"Estoy profundamente preocupado por los incendios en la Amazonia. En medio de la crisis climática mundial, no podemos permitirnos más daño a una gran fuente de oxígeno y biodiversidad. La Amazonia debe ser protegida", tuiteó el secretario general de la ONU, Antonio Guterres.
En la ciudad de Salvador, donde se realiza una conferencia internacional sobre el cambio climático, un alto funcionario brasileño adujo que Brasil tiene un uso racional de la tierra y cumple con las disposiciones del Acuerdo de París contra el calentamiento global.
"Le estamos enseñando al mundo cómo producir. Tan solo en el 29% de nuestro territorio producimos alimentos para todo el mundo. En todo el mundo, el promedio del uso de la tierra para la agricultura supera el 50%. Nosotros solo usamos el 29%", afirmó el secretario de Relaciones Internacionales del Ministerio de Medio Ambiente, Roberto Castelo, copiosamente abucheado por grupos ambientalistas.
Bolsonaro unificó en su contra a partidos de oposición, la ONU y países de Europa, además de las casi 200 ONG que lo acusaron ayer de mentir y manipular datos sobre la devastación amazónica, luego de que el mandatario las señalara como sospechosas por el incendio en la principal selva del mundo y de tratar de derrocarlo.
El escándalo mundial sobre los incendios intencionales en la Amazonia, sumados a la política de Bolsonaro de realizar el ajuste económico de 2019 en la fiscalización ambiental, llevó ayer a una reacción de la ONU, del Congreso y de la oposición, que pidió el juicio político del ministro de Medio Ambiente, Ricardo Salles.
Horas más tarde, el jefe de gabinete, Onyx Lorenzoni, acusó a países europeos de usar el medio ambiente como argumento para imponer barreras comerciales a Brasil, a poco más de un mes de la firma del acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la UE.
Bolsonaro dijo no tener pruebas sobre su acusación contra las ONG, que reaccionaron, en el caso de la holandesa Greenpeace, calificándolo de "cobarde por no asumir sus actos y culpar a terceros".