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Historias de cinco mujeres que honran la vida

María Eugenia Soave adoptó 3 niños en Ucrania. Vanesa Salbador, madre de Fede, el niño que movilizó al país en una cruzada por su salud. Sandra Zarandón, que lucha por lograr justicia por su hijo. Eugenia D'Angelo, que venció el cáncer y volvió a dar vida. Y Mercedes Juárez, que tuvo 7 hijos pero sus brazos fueron el hogar de decenas de niños desamparados

“Má, hay reunión en el cole”, “Mamu, ¿me comprás el álbum del Mundial?”, “Vieja, ¿dónde está la campera verde”, “Mami, ¿me llevás a fútbol?, “Má, ¿me buscás a la salida del boliche?, “Viejita, ¿nos juntamos el domingo en tu casa?”, “Mamá, ¿te podemos dejar a los chicos hoy?”. Éstas y otras tantas frases que resuenan y se repiten a diario en miles de hogares tienen como destinataria a “Mamá”. Esa mujer que está cuando cada hijo propio o del corazón la necesita.

En el calendario anual hoy se celebra el Día de la Madre y Puntal comparte las historias de esas mujeres luchadoras, resilientes. Algunas podrán celebrarlo con el abrazo y besos de sus hijos. Otras aferradas a la foto o el recuerdo del hijo que ya no está físicamente, pero sigue presente en el corazón. Y aquellas que, aun atravesando difíciles momentos de salud, recibieron la bendición de la vida, con la llegada de un nuevo hijo.

María y la experiencia de adoptar

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Para María Eugenia Soave, éste será el cuarto año en que abrazará a sus tres hijos celebrando el Día de la Madre.

Fue en 2018 que llegaron a su hogar Nicolás, Maxim y Yaroslav, los tres pequeños que adoptaron en Ucrania, un tiempo antes que en ese rincón del mundo se iniciara la guerra.

Hoy los pequeños viven en General Cabrera junto a su mamá María y a su papá Diego Torre. Totalmente integrados son los que marcan el ritmo diario de actividades en el hogar. El más grande en su primer año del secundario, los dos más pequeños en la primaria. Y mamá orgullosa disfruta de ese bullicio que se adueñó del hogar a fines de 2018.

En este mes de octubre se cumplen los 4 años del día en que lograron la adopción plena de los tres hermanos en Ucrania.

“Desde el primer momento que ví a los chicos sentí que los había parido”. María Eugenia Soave y Diego adoptaron 3 hermanos en Ucrania poco antes que ese país entrara en guerra. “Si surge la oportunidad volvería a adoptar”. “Desde el primer momento que ví a los chicos sentí que los había parido”. María Eugenia Soave y Diego adoptaron 3 hermanos en Ucrania poco antes que ese país entrara en guerra. “Si surge la oportunidad volvería a adoptar”.

Sobre el momento de convertirse en mamá de tres niños de golpe, de distintas edades y con la barrera idiomática también de por medio, María señala: “Yo me preparé mucho. Y siempre digo que los años que tuvimos de espera, que fueron 8 o 9, fueron como un parto largo”.

“Desde el día que ví a los chicos sentí como que los había parido. No sé cómo explicarlo. Y vinieron los tres de golpe. Y sí, obviamente que cambió la rutina de la casa. Pero es como que siento que los crié desde el primer día. A mí no me pasó de sentir un cambio grande”.

Sobre la barrera del idioma, tampoco fue impedimento porque María siendo chica, fue parte de un intercambio cultural, y hablaba el inglés. En los primeros tiempos con señas o con el teléfono para las traducciones, la comunicación se hizo fluida. “Pero los chicos a los tres meses hablaban mejor que yo el castellano”, asume.

Mientras habla con Puntal, de fondo se escucha la demanda del más pequeño que pone música, y elige “Soda Stereo”, un clásico del rock argentino.

