Una grieta a futuro que se abre con una apatía llamativa
La pobreza infantil alcanza a casi la mitad de los niños del país según el último informe de Unicef correspondiente al primer semestre. Pero la evolución de las variables económicas de la segunda mitad del año invita a pensar en un deterioro mayor. Por Gonzalo Dal Bianco
Mientras buena parte del arco político y de la sociedad se zambulló a discutir la nueva reglamentación para el uso de armas de fuego por parte de las cuatro fuerzas de seguridad nacional, que generó otro cimbronazo al interior de Cambiemos por las diferencias expresadas especialmente a través de la diputada nacional Elisa Carrió; y otra porción sigue minuto a minuto lo que ocurre con la superfinal de la Copa Libertadores y trata de dilucidar cómo llegaron a Madrid algunos de los principales líderes de las barras de Boca y River, Unicef dio un dato que en otro contexto -u otro país- hubiese generado un terremoto: el 48% de los niños en la Argentina son pobres, según una medición que el organismo internacional realiza tomando no sólo aspectos monetarios, sino en base a un estudio multidimensional. Allí no sólo se fija una línea por los ingresos del hogar, como realiza el Indec, sino que se tiene en cuenta la accesibilidad a bienes y servicios básicos para el funcionamiento biológico y social, como agua, saneamiento, educación, entre otros.
Hay una mitad de los niños del país que tienen al menos la falta de uno de esos indicadores, según reveló Unicef en el informe que corresponde al primer semestre del año. El segundo, que está terminando, debería arrojar valores algo peores dado el escenario económico de fuerte recesión y alta inflación que se profundizó a partir de julio.
De acuerdo a los datos del informe, un 38% de la población argentina y un 48% de las niñas y niños están privados en al menos uno de los aspectos no monetarios considerados básicos para su bienestar. Esta cifra complementa los datos de pobreza monetaria que da cuenta de una incidencia del 27% para el total de la población y del 42% para niños, niñas y adolescentes.
La integración de la pobreza monetaria y de las privaciones no monetarias revela que un 16% de la población y el 27% de las niñas y niños tienen ambos tipos de privaciones.
“Se aprecia también una reducción de la pobreza durante la última década, pero los niveles siguen siendo elevados y requieren de acciones de política contundentes para que el país se aproxime a la meta comprometida en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para erradicar la pobreza extrema y reducir sustancialmente la pobreza en 2030”, destaca Unicef.
Las cifras de los niños contrastan claramente con la de la población en general: 27,3% y 4,9%, respectivamente.
“Aparece así revelado un fenómeno conocido: la pobreza en la niñez es más elevada que la pobreza en adultos, y esto se cumple tanto si se toman en cuenta las privaciones no monetarias como las monetarias. En los hogares pobres viven más niños y niñas que en aquellos que no sufren este problema”, detalla el estudio.
A renglón seguido, Unicef explica que si se considera el grupo que tiene dos o más privaciones, los porcentajes caen significativamente, pasando a 18% en niñas y niños frente al 13% de la población en general, disminuyendo la brecha que separa a la infancia y la adolescencia del total de la población.
Un hecho destacado más: 22,3% de niñas y niños no son pobres por ingresos, pero experimentan al menos una privación en los aspectos no monetarios considerados aquí: educación, protección, vivienda, entre otros.
En términos absolutos, esto implica casi 3 millones de niñas y niños que no aparecen como pobres si sólo se consideran privaciones de tipo monetarias. De esta manera, “las mediciones que tienen en cuenta ambos aspectos ayudan a dimensionar de manera más completa el fenómeno de las privaciones múltiples y superpuestas”, explica.
Por eso, en general, se cuestiona a la medición realizada por el Indec que dejó en su último informe, calculado exclusivamente por ingresos, un nivel de pobreza de casi el 27% en términos generales. Ahora, es factible, y así lo entienden los especialistas, que por la evolución de las variables económicas de los últimos meses el deterioro social se haya profundizado luego de las últimas publicaciones del Indec, como así también de esta más reciente de Unicef.
