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Silencios que hacen mucho ruido

La gran cantidad de homicidios ocurridos en los primeros 39 días del año son una señal de alarma que hasta aquí no fue decodificada por autoridades. En paralelo, la causa de narcolavado pone en evidencia la presencia del flagelo en la ciudad. Por Gonzalo Dal Bianco
 
La ciudad está siendo sacudida por reiterados homicidios en los barrios, una investigación sobre narcotráfico y lavado de dinero que conmueven y sorprenden, pero que de modo alguno pueden paralizar. Sin embargo, no hay voces dispuestas a levantarse desde los cómodos despachos oficiales para ensayar algún diagnóstico y mucho menos intentar proyectar una línea de acción ante el escenario en el que Río Cuarto quedó envuelta en este arranque de 2019.

Apenas transitamos 39 días del año y la sangrienta cuenta de 7 asesinatos ubican a la ciudad al tope de las estadísticas nacionales. En su mayoría jóvenes que integran esa lista de luto en la que muchos quieren ver sólo episodios aislados, disputas interpersonales y otras excusas para evitar una trabajosa mirada de profundidad que aspire a vincular los hechos y a correr el velo de un entramado que pueda correr como pólvora por detrás de cada una de las muertes. ¿No habrá hilos conductores entre, al menos, algunas de ellas? ¿No existirá un contexto común con variables, situaciones, hechos? ¿No habrá posibilidad de hacer nada?

El silencio en el que las distintas autoridades decidieron arroparse se parece mucho a la actitud del avestruz. Temerosa, es mejor no ver. Aunque también cabe una posibilidad más grave: que la actitud se desprenda de una racionalidad especulativa y que entonces se crea que emitir opinión, trazar una lectura o intentar respuestas se asimile a tener responsabilidad sobre esos hechos. En ese caso, para evitar quedar asociados con la problemática, mejor alejarse o alejarla. Para un funcionario público esta sería doblemente condenable porque iría en sentido contrario a la naturaleza de su función, que es buscar soluciones a las distintas problemáticas de la sociedad a la que debe prestar servicio.

¿No es suficientemente grave la estadística criminal del arranque de año como para dejar de lado mezquindades y mostrar una actitud amplia, destinada exclusivamente a intentar frenar una situación que parece fuera de control?

Las pocas voces que se escucharon en las últimas horas, y que salieron del Concejo Deliberante, no parecen avanzar en esa línea. Se perdieron en el camino sin salida de la chicana, de la culpa cruzada e intentaron vincular la situación con su adversario político. Poco esfuerzo por intentar soluciones a una realidad muy compleja que evidentemente exige otro tipo de trabajo y de ingenio. Pero surgió lo obvio: unos que apuntan al gobierno de Macri y el impacto de sus políticas económicas en la sociedad; y los otros que achacaron contra la Provincia por el cuestionado desempeño de las fuerzas de seguridad.

¿Puede existir independencia entre los dos temas que dominaron la agenda de la última semana, aun sin participación de las autoridades? ¿La causa que investiga el juez federal Carlos Ochoa y que corrió el velo sobre una realidad que estaba en la ciudad, en los barrios, en el centro, y que sin embargo parecía no existir, es independiente de la violencia? A esta altura hay pocas dudas sobre que narcotráfico y violencia van de la mano. También que la violencia se incrementa cuando la situación social se agrava. Y que es violento para muchas familias no contar con los ingresos suficientes para cubrir sus gastos elementales. En Río Cuarto hay una combinación delicada de todos los factores que quienes trabajan en las periferias, lejos de las luces y el asfalto, hace mucho tiempo que relatan. Pero además de silencio, del otro lado muchas veces hay también oídos sordos.

La causa de narcolavado que investiga el Juzgado Federal, con una fuerza de seguridad de escasa presencia en la ciudad -lo que transmite cierta desconfianza en otras a las que podría haber echado mano Ochoa-, ya cuenta con 16 detenidos, entre los que se encuentra el exjefe de Investigaciones de la Departamental de la Policía de la Provincia de Córdoba. Otra vez agentes de la Policía vinculados a quienes deben combatir. El narcotráfico tiene el poder del dinero, además del de las armas. Con ello siempre está dispuesto a corromper, y los anticuerpos en las instituciones muchas veces son débiles. Los ejemplos en otras jurisdicciones no hace falta repasarlos para conocer los resultados de ese accionar ante cuerpos permeables.

Por eso, en medio del silencio, habrá que destacar rápidamente la decisión del magistrado que hasta  aquí avanzó con firmeza en la investigación y comenzó a destapar una trama que seguramente está lejos del final. Incluso hay fuentes vinculadas a la investigación que aseguran que esto podría ser parte de la presentación. Por eso sería importante que quienes están al frente de esta causa sientan el acompañamiento de otros actores, para no quedar en una pelea desigual. A nadie se le ocurre que tomar esta tarea puede resultar sencillo. Sin embargo, si se siguen sumando actitudes mezquinas o de avestruz, posiblemente cuando alguien quiera aplicar algún remedio a la situación ya sea demasiado tarde.

El incipiente escenario electoral es un contexto que no puede desconocerse. Y así como puede ser una tentación para insistir con cruces de escaso vuelo, también puede ser una oportunidad para que los electores reclamen a quienes pretenden ocupar cargos que muestren su compromiso, ideas y propuestas para intentar resolver los problemas complejos como violencia y narcotráfico que inundaron la ciudad en 2019.



Gonzalo Dal Bianco.  Redacción Puntal