María Eugenia, que trabaja en la empresa familiar, relata que hoy dedica más tiempo a los chicos. “Antes trabajaba 9 a 10 horas y hoy no más de seis porque quiero estar en casa y con ellos. Después de tantos años de espera quiero disfrutarlos”.

Nico, el más pequeño llegó desde Ucrania a su hogar en General Cabrera con tres años y medio y ahora tiene 7; Maxim tiene 10 y Yaroslav 12.

Sobre lo que ocurre en su país de origen, Ucrania, los chicos lo ven muy lejano. “Ellos ya sienten que son de acá”.

Consultada María si tuviera la oportunidad de repetir la experiencia de adopción, no duda en responder “Totalmente lo haría”. Y resalta: “Lo hablamos con mi esposo. Con esto de la guerra sé que hay muchos niños en situación de adoptabilidad. Y la verdad que si me llamaran voy. Siento que si uno tiene tres puede tener cuatro. En estos países y en estas cuestiones primero llaman a las parejas que ya han adoptado allá y tienen carpetas en los ministerios”, sostiene María Eugenia.

Sandra, una madre que pide justicia

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A pocas semanas de conocer el veredicto del juicio donde se juzgó a un policía por la muerte de Álvaro Zarandón, hecho ocurrido en Laboulaye en un confuso procedimiento policial, Sandra -la mamá del joven- sigue reclamando justicia.

“Después de casi 10 años de confiar en la justicia y golpear puertas siento que me quedé (tras el segundo juicio) con las manos vacías otra vez. Quería en este Día de la Madre poder soltar y sentir que hacía justicia por mi hijo. Sé que a él no lo voy a poder tener ni en este día, ni en Navidad. Pero al menos sentir que podía tener una respuesta a mi pedido de justicia. Yo quería que el regalo este día fuese de alivio, que cumplí con mi hijo. Y soltarlo y decirle ‘Volá, descansá en paz’, y no lo puedo hacer todavía porque siento que no se hizo justicia”.

Sandra dice que el dolor es cada vez más profundo, pero no está dispuesta a bajar los brazos.

“Yo tengo seis hijos más, pero cada uno tiene su lugar y Alvaro era mi primer hijo varón. Era mi compañero, tendría 26 años. “Siento impotencia, porque uno lucha y lucha y no conseguís nada. Este Día de la Madre será triste, porque siento que aún con todas las pruebas y toda la lucha llevada adelante la justicia no me dice quién es el asesino de mi hijo”.

Vanesa, y el recuerdo de Fede

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Vanesa Salbador es mamá de Federico Ledezma, el pequeño de Villa Valeria que movilizó al país en una cruzada por recaudar fondos y poder viajar a Barcelona para tratar el cáncer que lo aquejaba. El influencer Santi Maratea y el cineasta Enrique Piñeyro se conmovieron con la historia y se sumaron. Pero el pequeño no pudo superar la cruenta enfermedad.

“Éste es mi segundo Día de la Madre sin uno de mis tres pilares fundamentales presente físicamente. Tengo tres maravillosos tesoros Máximo ya todo un adolescente, Santino a un pasito de dejar la niñez y Fede mi bebé de tan solo 6 añitos. Mi maestro de la vida que falleció el 24 de septiembre del 2021 de cáncer. Aunque su ausencia física duele todos los días desde aquel día, vive eternamente en mi alma”, describe su mamá a Puntal.

“Sé que jamás voy a estar sola. Él junto con sus hermanos guían cada día de mi vida”.

Esta mujer resiliente sigue de pie por sus otros hijos, con una sonrisa que no se borra de su rostro.

Fede mi bebé, mi maestro de la vida que falleció el 24 de septiembre del 2021 de cáncer y para mí, aunque su ausencia física duele todos los días, vive eternamente en mi alma”, dice Vanesa. Fede mi bebé, mi maestro de la vida que falleció el 24 de septiembre del 2021 de cáncer y para mí, aunque su ausencia física duele todos los días, vive eternamente en mi alma”, dice Vanesa.

