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Huinca: en medio de la pandemia, reflotó el oficio de aguatero para sostener a su familia

Mauricio Maturano ahora se dedica a distribuir, de lunes a sábado, agua potable en bidones a los vecinos de la localidad.

Es de Huinca Renancó, tiene 31 años y la emergencia sanitaria lo golpeó de lleno en cuanto a sus posibilidades laborales. Lejos de bajar los brazos, Mauricio Maturano puso en marcha un emprendimiento con el cual hoy sostiene a su familia económicamente.

Varias familias de la localidad vieron reducidas sus posibilidades de ingresos a causa de la pandemia; sin embargo, "Fancha", como lo conocen sus amigos, resucitó el viejo oficio de aguatero para hacer frente a las adversidades.

Ante una delicada situación económica, el huinquense, que además es muy querido por la comunidad por su particular personalidad, decidió poner en marcha un emprendimiento que en principio fue consejo de amigos: repartir agua por las calles de la ciudad.

Así es que con lo que tenía, pero mucha voluntad, el vecino que reside en una casa de barrio al sur de la localidad adaptó un carro a su bicicleta y salió a buscar clientes para llevarles agua potable que el mismo todos los días va a buscar a la planta ubicada en Barrio Norte.

"Un día estaba con unos amigos del barrio y ellos que sabían de lo que estábamos pasando me dieron la idea. No lo pensé mucho, tenía la bici y me conseguí un carro. Al otro día salí a ofrecerme para llevar agua", dice. "Primero empecé con los vecinos del barrio y después me empezaron a llamar de otros lados, ahora recorro todo el pueblo", asegura.

Huinca aún no cuenta con la red de agua potable, por lo cual funciona una planta potabilizadora donde los vecinos van a buscar agua. También la cooperativa tiene un camión que recorre los barrios dejando agua en ciertos horarios.

Mauricio trabaja de lunes a sábado, se levanta temprano pasa a buscar los bidones de sus clientes y recorre varias cuadras hacia barrio Norte, a la planta potabilizadora de agua, donde los carga y los vuelve a dejar a domicilio. Así transcurre su día laboral también entre otros encargues que acepta hacer; como llevar mercadería, remedios a los jubilados, leña, ir al banco, entre otras tareas.

No tiene una tarifa fija y los vecinos le van dando lo que pueden, a veces más, a veces menos. Lo cierto es que le tienen una gran confianza y eso es lo que más vale. A medida que recorre la población quien pasa lo saluda, le levanta la mano y lo alienta en su trabajo con algún chiste.

Día a día va sumando clientes y es así que “Fancha” recorre largas distancias en su bici ganándose la vida y aportando para el sostén diario de su familia.

"Es una ayuda más, anoche llegue casi a las 9 de la noche a casa, se me hizo muy largo el día", relató.

Mauricio asegura que la jornada laboral es extensa y agotadora, pero que llega todos los días a su casa feliz porque sumó un cliente nuevo, pero sobre todo una nueva amistad y que eso es lo que lo pone más contento.