Resignación empresaria: reactivar, tarea del próximo gobierno
Aunque no saben quién puede ganar las elecciones, admiten que no hay tiempo ni indicadores para mejorar la situación. Por eso, optan por postergar decisiones que aportan a que el repunte de la actividad ya se enfoque en el 2020. Por Gonzalo Dal Bianco
“No hay que esperar demasiados cambios en los meses que vienen. La tasa no va a bajar porque el Gobierno se juega su reelección a que el dólar se mantenga sin cambios para tratar de desacelerar la inflación e intentar reactivar algo la economía. En el mejor de los casos, el panorama actual va a ser el que se replique en los próximos meses”. Fue la interpretación que realizaron los industriales cordobeses el último lunes luego de escuchar las palabras del ministro de la Producción, Dante Sica, durante un encuentro en el que además participaron Guillermo Dietrich, de Transporte, y el ministro provincial Roberto Avalle.
Ayer el presidente de la Unión Industrial de Córdoba, Marcelo Uribarren, sinceró esa lectura: “Lo mejor que puede pasar hasta fin de año es que la situación económica no empeore”. Para el dirigente, no hay indicadores que les permitan imaginar cambios importantes. Salvo algunos sectores puntuales como el software o ramas de la maquinaria agrícola -no todas-, no hay otros que encuentren números positivos.
De allí que el presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Miguel Acevedo, haya dicho esta semana que este es el peor momento de las empresas fabriles.
Según el Indec, la producción manufacturera cayó 8,5% anual en abril y acumula un año en retroceso. La lectura positiva es que, luego del freno de marzo, la industria se expandió 2,3% mensual (sin estacionalidad), devolviendo algo de entusiasmo al Gobierno.
De todas maneras, el último informe de la consultora Management & Fit advierte que esa mirada resulta apresurada para confirmar la consolidación del proceso de reactivación económica. “La experiencia reciente invita a la cautela, cuando en enero y febrero se produjo una dinámica similar y la volatilidad cambiaria de marzo terminó por disipar aquella ilusión. De hecho, más allá de la estabilidad del tipo de cambio y del derrame de la cosecha sobre la industria, no hubo indicios de reactivación en el resto de los sectores. Los bienes destinados a la inversión, junto con la producción de bienes durables, siguen siendo los más castigados, con caídas por encima del promedio para la mayoría de los casos”, explicó el informe.
Las empresas se fueron ajustando con el paso del tiempo y el famoso “Plan Aguantar”, que el economista Carlos Melconian le atribuyó al gobierno de Mauricio Macri, se instaló de lleno en las industrias. “Vamos buscando nuevos equilibrios a partir de ajustes que fuimos llevando adelante mientras esperamos que llegue el momento de la reactivación”, confió Uribarren al describir la estrategia empresaria ante una prolongada crisis. Esa es la principal característica que los empresarios destacan al describir la caída: su extensión más que su profundidad. El interrogante es cuántas podrán cruzar el torrente y llegar a la orilla. Muchas ya quedaron en el camino.
Claro que a la industria se le suman el comercio y los servicios. Esta semana tanto al Came como la Fedecom y el Cecis emitieron sus estudios sobre el nivel de actividad y todos mostraron fuertes niveles de caída. En la provincia, la Fedecom remarcó que se registró la peor baja en ventas minoristas de toda la crisis, con un recorte del 13,7% en unidades comercializadas. No hay piso y las comparaciones ya comenzaron a realizarse con meses de la corrida cambiaria de 2018.
Justamente Management & Fit recordó que “las perspectivas no son alentadoras. Más allá del efecto estadístico que empiece a jugar a favor, debido a la comparación con los meses en los que la industria entró en la fase recesiva, la caída en las ventas y el aumento en los costos limitan la capacidad de expansión. Sumado a ello, Brasil continúa ajustando las proyecciones de crecimiento. Para este año las estimaciones se recortaron a la mitad de lo esperado tiempo atrás, lo que desalienta la producción local, sobre todo del sector automotor”.
La madre de las industrias, la construcción, tampoco muestra buenos números. Y es clave porque mueve un conjunto de actividades satelitales. También el Indec mostró esta semana que en abril se contrajo por octavo mes consecutivo, al caer 7,5% anual. A diferencia de la industria, el sector de la construcción retrocedió 0,3% mensual (sin estacionalidad), profundizando la baja de marzo, cuando había caído 3,5%.
Sin sumatoria de sectores clave que empujen, a excepción del campo, la recuperación de la actividad económica demorará más de lo previsto y los empresarios ya admiten que será tarea del próximo gobierno impulsar programas y planes que definan un ciclo expansivo.