“Con Fede aprendí que la vida es lo más importante y el mayor tesoro que un ser humano puede tener y que cada segundo con vida es una bendición. Que el aquí y ahora es lo que tenemos que valorar. Vivimos como familia con un dolor en el alma y un vacío muy grande. Y aunque no es fácil todos los días nos levantamos en lo posible con una sonrisa y recordándolo siempre con cada una de sus ocurrencias”, agrega.

Vanesa sostiene que “trato como mamá de que Máximo y Santi sean felices. Porque como Fede con su enfermedad le puso todo, ellos también lo hicieron y se merecen lo mejor de mí. A todas las mamás que han perdido un hijo les diría que a ellos ya no podemos verlos físicamente, pero hay algo que nada ni nadie puede arrebatarnos, el amor eterno que vamos a tener guardado en lo más profundo de nuestros corazones”, finaliza.

Eugenia volvió a ser mamá después de vencer el cáncer

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Eugenia D’Angelo es mamá de tres chicos: Valentín, Juliana y el más pequeño, Ciro, de 8 años, quien vino “a traer luz” a la familia.

Es que el anuncio de su llegada al mundo ocurrió cuando Eugenia transitaba el último tramo de su lucha contra el cáncer de mama.

Mientras los profesionales médicos desaconsejaban proseguir con el embarazo, Eugenia decidió apostar a la vida por sobre todos los riesgos a los que se exponía.

“En realidad la historia viene desde antes porque, si bien tuve la enfermedad y después volví a quedar embarazada, antes había perdido dos embarazos, antes del cáncer. En el medio de mis dos chicos más grandecitos perdí dos embarazos”.

Esas situaciones marcaron a fuego a Eugenia y presume que tuvieron que ver con la aparición del cáncer. “Cuando transito por la enfermedad, sentía que no iba a poder volver a ser madre. Y mi oncólogo, que estaba abocado a mi salud, consideraba que un embarazo en medio de mi problema de salud podría ser riesgo para mí y también para el bebé por las secuelas del tratamiento”, detalla.

Pero Eugenia sopesó que lo que allí había era vida. “Si yo estaba embarazada iba a nacer. Me iba a arriesgar. Creo que tenía que ver con el resarcimiento de esos dos embarazos que perdí”.

Y sigue contando: “Después de haber transitado la enfermedad, Ciro vino a traer luz a nuestras vidas. Para mí era un milagro volver a ser madre. Vino a traer alegría. Además porque fue una decisión muy personal el hecho de dar curso al embarazo. Yo creo que ni lo dejé participar a mi marido en esto. Quizá fui algo egoísta, pero fue una decisión que yo sola quise tomar. El riesgo era mío y las consecuencias también entonces no quise que nadie opinara. Que nadie se involucrara en esa decisión. Es como que me lo apropié, y quizás no esté bien porque es un hijo como los otros, pero su llegada era distinta”.

Eugenia venció el cáncer y Ciro nació. Asume que la enfermedad vino para dejar un aprendizaje. “Después del cambio de vida tras la enfermedad, me permito disfrutarlos, verlos ser libres, y también educarlos distinto y respetar sus formas de ser. Aprender a escucharlos y guiarlos”.

Los brazos de Mercedes que acunaron a decenas de niños

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En Coronel Moldes todos los vecinos la conocen por su activa participación en acciones comunitarias. Es Petrocinia Mercedes Juárez, madre de 7 hijos, abuela de 21 nietos y bisabuela de 7 bisnietos.

Pero es la mamá de muchos más chicos, hoy hombres y mujeres que pasaron por sus brazos y recibieron su cariño.

Hoy Mercedes recibirá cientos de llamados y saludos por el Día de la Madre, porque ella es mamá biológica de 7 niños, pero de crianza de muchos más. De todos aquellos que en algún momento requirieron de un abrazo o beso.