En particular, la inflación resulta determinante porque cerrará el año con al menos un 45% y los ingresos quedaron en general lejos de esos valores. En el último año hubo fuerte pérdida del poder adquisitivo y eso implica que más personas hayan caído por debajo de la línea de pobreza e indigencia, medidas por la variable monetaria.
Pero, además, el horizonte no permite por ahora vislumbrar un cambio de tendencia porque el proceso recesivo, según los propios sectores productivos, continuará al menos algunos meses más. La reactivación, entonces, está por ahora fuera del radar. Sólo un recorte de la inflación asoma como un dato alentador. Demasiado poco para una realidad social que abre su grieta al futuro.
Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal
Hay una mitad de los niños del país que tienen al menos la falta de uno de esos indicadores, según reveló Unicef en el informe que corresponde al primer semestre del año. El segundo, que está terminando, debería arrojar valores algo peores dado el escenario económico de fuerte recesión y alta inflación que se profundizó a partir de julio.
De acuerdo a los datos del informe, un 38% de la población argentina y un 48% de las niñas y niños están privados en al menos uno de los aspectos no monetarios considerados básicos para su bienestar. Esta cifra complementa los datos de pobreza monetaria que da cuenta de una incidencia del 27% para el total de la población y del 42% para niños, niñas y adolescentes.
La integración de la pobreza monetaria y de las privaciones no monetarias revela que un 16% de la población y el 27% de las niñas y niños tienen ambos tipos de privaciones.
“Se aprecia también una reducción de la pobreza durante la última década, pero los niveles siguen siendo elevados y requieren de acciones de política contundentes para que el país se aproxime a la meta comprometida en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para erradicar la pobreza extrema y reducir sustancialmente la pobreza en 2030”, destaca Unicef.
Las cifras de los niños contrastan claramente con la de la población en general: 27,3% y 4,9%, respectivamente.
“Aparece así revelado un fenómeno conocido: la pobreza en la niñez es más elevada que la pobreza en adultos, y esto se cumple tanto si se toman en cuenta las privaciones no monetarias como las monetarias. En los hogares pobres viven más niños y niñas que en aquellos que no sufren este problema”, detalla el estudio.
A renglón seguido, Unicef explica que si se considera el grupo que tiene dos o más privaciones, los porcentajes caen significativamente, pasando a 18% en niñas y niños frente al 13% de la población en general, disminuyendo la brecha que separa a la infancia y la adolescencia del total de la población.
Un hecho destacado más: 22,3% de niñas y niños no son pobres por ingresos, pero experimentan al menos una privación en los aspectos no monetarios considerados aquí: educación, protección, vivienda, entre otros.
En términos absolutos, esto implica casi 3 millones de niñas y niños que no aparecen como pobres si sólo se consideran privaciones de tipo monetarias. De esta manera, “las mediciones que tienen en cuenta ambos aspectos ayudan a dimensionar de manera más completa el fenómeno de las privaciones múltiples y superpuestas”, explica.
Por eso, en general, se cuestiona a la medición realizada por el Indec que dejó en su último informe, calculado exclusivamente por ingresos, un nivel de pobreza de casi el 27% en términos generales. Ahora, es factible, y así lo entienden los especialistas, que por la evolución de las variables económicas de los últimos meses el deterioro social se haya profundizado luego de las últimas publicaciones del Indec, como así también de esta más reciente de Unicef.
En particular, la inflación resulta determinante porque cerrará el año con al menos un 45% y los ingresos quedaron en general lejos de esos valores. En el último año hubo fuerte pérdida del poder adquisitivo y eso implica que más personas hayan caído por debajo de la línea de pobreza e indigencia, medidas por la variable monetaria.
Pero, además, el horizonte no permite por ahora vislumbrar un cambio de tendencia porque el proceso recesivo, según los propios sectores productivos, continuará al menos algunos meses más. La reactivación, entonces, está por ahora fuera del radar. Sólo un recorte de la inflación asoma como un dato alentador. Demasiado poco para una realidad social que abre su grieta al futuro.
Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal