Opinión | Horacio Rodríguez Larreta | Juan Schiaretti | Mauricio Macri

La grieta de la grieta

La llegada de Larreta a Córdoba inauguró una nueva etapa: cambio de liderazgos y, además, de relacionamiento con Schiaretti. El territorio en disputa es hacia adentro del antikirchnerismo.

La llegada de Horacio Rodríguez Larreta a Córdoba no fue un desembarco más de campaña. Se trató de la escenificación de una nueva realidad política en Juntos por el Cambio. Y esa nueva realidad no sólo se manifestó hacia adentro sino también hacia afuera: ni bien aterrizó en la capital provincial para apoyar a la lista de Luis Juez y Rodrigo de Loredo, el jefe de Gobierno porteño reconfiguró la relación política con Juan Schiaretti y con el gobierno cordobés. Con una sola frase, aquella en la que deslizó que el schiarettismo no es en realidad tan antikirchnerista como se presenta sino que de vez en cuando le vota al Frente de Todos leyes que necesita, desbarató la convivencia pacífica que ejercía Mauricio Macri con el gobernador cordobés, a quien llenaba de elogios en cada visita a Córdoba. Así, inauguró un capítulo de encendida confrontación mediática.

La breve aparición de Larreta en Córdoba corporizó un reemplazo. Ya no es Macri el que viene y les levanta la mano a los candidatos de Juntos por el Cambio. Ahora es su competidor en la interna. Y ese relevo es una consecuencia de las Paso, en las que el expresidente apostó fuerte en la provincia y perdió con igual contundencia. El acto de lanzamiento de Juez y De Loredo no fue sólo el puntapié de la campaña, sino sobre todo la formalización del resultado de las urnas: ahora los líderes de la oposición cordobesa son ellos dos. Y la referencia del Pro porteño es Rodríguez Larreta.

Pero la novedad también pasó por el posicionamiento con respecto a Schiaretti. En una de sus últimas visitas a Córdoba, el expresidente dejó una extendida indignación en Juntos por el Cambio no sólo porque elevó artificialmente las acciones de Gustavo Santos, sino porque se deshizo en elogios al gobernador. ¿Con qué discurso la oposición cordobesa trataría de seducir al votante provincial dentro de dos años si la gestión peronista es tan destacable? Los dirigentes cordobeses se quedaron rumiando y quejándose porque Macri pareció privilegiar su relación y su sintonía con Schiaretti por sobre la suerte futura de Juntos por el Cambio en Córdoba.

Ahora, Larreta estableció un nuevo posicionamiento y ya no se preocupó por la convivencia amigable con el PJ cordobés. El jefe de Gobierno no sólo declaró que los diputados de Hacemos por Córdoba a veces le votan leyes al kirchnerismo sino que, además, planteó los términos de la disputa para adelante: “Apostamos a gobernar Córdoba en 2023”. Esa convicción estaba más que en duda con Macri.

La respuesta estuvo a cargo del riocuartense Carlos Gutiérrez, jefe del bloque de diputados del schiarettismo, que se despachó con inusual dureza contra Larreta, a quien tildó de “porteño mentiroso” que viene a decirles a los cordobeses cómo actuar. También lo acusó de ingrato y le enrostró que el nivel de vida de Buenos Aires se debe, en gran medida, a los recursos que el centralismo les aspira a provincias como Córdoba.

Para las legislativas, el escenario que configuraron esas dos grandes fuerzas políticas, Hacemos por Córdoba y Juntos por el Cambio, está dominado por la disputa de un mismo aunque amplísimo espacio:el antikirchnerismo. En la provincia, hasta el 75% de los votantes pueden inscribirse en esa congregación.

La respuesta desapacible de Gutiérrez se debió a que Larreta le puso un signo de interrogación a la convicción antikirchnerista del peronismo cordobés y atacó así el corazón de su estrategia electoral.

Pero, en su crítica a Larreta, el foco del diputado no estuvo tanto en la dinámica kirchnerismo-antikirchnerismo sino en un eje antiguo y revisitado: el puerto contra el interior. Gutiérrez se enfocó principalmente en el hecho de que Larreta es porteño.

Así, el riocuartense intensificó un argumento que Hacemos por Córdoba ya había utilizado en las Paso pero ahora con varios niveles más de intensidad. “Nosotros no sólo somos antikirchneristas, sino también antiporteños”, parece ser el discurso del peronismo cordobés en esta etapa de la campaña.

La estrategia electoral, como se dijo, no es nueva;el tono sí. Hasta ahora, el schiarettismo había sido cuidadoso en un aspecto:en no internarse en el barro de la política, en el cruce de declaraciones de alto voltaje. En las Paso se autoinstaló en el terreno de la templanza y la previsibilidad política. Si el estilo discursivo de los últimos días se sostiene, Hacemos por Córdoba puede resignar el elemento diferenciador con el que se postulaba como un actor ajeno al griterío actual.

El cruce de declaraciones es un exponente de que la situación de campaña en Córdoba se modificó. Ya no son dos fuerzas políticas que interpelan al oficialismo nacional sino que, ahora, anticipando lo que ocurrirá en dos años, es una de esas fuerzas interpelando a la vez a la otra, a la que pone en tensión. Y lo que está haciendo la gestión schiarettista es un movimiento de autodefensa y ataque.

Después de que los dichos de Gutiérrez tuvieran repercusión nacional, los candidatos del radicalismo, el Frente Cívico y el Pro lo acusaron de apelar a un autoritarismo propio de un kirchnerismo de manual.

Córdoba, por lo tanto, está asistiendo a una grieta de la grieta pero, además, con una particularidad:la discusión invoca al kirchnerismo pero en realidad prescinde de él como interlocutor, no lo convoca al duelo dialéctico. Lo tiene como referencia pero en ausencia, sin cuerpo presente.

Para Hacemos por Córdoba la de noviembre no es una elección más. La asume como la antesala de lo que realmente le interesa:retener el poder en 2023. Con una atipicidad: por primera vez en 24 años los candidatos no serán ni José Manuel de la Sota ni Juan Schiaretti. La relevancia del 2021 es porque establece la posición de los actores de cara a 2023.

El peronismo provincial lo dice expresamente. Se lo expuso con todas las letras a los intendentes en el inicio de la campaña. Los arengó y les pidió que salieran a las calles para contraponerle a Juntos por el Cambio otro dique de contención.

En Río Cuarto, el gobierno de Juan Manuel Llamosas apuesta a la gestión como argumento electoral. Oficializó el nuevo régimen de promoción industrial como una reafirmación de la alianza que el PJ cordobés tiene con el sector productivo desde 1999, pero también hizo anuncios para sectores populares como, por ejemplo, el wifi para las Delicias. En las próximas semanas seguirá con la inauguración de las cloacas de barrio Alberdi y de la quinta etapa del Centro de Salud.

El llamosismo está conforme con el 30% que obtuvo en las Paso pero buscará alimentar esa cifra para tratar de seguir siendo uno de los distritos que más aportan en términos porcentuales. En el Palacio creen que pueden elevar su performance por dos vías:con los que votaron a Negri y no quieren saber nada de Juez y con una mayor afluencia de electores de los sectores históricamente peronistas, que no fueron precisamente en masa a votar el 12 de septiembre.