“La verdad que ahora no salgo mucho a la calle, pero cuando lo hago siempre me encuentro con chicos, algunos hoy grandes, que se acuerdan de mí, que habían estado conmigo en el hogar de Niños. Yo disfruté mucho de estar con todos ellos. Era además todo un desafío porque había que estar ahí con 30 chicos cada uno con una historia diferente”, cuenta Mercedes.

Griselda Cettour, asistente social de Coronel Moldes, hizo una breve biografía de Mercedes.

“Mercedes es oriunda de Coronel Moldes, pero a los 4 años de edad, se fue con su familia a vivir a Buenos Aires, porque su papá trabajaba en zona rural de Pergamino. A los 23 años volvió a visitar su ciudad de origen y decidió venirse a vivir a Coronel Moldes. Cuando tenía 31 años de edad, se separa, queda a cargo de sus hijos y comienza a trabajar en muchas casas de familia, que hasta hoy recuerda con emoción: de Beby Tazzioli, Alicia de Coca, Mary de Imberti, Estela Bilbao, Cristina Menochio, Alicia Santini. Después trabajó en una rotisería local muchísimos años”.

Fue en 1993 que Mercedes ingresó a trabajar en el Hogar de Niños “San Vicente de Paul” de esta ciudad.

Por aquel tiempo estaba a cargo de 31 niños. “Ella vivía ahí”, destaca la asistente.

Y Mercedes recuerda que “todos los domingos los bañaba a todos y salíamos a pasear juntos a la plaza y mis hijos estaban también. Para mí todos eran iguales, no había diferencias”.

Pasados unos tres años decidió dejar este lugar e irse a vivir a una casa sola con sus hijos, pero al poco tiempo el lugar se convirtió en un hogar sustituto para cuidado de cuatro hermanitos de manera transitoria.

Paula, una de las hijas de Mercedes, dice que los chicos estuvieron un tiempo con ellos, hasta que finalmente fueron restituidos a su familia.

Hoy Mercedes transita por algunos problemas de salud, pero en su casa nunca falta un niño o adolescente.La nieta o algún bisnieto que cuidan de ella.

Todos quienes la conocen destacan su espíritu solidario, su compromiso con la sociedad y su entrega permanente, en particular por los niños.

Es así que fue una de las fundadoras de la Guardería Municipal de Madres, y aún sigue participando en el programa de Promoción de Lactancia Materna, una experiencia inédita y que desde Moldes ha sido replicado en otros lugares de la región.

Desde hace 28 años es integrante del grupo de madres de Guardería Municipal “Juntas por los niños”.

Cettour recuerda que en épocas que los partos se hacían en el hospital local, era Mercedes quien visitaba a cada recién nacido llevando información y regalos, animando a cada mamá para que amamante a su hijo. Además, cocinaba las riquísimas pizzetas en cada aniversario del grupo de madres, “celebrábamos junto a muchas mujeres de la comunidad que colaboraban y apoyaban la tarea materno infantil”.

Participando en estos grupos conoció muchos lugares del país, asistiendo a congresos y encuentros de capacitación (Uspallata, Necochea, Mar del Plata, Mina Clavero, Corrientes y otros lugares). “Hasta viajó en avión a recibir un premio que otorgó el Ministerio de Salud de la Nación por el proyecto de promoción de lactancia materna”, recuerda.

También trabajó algunos años como cocinera en el hogar de Ancianos San Juan Evangelista.

La mayoría de sus trabajos eran porque Mercedes era una mujer muy solidaria y siempre dispuesta a ayudar al prójimo, siempre sus acciones estaban vinculadas a lo social.

Por último, Griselda Cettour define a Mercedes como “una súper mamá, porque además de cobijar a sus hijos, cuidó a muchos niños de la comunidad, como su historia de vida lo refleja”. Mercedes hoy recoge los frutos de todo lo que brindó. “Acá en la casa está la nena de 2 años, que me agarra para que no me vaya a caer. Ahora ella me cuida a mí”.