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"Hacer la historia a contrapelo"

A 65 años de la llamada Revolución Libertadora, la mirada de Walter Benjamin permite revisar su impacto en el deporte argentino

Corre el año 1940 y el mundo está hundido en el oscuro abismo de una guerra total. Un filósofo alemán llega a la frontera franco-española. Viene huyendo de las fauces del nazismo, que amenazan con devorarse a Europa. El hombre en cuestión es Walter Benjamin. Hacía poco había terminado de escribir un ensayo, que se publicará dos años más tarde, aunque él no lo sabe en ese momento.

El texto en cuestión se llama “Tesis Sobre la Filosofía de la Historia”. En este ensayo, Benjamin cuestiona las formas hegemónicas en que se impuso el discurso histórico. Critica las lecturas oficiales de la historia. En otras palabras, remarca que el relato de los sucesos del pasado están escritos por los ganadores.

Benjamin discute el concepto de progreso que tiene la modernidad. Señala que se ve al tiempo de manera lineal. Lo nuevo sucede a los viejo sin ningún tipo de relación ni explicación. Siempre se mira hacia adelante, sin detenerse a analizar las consecuencias de lo que se ha hecho en nombre de ese progreso y sin prestarle atención a los perdedores que han quedado en el camino.

Para el alemán, la lectura hegemónica de la historia analiza los hechos sólo desde la versión de los ganadores, como si fuera una foto estática y con la mirada siempre puesta en el futuro. En contraposición, propone el método de la Konstruktion el cual implica una interacción entre el contexto presente y el tiempo en que el acontecimiento histórico es recuperado. "Hay que pasarle a la historia el cepillo a contrapelo", dice Benjamin.

La metáfora sobre el peinado de la historia, le sirve al alemán para explicar su método de análisis. Para él, hay que recuperar las voces de los perdedores. Hacer historia debe implicar un acto de justicia. Se trata de redimir a los muertos de la historia. "Si el enemigo vence, ni siquiera los muertos estarán seguros", sentencia Benjamin de manera metafórica. Si es el que gana el que cuenta la historia, los vencidos sufrirán un segundo fallecimiento, el de su memoria.

Casi 15 años más tarde de las vicisitudes que pasa Benjamin en la frontera franco-española y a varios kilómetros de distancia, sucederá un hecho que dotará de literalidad a su frase sobre los muertos. El 16 de septiembre de 1955 se producirá en Argentina el golpe de estado que derrocará al gobierno democrático de Juan Domingo Perón.

Para los autores no se tratará de un golpe, sino de una Revolución Libertadora. Sus ideólogos apostarán a borrar todo rastro del gobierno peronista e incluso harán desaparecer el cadáver de Eva Perón, uno de sus símbolos. El obstinado recelo con el que llevarán a cabo el intento de quitar de la historia lo realizado por el mandatario derrocado, tendrá un impacto directo en el deporte argentino.

Como la mayoría de los líderes políticos nacionalistas, Perón vio en el deporte un instrumento más para llevar a cabo su proyecto político. El deporte integra y genera identidad. Ya sea a través de un club o bajo una misma bandera. De paso, criticarán los discursos de izquierda, tiene a los jóvenes entretenidos y liberando endorfinas bien lejos de la lucha obrera.

Ya sea por oportunismo político o por verdadera creencia, el peronismo le dio un gran impulso al deporte argentino. Por un lado, lo incluyó entre los derechos sociales, permitiendo el acceso de las clases populares a un espacio que antes estaba reservado para los sectores de mayor poder adquisitivo. Por otro, lo conviertío en una manifestación cultural, enalteciendo los triunfos de los deportistas y selecciones nacionales.

Quienes estudian sobre la historia del deporte en Argentina, destacan que no hubo otro momento en el país en el que hubiera una política de estado claramente definida en torno a este ámbito. Se invirtió y se lo hizo de manera organizada. Los Juegos Evita, los Juegos Panamericanos de 1951, el mundial de básquet de 1950, el crecimiento de los clubes, la construcción de estadios y los logros de Juan Manuel Fangio, Pascual Pérez y Delfo Cabrera son algunas de las muestras de aquella llamada "Edad de Oro" del deporte argentino.

La Libertadora llegó con un mensaje claro: había que "desperonizar el deporte". Los primeros en ser castigados fueron los campeones del mundo de básquet de 1950. En aquel momento el reglamento decía que los jugadores no podían ser profesionales y como habían recibido premios del gobierno luego del título conseguido en el Luna Park, fueron sancionados. Estuvieron suspendidos once años. No sólo ellos, en total fueron 35 basquetbolistas. Una de las mejores generaciones del básquet argentino fue desplazada por estar su imagen asociada al peronismo. Vale aclarar que muchos de ellos ni siquiera eran peronistas.

No fueron los únicos. La tenista Mary Terán de Weiss, el remero Eduardo Guerrero y el maratonista Osvaldo Suárez también sufrieron las persecuciones de Aramburu, Lonardi y los suyos. Para esa misión se creó la Comisión Especial Número 49.

Pero el intento por proscribir al peronismo de la historia del deporte argentino no quedó ahí. También se desmantelaron todos los programas de apoyo e inversión. Se destruyeron los cimientos de una planificación que generaba atletas en distintas disciplinas.

La Libertadora - o la Fusiladora como suelen llamarla los que la sufrieron- actuó en el deporte con cierto aire revanchista. Perón manejaba el deporte como lo hacía en otros ámbitos, con el régimen de premios a los adherentes y castigos a los opositores. Con ese argumento se dispuso el destierro de todo aquello que tuviera que ver con el peronismo. Sin importar lo que quedara en el camino.

Siguiendo a Benjamin, los deportistas perseguidos por la Libertadora no deberían quedar en olvido. Por mucho que hayan intentado borrarse sus huellas desde el relato de los ganadores, sus logros tendrían que verse redimidos. Por más que se diga que hay que mirar hacia adelante, hay que darse vuelta y mirar las ruinas que han quedado detrás.

De vuelta en 1940, Benjamin acaba de recibir la noticia del cierre de las fronteras. Perseguido, decide suicidarse antes de caer en las manos de los nazis. Cómo la historia es más que eso que escriben los que ganan, Benjamin no sufrió una segunda muerte, sus ideas no pudieron ser borradas. Al igual que los logros de los deportistas perseguidos por la Libertadora.