Nilda y la madre de Brian Cardetti están separadas por una ciudad, una vive en el oeste de Río Cuarto, la otra en el otro extremo, casi al final de barrio Alberdi. Ninguna de las dos se conoce, pero Nilda, una mujer curtida por los años, puede entender como pocos el dolor de la madre de Brian, el chico de 18 años que encontró la muerte de la manera más infame. “Sé por lo que está pasando esa madre”, confió.
Ella, la dueña de la casa donde se celebró la fiesta que terminó en violencia, perdió a uno de sus hijos hace 12 años. Aunque las circunstancias hayan sido diferentes, Nilda sabe que de ese mazazo nadie logra reponerse. A lo sumo se puede convivir con el dolor. Nilda hace ese ejercicio todos los días. “Mi vida se transformó en un antes y un después de eso”, confió a PUNTAL en la puerta de su casa, en la cuadra de calle Nahuel Huapi al 2200.
La madrugada del domingo, cuando junto a su esposo se habían acostado e intentaban dormir con la música de fondo, sobrevino la tragedia. Se oyó un golpe seco, hubo gritos y después la confirmación: en la vereda de su casa, un chico de 18 años agonizaba con una grave herida de arma blanca en el pecho.
“Me hizo muy mal, fue revivir otra vez ese dolor, pero pienso que lo que está pasando esa madre en este momento es peor, es un dolor más intenso todavía, porque si uno se pone a pensar mi hijo murió en un accidente, lamentable, pero son los riesgos que se corren cuando se conduce un camión. Sin embargo, a este chico le quitaron la vida, así, alevosamente”, dice Nilda y se lleva una mano a la sien, buscando una explicación que se le escapa.
Nilda y su esposo llevan más de 30 años en Villa Dalcar. Allí crecieron sus hijos y en esa casa modesta de ladrillos vistos recibieron las visitas de sus nietos. Una de sus nietas fue a verlos el miércoles pasado y les pidió que le prestaran el garaje de la casa para celebrar su cumpleaños.
Entre la noche del sábado y la madrugada del domingo, empezaron a llegar los invitados. Brian Cardetti y Axel, el otro chico de 16 años que terminó hospitalizado por una herida de arma blanca en la espalda, estaban entre los que habían sido convocados por la cumpleañera.
No sucedió lo mismo con los que llegaron después, cerca de las cuatro de la madrugada y con los ánimos caldeados.
“Todo venía tranquilo. Mi marido se acostó a las 3 y media de la mañana y les dijo ´tienen tiempo hasta las 4, disfruten porque a las cuatro se acaba todo´. Mi marido es así, y a las cuatro se iban a tener que ir. Pero despues se armó todo el desbarajuste”.
Nilda no vio cómo se produjeron los hechos. Sólo recuerda que escuchó gritos y se levantó de la cama. “Mi nuera me dice ´apuñalaron a un chico´ y vi que lo habían tirado ahí”, dijo señalando el exterior de las rejas de su casa, en la vereda.
Su esposo había dejado fuera del garage el Peugeot 504 que acababa de traer del taller para que los chicos tuvieran espacio para la fiesta. La dueña de casa dijo que cuando el chico fue atacado con una puñalada en el pecho, dio contra el auto y se desplomó.
“Lo único que pido es que esta familia tenga justicia, pienso que el dolor de perder a un hijo no lo repara nadie. Los que pasamos por esto quedamos marcados para siempre, tenemos un antes y un después, ¡pobrecitos, me imagino lo que les va a costar a esos padres!”, se lamentó la mujer.
A esa misma hora -en el mediodía del lunes-, pero en la otra punta de la ciudad, en la calle Güemes al 1700, de barrio Alberdi, “Nene” Cardetti -el padre de Brian- y su mujer estaban devastados. Recién llegados del velorio, se bajaron del asiento trasero de un auto, iban abrazados dándose consuelo uno al otro y se perdieron dentro de su casa sin poder articular una palabra.
La madrugada del domingo, cuando junto a su esposo se habían acostado e intentaban dormir con la música de fondo, sobrevino la tragedia. Se oyó un golpe seco, hubo gritos y después la confirmación: en la vereda de su casa, un chico de 18 años agonizaba con una grave herida de arma blanca en el pecho.
“Me hizo muy mal, fue revivir otra vez ese dolor, pero pienso que lo que está pasando esa madre en este momento es peor, es un dolor más intenso todavía, porque si uno se pone a pensar mi hijo murió en un accidente, lamentable, pero son los riesgos que se corren cuando se conduce un camión. Sin embargo, a este chico le quitaron la vida, así, alevosamente”, dice Nilda y se lleva una mano a la sien, buscando una explicación que se le escapa.
Nilda y su esposo llevan más de 30 años en Villa Dalcar. Allí crecieron sus hijos y en esa casa modesta de ladrillos vistos recibieron las visitas de sus nietos. Una de sus nietas fue a verlos el miércoles pasado y les pidió que le prestaran el garaje de la casa para celebrar su cumpleaños.
Entre la noche del sábado y la madrugada del domingo, empezaron a llegar los invitados. Brian Cardetti y Axel, el otro chico de 16 años que terminó hospitalizado por una herida de arma blanca en la espalda, estaban entre los que habían sido convocados por la cumpleañera.
No sucedió lo mismo con los que llegaron después, cerca de las cuatro de la madrugada y con los ánimos caldeados.
“Todo venía tranquilo. Mi marido se acostó a las 3 y media de la mañana y les dijo ´tienen tiempo hasta las 4, disfruten porque a las cuatro se acaba todo´. Mi marido es así, y a las cuatro se iban a tener que ir. Pero despues se armó todo el desbarajuste”.
Nilda no vio cómo se produjeron los hechos. Sólo recuerda que escuchó gritos y se levantó de la cama. “Mi nuera me dice ´apuñalaron a un chico´ y vi que lo habían tirado ahí”, dijo señalando el exterior de las rejas de su casa, en la vereda.
Su esposo había dejado fuera del garage el Peugeot 504 que acababa de traer del taller para que los chicos tuvieran espacio para la fiesta. La dueña de casa dijo que cuando el chico fue atacado con una puñalada en el pecho, dio contra el auto y se desplomó.
“Lo único que pido es que esta familia tenga justicia, pienso que el dolor de perder a un hijo no lo repara nadie. Los que pasamos por esto quedamos marcados para siempre, tenemos un antes y un después, ¡pobrecitos, me imagino lo que les va a costar a esos padres!”, se lamentó la mujer.
A esa misma hora -en el mediodía del lunes-, pero en la otra punta de la ciudad, en la calle Güemes al 1700, de barrio Alberdi, “Nene” Cardetti -el padre de Brian- y su mujer estaban devastados. Recién llegados del velorio, se bajaron del asiento trasero de un auto, iban abrazados dándose consuelo uno al otro y se perdieron dentro de su casa sin poder articular una palabra.
A.F.

