gonzalo Dal Bianco
 
Con la sensación de que tal vez pudo ser, pero nunca se pudo materializar plenamente. Con los indicios cercanos de un segundo semestre que nunca llegó. Con los brotes verdes que se marchitaron definitivamente. Así concluye la actual gestión del presidente Mauricio Macri que cerrará con una excepción: 2017. Fue el único año en el que la economía dio respiro y mostró un crecimiento de un puñado de sectores, de la mano de un dólar atrasado que permitió una menor presión sobre los precios y  finalmente alguna recuperación a los salarios que habían transitado un 2016 en desventaja con el movimiento que se había dado en las góndolas. Ya en abril de 2018 todo cambió. La corrida cambiaria impulsó fuerte la cotización del billete norteamericano y los desajustes volvieron a ganar protagonismo de la mano de una crisis que, con algún paréntesis transitorio, se extendió hasta estos días. Uno de esos períodos de tiempo que permitieron ilusionar al oficialismo se dio en el segundo trimestre de este año. No hay dudas de que luego de un comienzo de año agitado, el tramo abril-junio ofreció alguna señal positiva. Y esta semana el Indec se ocupó de confirmarlo al difundir dos indicadores importantes: el de empleo y el de actividad económica. Este último, con una leve mejora del 0,5%. Ya el hecho de frenar la caída era positivo después de tanto derrape. Por su parte, el mercado laboral expuso contrastes. Pero para el Gran Río Cuarto hubo mejoras. El conglomerado local, que también incluye a Holmberg y Las Higueras, no sólo que mostró crecimiento de su mercado laboral con más personas participando activamente, sino que creó empleo y hasta bajó la informalidad. Siempre en ese segundo trimestre y según los datos del Indec, cuyo muestreo local está puesto bajo la lupa por investigadores y especialistas debido a cierta volatilidad que evidencia la serie histórica. De todos modos, y sin posibilidad de demostrar fehacientemente que los datos no son reales, los técnicos consideran factible que el desempleo del Gran Río Cuarto se ubique bastante por debajo del nacional debido al amortiguador local de la actividad agropecuaria. Y eso se explica básicamente porque la economía riocuartense es mucho más dependiente del campo que la media nacional o de la capital provincial. Aquí, cuando al campo le va bien los beneficios son algo más palpables que en el promedio del país, del mismo modo que ante un mal año de la producción, las consecuencias se sienten y son más profundas. Por eso cabe la posibilidad de que en la ciudad y la zona el contraste de 2018 y 2019 en términos de cosecha se refleje en indicadores económicos. El ciclo agropecuario del año pasado fue malo por la gran sequía que derrumbó los rendimientos de los granos, mientras que la campaña que cerró hace pocas semanas llegó con valores récords, tanto de cereales como de oleaginosas. Como el campo es procíclico para Río Cuarto, es entendible que el año pasado aquí se haya registrado una caída más notoria de la actividad, mientras que en este 2019 se pudo haber dado una recuperación mayor.

De todos modos, la cosecha récord sirvió también para mostrar que con el campo sólo no alcanza. Ni los 147 millones de toneladas de granos fueron suficientes para sacar al país de la crisis que viene transitando desde abril del año pasado.

El espejismo duró apenas el segundo trimestre del año y localizado más en el interior productivo que en las grandes ciudades. De hecho, el desempleo nacional creció con respecto a un año atrás el 1% al pasar del 9,6% al 10,6%. Por eso el contraste con Río Cuarto.

Aquí también hay otro factor importante por el cual se pudo dar esa realidad opuesta. Y hasta se puede completar con lo que reflejaron los datos de Córdoba: es el peso de la industria en los distintos niveles de análisis. En Río Cuarto hay una menor incidencia y frente a un sector tan castigado por la crisis, eso termina siendo beneficioso. Las fábricas de casi todos los rubros tuvieron que desprenderse de personal en los últimos meses por la falta de reacción económica, pero en la ciudad, al contrario del campo, su impacto es menor que en el promedio nacional. Lo contrario ocurre en Córdoba, donde el aparato productivo industrial tiene fuerte relevancia.

De todos modos, aquellos datos del Indec, que se conocieron esta semana pero que corresponden al segundo trimestre, quedaron mucho más viejos después del 11 de agosto. A partir de allí otra vez la economía comenzó a caer y los pocos brotes que entusiasmaban a la Casa Rosada se secaron ante la fulminante helada de aquel domingo. La nueva corrida cambiaria desató otro caos que tuvo al dólar como protagonista ya sin pausa. Primero por su valor en las pizarras, después por las medidas que debió adoptar el Gobierno y finalmente por la fuga récord que se produjo. Por eso, la gestión del presidente Macri intenta tapar todos los agujeros por los cuales se vuelan los billetes verdes en un intento desesperado por no consumir el stock de reservas del Banco Central, mientras espera que el desembolso pendiente del FMI le otorgue algo de alivio.