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Vivir para contarlo: su esposo le ocultó que tenía HIV, la contagió y casi muere

Es la historia de Mirela Depetris (57). “Nunca imaginé que iba a ocultarme semejante cosa”, sostiene en diálogo con Puntal Villa María

 

Corría el 2020 y una pandemia nos caía encima. El tablero se sacudía por completo. Mirela Depetris (57) lo sufrió como nadie. A mediados de ese año perdió bruscamente el peso, como 23 kilos en poco más de 15 días. También se le empezó a caer el pelo. Pasó muchos días internada, se hizo un sinfín de estudios y casi que no lo cuenta. En el medio, se entera que era HIV positivo. No solo eso. Descubre que la persona con la que se había casado hace poco, después de cuatro años de relación, le había escondido el diagnóstico. “Nunca imaginé que iba a ocultarme semejante cosa”, sostiene en diálogo con Puntal Villa María.

Depetris, desde su cocina, sentada en la punta de la mesa, decide romper el silencio y tiene la necesidad de hablar, de contar su historia, para que nadie la repita, para concientizar.

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“No puedo tener una vida normal”

Todo empezó -según contó- cuando recién arrancaba la pandemia. En ese momento, Mirela formaba parte del equipo que realizaba los triajes a los pacientes sospechosos de Covid en el Hospital Pasteur.

“Ese año empecé a sentirme mal, tenía vómitos, diarrea, había perdido 4 kilos. Pensé que todo era consecuencia del cambio de rutina”, mencionó.

Y siguió: “El 21 de julio de 2020 atropellan a una de mis perras y entro en un pozo depresivo. Producto de eso, se me bajan las defensas y pierdo 23 kilos en poco más de 15 días. Estuve internada y pasé por muchos estudios, en uno de esos exámenes me enteré que era HIV positivo”.

Depetris no revela el nombre de su expareja, la persona que la contagió, aunque sí da a conocer sus siglas (M.L.P.). También dice que es un fotógrafo de la ciudad y veterano de Malvinas.

Hoy, ese hombre con quien se casó está en la cárcel, cumpliendo una pena de ejecución efectiva, condena que se le impuso después de haber confesado ante el Tribunal. Fue sentenciado a tres años de prisión tras ser declarado autor del delito de lesiones gravísimas doblemente calificadas, por el vínculo y por violencia de género.

Como M.L.P. cumple este año la pena, lo más probable es que a mediados de noviembre, si no antes, recupere la libertad, y con ella, la vida que tenía. Mirela, por su parte, todavía no puede.

“Mi salud no es la misma, por todo lo que pasé y por las internaciones. Actualmente me hago controles cada 6 meses, todo esto por la inconsciencia de un loco, por eso decido hablar, no voy a bajar los brazos”, relató la entrevistada.

Depetris se mostró muy agradecida con la doctora María Soledad Frola, quien inmediatamente después del diagnóstico le recetó una medicación, la cual le empezó a hacer efecto. Sin embargo, algo más le pasaba.

“Con el tiempo mantenía algunos síntomas. Por eso es que seguí haciéndome estudios. En una endoscopía salta que tenía un linfoma de hodgkin maligno en el estómago, que apareció como consecuencia de mi baja de las defensas”, manifestó.

A ese dardo que le tiró la vida, Depetris también lo pudo esquivar. Aún así, cada 6 meses tiene que hacerse un estudio muy invasivo para descartar la posibilidad de que ese cáncer aparezca nuevamente.

“Hace mucho que estoy negativizada del HIV, no obstante, ahora estoy con psiquiatra, tengo varias crisis de angustia y tomo cuatro medicamentos por día”, mencionó.

“Jamás me dijo que era HIV positivo”

Sabiendo que estaba infectado, M.L.P. nunca le contó esto a su mujer. Tampoco se cuidó a la hora de mantener relaciones sexuales.

“Él jamás me dijo que era HIV positivo. Yo lo conocí en 2015, pero él tenía el diagnostico desde el año 2000. No se medicaba, aunque sí lo hizo hasta el 2008, pero después no tomó más medicación. Al tener las defensas altas, él no cursaba síntomas, pero sí podía contagiar”, expresó Depetris.

La mujer dijo que también sufrió muchos hechos de violencia. “Me insultaba y se burlaba de la fe que profesaba. Teniendo una restricción, llegó a ir a la misma iglesia donde yo estaba congregada. Cuando yo editaba fotos, me apoyaba el pene en la mesa y me escupía, me seguía y me sacaba fotos diciéndome ‘sé lo que haces’. Muchas veces intenté denunciarlo, pero siempre me arrepentía por miedo”, exteriorizó.

“La misión que me tocó”

Depetris hoy vive para contar su historia, para que nadie la repita, para concientizar. “Nunca creí que iba a pasar por algo así y, sin embargo, me pasó. Creo que hablar de esto y apoyar a otras personas es parte de la misión que me tocó, para que la gente pierda la vergüenza. Siempre digo que no se puede jugar con la vida de otras personas, más cuando no nos medicamos”, resaltó.

Y sumó: “En Tik Tok cuento parte de mi historia. Hoy tengo más de 8.000 seguidores y la gente me escribe por privado para contarme que pasa por situaciones similares, o que no se animan a contar que tienen HIV. Yo los empujo a contarle al menos a la persona con la que viven”.

Depetris dijo que tomó la decisión de iniciar una demanda civil contra M.L.P., para dar curso al divorcio, y además, solicitar una cuota alimentaria y una obra social de por vida. “Todo lo que estoy pasando es a causa de él, porque se pudo haber evitado. Los estudios son carísimos, son cosas delicadas, como también lo es la medicación”, cerró.