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Un convulsionado traslado del 47-32 al 46-58

El abultado triunfo electoral de Alberto Fernández provocó una crisis en el Gobierno y en los mercados, que no esperaban la gran distancia en las urnas. La devaluación ya tuvo impacto en precios y amenaza con deteriorar más aún la situación social. Por Gonzalo Dal Bianco
 
El profundo impacto que recibió el oficialismo nacional el domingo cuando las mesas testigo que monitoreó comenzaron a dar cuenta del abultado triunfo de Alberto Fernández en las Paso sumió al Gobierno en una crisis inesperada que lógicamente se trasladó mucho más allá de las oficinas de la Casa Rosada. Entre lunes y martes se vivió un verdadero vendaval en los mercados y el dólar, como el mayor indicador de dificultades económicas a lo largo de la historia argentina, corrió a toda velocidad desplegando una tormenta de incertidumbre que tuvo múltiples impactos.

El tipo de cambio, que había cerrado en poco más de 46 el viernes 9, alcanzó los 63 el martes 13, que tuvo toda una simbología esta vez para Cambiemos. La abrupta suba provocó que la actividad económica ingresara de pronto en una parálisis casi total. Sin certeza del valor del billete verde, que rige para innumerables bienes y servicios, no hubo prácticamente operaciones comerciales en muchos rubros. La economía ingresó de pronto en un paréntesis. No se movió una hoja. Nadie, en sus cabales, arriesga en un escenario de las características que tomó la Argentina entre lunes y martes, a “quemar stock”. La falta de referencias sobre los valores de reposición generó el suficiente pánico para que los empresarios actuaran preventivamente.

Y en paralelo fue ocurriendo lo que pasa cada vez que hay una devaluación de esas características: un traslado a precios que no se hizo esperar. Los aumentos cubrieron desde alimentos hasta todo tipo de bienes y servicios, tengan o no componentes importados. Incluso algunos proveedores entregaron planillas tentativas, bajo la advertencia de que eran precios ajustados momentáneamente. Y prometieron, en breve, enviar nuevas cuando logren la certeza del nuevo precio del dólar.

A esa altura, el pedido de los empresarios era tener un valor de la moneda norteamericana, aunque no había dudas de que los 63 pesos alcanzados el martes eran excesivos. Los industriales de Córdoba se mostraron muy preocupados por el escenario y aseguraron que el equilibrio debía estar por debajo de los $ 60. Al cierre de la semana finalmente tuvieron ese valor. Ayer el dólar se ubicó en los 58 pesos, 12 arriba del cierre que había tenido una semana atrás, lo que implicó un 26% de devaluación en 7 días. Fue una enorme licuación que vuelve a generar un fuerte impacto en el plano social. Allí hay una base muy compleja con un nivel de pobreza que crece sin pausa desde el abril del año pasado, cuando se puso en marcha la corrida que partió de los 20 pesos por dólar. En este tramo final del mandato de Mauricio Macri, las estimaciones ya señalan que hay más de un tercio de los argentinos por debajo de la línea de la pobreza. En paralelo, se incrementa también la desocupación, que terminará en los dos dígitos fruto de una recesión que no se detuvo.

La fuerte devaluación del año pasado tuvo un enorme impacto en precios y desató un proceso inflacionario que rompió el 50% anual. Ahora, que había comenzado a ceder, se desató nuevamente otra corrida y ya todo volvió a foja cero.

El Gobierno contaba que para mediados de año la recuperación de los ingresos empezaran a ganarles a los precios y de esa manera se recuperara el poder de compra. Pero las Paso fueron un mazazo que no sólo tuvo implicancias económicas en la Casa Rosada.

Al equipo de Gobierno se lo vio desbordado esta semana. Incluso al Presidente, que el lunes en la conferencia de prensa que dio junto a Pichetto, hasta terminó responsabilizando al electorado por la corrida. Fue un paso en falso notorio en línea con los gestos que desplegó a lo largo de su exposición. Las dos jornadas calientes en los mercados obligaron a otro ensayo por parte del mandatario, que volvió a pararse delante de cámara el miércoles, ya con otro tono y otro mensaje. Admitió su error del lunes y dijo haber escuchado el mensaje de las urnas y comenzó a enumerar una serie de medidas, no para contener la furia de los mercados, sino para inyectarles algo de dinero a los bolsillos de las clases medias y medias bajas. Explicó el Presidente que entendía el gran esfuerzo que venían realizando los argentinos y que eso había sido advertido por el Gobierno, que conocía que muchos tenían dificultades para llegar a fin de mes. La pregunta cayó por sí sola: ¿fueron a tiempo el discurso, el reconocimiento y las medidas? A todas luces parecen reacciones tardías que sólo tienen por objeto intentar una reacción electoral de muy escasa probabilidad.

Los 15 puntos de ventaja de Alberto Fernández por sobre la fórmula oficialista y los 47 que sumó en las urnas lo ubican a un paso del 50% de los votos en octubre sólo manteniendo su desempeño. En Casa Rosada agarraron la calculadora y estimaron que si Fernández pierde una cuota de sus votantes por el temor a lo que generó su triunfo en las urnas y Cambiemos crece al menos 3 puntos puede haber balotaje. Una alquimia que por ahora parece irreal.