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Del humor "inteligente" a la burla poco responsable

Luego de que el reclamo por los recurrentes ataques vandálicos contra propiedades rurales fuera atendido de manera algo tardía desde sectores prominentes del oficialismo, resulta tan sorprendente como lamentable la aparente inclinación de otros con un peso equivalente o hasta mayor, como el encarnado por la propia vicepresidenta de la Nación, a descalificar las denuncias y hasta a tomárselas en broma.

Una vez que los ataques vandálicos a propiedades rurales se convirtieran en un elemento muy capaz de agrandar el conflicto entre el gobierno nacional y el campo, a partir de la sospecha de que al menos algunos de ellos podrían tener motivaciones políticas o ideológicas, una señal particularmente negativa que se reprochaba a las autoridades era la renuencia a condenar explícitamente ese tipo de episodios. Luego de que ese reclamo fuera atendido de manera algo tardía desde sectores prominentes del oficialismo, resulta tan sorprendente como lamentable la aparente inclinación de otros con un peso equivalente o hasta mayor, como el encarnado por la propia vicepresidenta de la Nación, a descalificar las denuncias y hasta a tomárselas en broma.

En el primer tipo de reacción se inscriben la reunión entre la ministra de Seguridad, Sabina Frederic, y representantes del sector, durante la cual se asumieron compromisos para reforzar la acción policial, así como el anuncio del presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, de un proyecto de ley para tipificar el vandalismo rural como un delito específico con penas de hasta cinco años de prisión. Independientemente del camino que fueran a tomar esas iniciativas, se advierte en ellas al menos la intención de tomar nota sobre la existencia del problema y tomar cartas al respecto.

En ese marco, la actitud de otros referentes del oficialismo de reproducir un registro en el que se muestra a un grupo de jóvenes que rompen un silobolsa para extraer mulitas, que se había vuelto viral en las redes sociales, brinda la señal exactamente contraria. Del mismo modo que la decisión de la vicepresidenta Cristina Kirchner de hacer lo propio con un chiste armado por un usuario, protagonizado asimismo por la imagen de una mulita, con la leyenda: “Me encanta el humor, y si es inteligente mejor”. En ambos casos, está la clara intención de descalificar las denuncias de los productores y su preocupación.

Desde luego, más allá de la gracia que puedan causar -y el chiste que tanto deleitó a Cristina Kirchner no carece de ingenio-, estas reproducciones no tienen ninguna posibilidad objetiva de “resolver el misterio” de las roturas de los silobolsas. En todos los hechos denunciados se advierten grandes cortes longitudinales realizados con elementos cortantes, que provocan el derrame del grano a lo largo de toda la superficie aledaña. Esto no guarda el menor parecido con los pequeños agujeros que realizan los jóvenes del video para extraer las mulitas, ni mucho menos los que pueden llegar a perforar los propios animales en busca de comerse el grano, cosa que en efecto ocurre, pero se trata de una situación diferente ante la cual los productores deben apelar a otros remedios, sin que a nadie se le ocurra llevarla a la Policía y la Justicia o desarrollar teorías conspirativas sobre su origen.

El humor no siempre es inocente, mucho menos cuando se ejerce con la “inteligencia” que la vicepresidenta le atribuye al chiste, y tampoco lo es su reproducción, que se lee como la adhesión a la teoría de que los ataques vandálicos a los silobolsas no merecen ser tomados en serio. Una toma de posición inquietante en una figura sin duda poderosa dentro de la alianza gobernante, cualquiera sea la verosimilitud que se adjudique a los múltiples chistes, en algunos casos también “inteligentes”, que la presentan como el verdadero poder más allá de su posición en el organigrama.

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