Mientras se define la relación política entre el gobierno nacional y el cordobés, después de una campaña electoral que dibujó un camino bifurcado entre Alberto Fernández y Juan Schiaretti a partir de la “prescindencia” del gobernador que fue leída por el Frente de Todos como “funcional” al macrismo, el gabinete provincial se aseguró un intenso vínculo con los principales sectores productivos de la provincia.
Para eso, Schiaretti hizo un guiño y aceptó sumar dos piezas dentro de su equipo a pedido de dos sectores potentes de la economía.
El Ministerio de Agricultura mostró varios nombres en danza a partir de una primera decisión de separar de ese cargo a Sergio Busso, que había sido electo en mayo para el Tribunal de Cuentas de la provincia. Claramente ese era un cargo para no brillar políticamente. Y el ministro del campo no es un técnico que llegó a esa cartera por trayectoria profesional. Desde la política Busso logró construir una relación cercana con la Mesa de Enlace provincial que rápidamente se acomodó a un esquema de trabajo que la mostró más en sintonía que con ruidos con el ministerio.
Por eso, cuando los referentes del campo observaron el cambio en la cartera aguardaron expectantes hasta conocer los nombres en danza. Allí circularon básicamente dos: el exministro del área, Julián López, otro hombre del sur que además condujo el ministerio en la última gobernación de José Manuel De la Sota; y también Adriana Nazario, la exdiputada nacional.
Sin embargo, los dirigentes agropecuarios comenzaron lentamente a moverse y a sugerir que veían con buenos ojos la continuidad de Busso al frente del estratégico ministerio. En El Panal aseguran que el ofrecimiento a Nazario encontró el rechazo de la exdiputada y eso robusteció las chances de Busso de continuar. El pedido de las entidades llegó a oídos de Schiaretti y el gobernador resolvió sostener esa alianza clave con el campo. A las pocas horas de asumir, la primera publicación en Twitter de Busso como ministro de Agricultura fue que trabajará en “una irrestricta defensa del sector agropecuario”.
“La verdad es que estamos satisfechos por la continuidad de Busso porque, más allá de las diferencias lógicas que tuvimos durante su gestión, entendiendo cada uno su rol, avanzamos y mucho en varios temas y encontramos siempre una buena predisposición al diálogo y al consenso que para nosotros es muy valorable”, opinó uno de los principales dirigentes agropecuarios de la provincia. Entre los puntos destacados de esa relación se encuentra el Programa de Buenas Prácticas Agropecuarias (BPA), el fideicomiso para obras que entrará en vigencia en 2020 y que permite a los productores resolver el destino de parte de sus impuestos y también el plan de consolidación de caminos, algo que requerirá aún de mucho esfuerzo debido al gran deterioro de la traza secundaria y terciaria, fruto de la erosión hídrica y eólica.
Pero el guiño al campo no fue el único que decidió otorgar Schiaretti a los sectores productivos en el arranque de su tercer mandato como gobernador. También los industriales tuvieron un gesto similar. Aunque todavía no se formalizó, está resuelto y, según fuentes del gobierno, ya conoce su oficina, el próximo secretario de Industria, que será Fernando Sibilla.
El joven dirigente viene de desempeñarse en Fadea a donde llegó de la mano del expresidente de la Unión Industrial de Córdoba (UIC), Ércole Felippa, presidente de la Cooperativa Láctea Manfrey. Felippa, afiliado y dirigente radical, logró un vínculo importante con el macrismo cuando comenzó la campaña presidencial de 2015. Y esa relación y su conocimiento de la industria lo llevaron a aceptar la presidencia de la Fábrica de Aviones. Su paso por allí duró un par de años, pero Sibilla quedó en la empresa. Su gestión en Fadea, ahora bajo la conducción de Antonio Beltramone, terminó a comienzos de la semana y de allí fue convocado por el gobernador. No fue casual.
Al igual que las entidades del campo, la UIC hizo fuerza para que la cartera de Industria tuviera a un interlocutor que garantizara un aceitado diálogo. Y el gobierno vio con buenos ojos afianzar una relación estratégica con el empresariado fabril de Córdoba. “Estamos muy contentos con la decisión del gobernador y lo entendemos como un guiño importante en un momento tan complicado como el que venimos atravesando”, confiaron desde la entidad.
Tanto las entidades del campo como la industria afrontan momentos complejos, aunque por diferentes motivos. Las primeras tienen la incertidumbre de la política nacional que al cambiar el gobierno y aún no tener los lineamientos, parece inevitable. Temen por los cambios en las retenciones, que serían un hecho en los próximos días y por lo cual ya el ministro nacional de Agricultura, Luis Basterra, se comunicó con los presidentes que integran la Mesa de Enlace. Ante ese escenario, la primera definición de Busso en Twitter fue leída por el agro cordobés como un respaldo importante.
