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La máscara del librero que esconde al artista

Mr. Holden es un personaje de las redes sociales que trasciende su labor para crear un nuevo mundo en la literatura local y convertirse en un artista del humor.

Mateo Formia. Redacción Puntal

“Está bien, le daré la nota”, dice Mr. Holden y agrega “pero con una condición”. Tres puntos en la pantalla del celular se mueven incesantemente de arriba a abajo por unos segundos. Está escribiendo. “Que tergiverse todas y cada una de mis palabras”, sentencia Holden. El contrato es aceptado y firmado por ambas partes.

El misterio, el humor y la ironía son los ingredientes fundamentales para labrar al personaje fruto de la globalización y de las nuevas formas de comunicación. “Vinimos a cubrir una necesidad que existe en esta ciudad: la de formar una comunidad de lectores que manejen un código en común”, expresa Mr Holden. Amado y odiado, polémico, con un humor punzante y un amor profundo a la literatura, Mr Holden abre las puertas de sus libros a aquellos aventureros que deseen incursionar por atrapantes, truculentas, espantosas y románticas historias.

Mr Holden es un personaje nacido en 2019 en las redes sociales. La misteriosa personalidad se esconde detrás de la imagen de un librero, pero es mucho más que eso. Holden logra una interesante aleación entre la literatura, el humor y el misterio, que se manifiesta en sus creativos y descontracturados memes. Holden logra trascender la mera compra y venta de libros para convertirse en un artista constructor de cultura. Se libera de formalismos y de estructuras, creando un universo nuevo en la literatura de la ciudad. Interioriza cada historia para compartirla con su público, que siempre está atento a cada nueva publicación del artista disfrazado de librero.

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- ¿Qué correlato existe entre usted y el Holden Caulfield de J.D. Salinger?

- Ésta es una pregunta esencial para entender nuestro proyecto. En la novela de J. D. Salinger conocemos a este joven de 16 años, rebelde y outsider, llamado Holden Caulfield. Al final, no sabemos qué fue de él más allá de la adolescencia. Por eso me he apropiado de su identidad para, de alguna manera, seguir contando su historia, ya no como el joven que vaga por las calles newyorkinas pensando que todos son unos hipócritas, sino como un adulto en la mismísima Río Cuarto, Córdoba. Y vaya que aquí hay hipócritas. Como en este valle de lágrimas sudamericano también estamos obligados a vivir de algo, pensé que vender libros usados era una alternativa viable para mi misión, que consiste en mejorar el gusto literario de la gente. Eso no quita que en el proceso también consiga un objetivo extra, que es el hacerme millonario, pero ese es otro cantar.

- Su estilo misterioso atrae incluso a personas que no son lectoras, ¿Por qué cree que sucede?

- Es un fenómeno curioso. La literatura muchas veces, en el afán de constituirse como tal, termina por espantar a la gente que no es intelectual ni mucho menos. Holden viene a "desacralizar" a las letras, porque entendemos muy bien que puede y tiene que haber puntos de contacto entre lo más elevado de la literatura y el hacer cotidiano y más prosaico de la gente común y silvestre. Por eso la porción no lectora de nuestro público se ve atraída: porque se ve a sí misma perteneciendo, aunque sea un poco, a aquel mundo que le fue hermético y negado hasta ahora por difícil y rebuscado. Y créame que un día terminan por caer a la librería buscando "un libro como para empezar".

- Usted logró una fusión interesante entre la cultura de los memes y los libros usados. ¿Se trata de una nueva escuela de marketing?

- Ese es un aspecto que yo no manejo. Ahí un poco me gana el factor generacional. Por fortuna, cuento con un gran equipo de jóvenes actualizados en las últimas tendencias publicitarias, del marketing y esas cosas. Pero lo que le puedo decir es que todo lo que revele una experiencia compartida, en este caso de los lectores, si le sumamos humor, es prácticamente cantado que uno se quedará grabado en la retina de las personas. Sabemos que si a uno de nuestros seguidores se le da por comprar, canjear o vender libros pensará primero en nosotros porque antes, en algún momento, le sacamos una sonrisa.

-El contrato que hay entre usted y su público es bastante particular. ¿Cómo describiría esa relación?

- Vinimos a cubrir una necesidad que desde hace mucho tiempo orbita en esta ciudad: la de formar una comunidad de lectores que manejen un código en común. Y no sólo eso. Nuestra relación con el público es de un dar y recibir de manera desinteresada. Así como nosotros preparamos contenidos, hacemos reír y regalamos libros en nuestra clásica «Búsqueda del Tesoro», la gente misma nos dona material para que pongamos a circular. Y también nos cocinan y envían pastafrolas, esto último muy importante para mantener el espíritu bien alto.

-Los libros usados tienen varias historias para contarnos, no solo la del autor, ¿verdad?

- Los libros traen un plus, sí. Mientras más intervenido haya sido por anteriores dueños, ese libro más hablará de ellos. Los subrayados y las notas al margen revelan lo que fue importante para ese lector desconocido. Las dedicatorias, las cartas ya ponen una voz y uno llega a creer, cuando el material es lo suficientemente viejo, que está hablando con los muertos. Nosotros publicamos casi todo lo que encontramos porque estos escritos quizás sean el último manotazo en el océano del olvido de una persona que una vez existió, amó y leyó libros.

- La ironía y lo absurdo muchas veces a la gente le cuesta. Como herramienta de expresión ¿Cómo entiende usted al humor?

- El humor tiene una cara oculta. A más humor, mientras más descarnado es, mayor oscuridad en la cara opuesta de la moneda va a encontrar. El humor no nace de la nada, sino que es la única arma que tenemos contra un oponente enorme, descomunal que tarde o temprano nos atravesará con su espada. Estoy hablando, claro, DE LA MUERTE. De allí el humor ácido e irónico, que debe leerse siempre como un intento desesperado por huirle al acero negro y frío que inevitablemente caerá algún día sobre nosotros. Pero mientras podamos, riamos, bebamos, amemos y, por supuesto, leamos.