Todos coinciden en que el proceso electoral suma más incertidumbre a la crisis y la incertidumbre extrema la cautela. Eso quiere decir que nadie arriesgará demasiado en estos meses y esa conducta refuerza las expectativas de que poco mejore. En el marco de las Jornadas Granaderas que se dieron en la Expo Otoño de la Sociedad Rural Río Cuarto el jueves, el presidente de la Cámara Argentina de Feedlot, Juan Eiras, lo dijo sin muchas vueltas: “Hasta las Paso veremos extrema cautela y nadie va a tomar decisiones alrededor de los corrales. Después, veremos”, indicó el empresario ganadero.
Ayer el presidente de la Unión Industrial de Córdoba, Marcelo Uribarren, sinceró esa lectura: “Lo mejor que puede pasar hasta fin de año es que la situación económica no empeore”. Para el dirigente, no hay indicadores que les permitan imaginar cambios importantes. Salvo algunos sectores puntuales como el software o ramas de la maquinaria agrícola -no todas-, no hay otros que encuentren números positivos.
De allí que el presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Miguel Acevedo, haya dicho esta semana que este es el peor momento de las empresas fabriles.
Según el Indec, la producción manufacturera cayó 8,5% anual en abril y acumula un año en retroceso. La lectura positiva es que, luego del freno de marzo, la industria se expandió 2,3% mensual (sin estacionalidad), devolviendo algo de entusiasmo al Gobierno.
De todas maneras, el último informe de la consultora Management & Fit advierte que esa mirada resulta apresurada para confirmar la consolidación del proceso de reactivación económica. “La experiencia reciente invita a la cautela, cuando en enero y febrero se produjo una dinámica similar y la volatilidad cambiaria de marzo terminó por disipar aquella ilusión. De hecho, más allá de la estabilidad del tipo de cambio y del derrame de la cosecha sobre la industria, no hubo indicios de reactivación en el resto de los sectores. Los bienes destinados a la inversión, junto con la producción de bienes durables, siguen siendo los más castigados, con caídas por encima del promedio para la mayoría de los casos”, explicó el informe.
Las empresas se fueron ajustando con el paso del tiempo y el famoso “Plan Aguantar”, que el economista Carlos Melconian le atribuyó al gobierno de Mauricio Macri, se instaló de lleno en las industrias. “Vamos buscando nuevos equilibrios a partir de ajustes que fuimos llevando adelante mientras esperamos que llegue el momento de la reactivación”, confió Uribarren al describir la estrategia empresaria ante una prolongada crisis. Esa es la principal característica que los empresarios destacan al describir la caída: su extensión más que su profundidad. El interrogante es cuántas podrán cruzar el torrente y llegar a la orilla. Muchas ya quedaron en el camino.
Claro que a la industria se le suman el comercio y los servicios. Esta semana tanto al Came como la Fedecom y el Cecis emitieron sus estudios sobre el nivel de actividad y todos mostraron fuertes niveles de caída. En la provincia, la Fedecom remarcó que se registró la peor baja en ventas minoristas de toda la crisis, con un recorte del 13,7% en unidades comercializadas. No hay piso y las comparaciones ya comenzaron a realizarse con meses de la corrida cambiaria de 2018.
Justamente Management & Fit recordó que “las perspectivas no son alentadoras. Más allá del efecto estadístico que empiece a jugar a favor, debido a la comparación con los meses en los que la industria entró en la fase recesiva, la caída en las ventas y el aumento en los costos limitan la capacidad de expansión. Sumado a ello, Brasil continúa ajustando las proyecciones de crecimiento. Para este año las estimaciones se recortaron a la mitad de lo esperado tiempo atrás, lo que desalienta la producción local, sobre todo del sector automotor”.
La madre de las industrias, la construcción, tampoco muestra buenos números. Y es clave porque mueve un conjunto de actividades satelitales. También el Indec mostró esta semana que en abril se contrajo por octavo mes consecutivo, al caer 7,5% anual. A diferencia de la industria, el sector de la construcción retrocedió 0,3% mensual (sin estacionalidad), profundizando la baja de marzo, cuando había caído 3,5%.
Sin sumatoria de sectores clave que empujen, a excepción del campo, la recuperación de la actividad económica demorará más de lo previsto y los empresarios ya admiten que será tarea del próximo gobierno impulsar programas y planes que definan un ciclo expansivo.
Todos coinciden en que el proceso electoral suma más incertidumbre a la crisis y la incertidumbre extrema la cautela. Eso quiere decir que nadie arriesgará demasiado en estos meses y esa conducta refuerza las expectativas de que poco mejore. En el marco de las Jornadas Granaderas que se dieron en la Expo Otoño de la Sociedad Rural Río Cuarto el jueves, el presidente de la Cámara Argentina de Feedlot, Juan Eiras, lo dijo sin muchas vueltas: “Hasta las Paso veremos extrema cautela y nadie va a tomar decisiones alrededor de los corrales. Después, veremos”, indicó el empresario ganadero.