Por su parte la industria, al igual que en todo el país, atraviesa una pendiente por ahora sin fin y celebra al menos encontrar un interlocutor válido en el gobierno provincial. Y en El Panal, mientras se resuelve la relación con la Nación, echan mano al paraguas efectivo de 2008, cuando se desató la tormenta entre el Gobierno y el agro.
El Ministerio de Agricultura mostró varios nombres en danza a partir de una primera decisión de separar de ese cargo a Sergio Busso, que había sido electo en mayo para el Tribunal de Cuentas de la provincia. Claramente ese era un cargo para no brillar políticamente. Y el ministro del campo no es un técnico que llegó a esa cartera por trayectoria profesional. Desde la política Busso logró construir una relación cercana con la Mesa de Enlace provincial que rápidamente se acomodó a un esquema de trabajo que la mostró más en sintonía que con ruidos con el ministerio.
Por eso, cuando los referentes del campo observaron el cambio en la cartera aguardaron expectantes hasta conocer los nombres en danza. Allí circularon básicamente dos: el exministro del área, Julián López, otro hombre del sur que además condujo el ministerio en la última gobernación de José Manuel De la Sota; y también Adriana Nazario, la exdiputada nacional.
Sin embargo, los dirigentes agropecuarios comenzaron lentamente a moverse y a sugerir que veían con buenos ojos la continuidad de Busso al frente del estratégico ministerio. En El Panal aseguran que el ofrecimiento a Nazario encontró el rechazo de la exdiputada y eso robusteció las chances de Busso de continuar. El pedido de las entidades llegó a oídos de Schiaretti y el gobernador resolvió sostener esa alianza clave con el campo. A las pocas horas de asumir, la primera publicación en Twitter de Busso como ministro de Agricultura fue que trabajará en “una irrestricta defensa del sector agropecuario”.
“La verdad es que estamos satisfechos por la continuidad de Busso porque, más allá de las diferencias lógicas que tuvimos durante su gestión, entendiendo cada uno su rol, avanzamos y mucho en varios temas y encontramos siempre una buena predisposición al diálogo y al consenso que para nosotros es muy valorable”, opinó uno de los principales dirigentes agropecuarios de la provincia. Entre los puntos destacados de esa relación se encuentra el Programa de Buenas Prácticas Agropecuarias (BPA), el fideicomiso para obras que entrará en vigencia en 2020 y que permite a los productores resolver el destino de parte de sus impuestos y también el plan de consolidación de caminos, algo que requerirá aún de mucho esfuerzo debido al gran deterioro de la traza secundaria y terciaria, fruto de la erosión hídrica y eólica.
Pero el guiño al campo no fue el único que decidió otorgar Schiaretti a los sectores productivos en el arranque de su tercer mandato como gobernador. También los industriales tuvieron un gesto similar. Aunque todavía no se formalizó, está resuelto y, según fuentes del gobierno, ya conoce su oficina, el próximo secretario de Industria, que será Fernando Sibilla.
El joven dirigente viene de desempeñarse en Fadea a donde llegó de la mano del expresidente de la Unión Industrial de Córdoba (UIC), Ércole Felippa, presidente de la Cooperativa Láctea Manfrey. Felippa, afiliado y dirigente radical, logró un vínculo importante con el macrismo cuando comenzó la campaña presidencial de 2015. Y esa relación y su conocimiento de la industria lo llevaron a aceptar la presidencia de la Fábrica de Aviones. Su paso por allí duró un par de años, pero Sibilla quedó en la empresa. Su gestión en Fadea, ahora bajo la conducción de Antonio Beltramone, terminó a comienzos de la semana y de allí fue convocado por el gobernador. No fue casual.
Al igual que las entidades del campo, la UIC hizo fuerza para que la cartera de Industria tuviera a un interlocutor que garantizara un aceitado diálogo. Y el gobierno vio con buenos ojos afianzar una relación estratégica con el empresariado fabril de Córdoba. “Estamos muy contentos con la decisión del gobernador y lo entendemos como un guiño importante en un momento tan complicado como el que venimos atravesando”, confiaron desde la entidad.
Tanto las entidades del campo como la industria afrontan momentos complejos, aunque por diferentes motivos. Las primeras tienen la incertidumbre de la política nacional que al cambiar el gobierno y aún no tener los lineamientos, parece inevitable. Temen por los cambios en las retenciones, que serían un hecho en los próximos días y por lo cual ya el ministro nacional de Agricultura, Luis Basterra, se comunicó con los presidentes que integran la Mesa de Enlace. Ante ese escenario, la primera definición de Busso en Twitter fue leída por el agro cordobés como un respaldo importante.
Por su parte la industria, al igual que en todo el país, atraviesa una pendiente por ahora sin fin y celebra al menos encontrar un interlocutor válido en el gobierno provincial. Y en El Panal, mientras se resuelve la relación con la Nación, echan mano al paraguas efectivo de 2008, cuando se desató la tormenta entre el Gobierno y el agro.

