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El derecho de Ignacio García Aresca es un privilegio

El intendente de San Francisco sorprendió al defender su decisión de aplicarse rápidamente la vacuna. "Todos tenemos derecho", dijo el delfín de Llaryora. Él mismo había fijado otras prioridades

Ignacio García Aresca tiene 51 años y es intendente de San Francisco. Ni bien estalló el escándalo del vacunatorio VIP a nivel nacional, su nombre apareció entre los dirigentes y políticos de Córdoba que habían recibido rápidamente su dosis de Sputnik V a pesar de no reunir características que lo colocaran dentro de los grupos de riesgo.

Pero lo que en las últimas horas despertó una polémica y desató repercusiones no fue tanto su inclusión en aquella lista sino la defensa que García Aresca hizo de su propia inmunización contra el coronavirus.

El jefe comunal de San Francisco, quien en 2013 llegó al cargo como interino porque Martín Llaryora había pedido licencia para ser ministro de Industria pero que después fue ratificado en las urnas, no parece ser alguien que pierda el tiempo. El delfín del actual intendente de Córdoba recibió su dosis al tercer día de iniciado el operativo. Todavía hoy, en su ciudad, quienes verdaderamente enfrentan la pandemia -médicos, enfermeros, personal de salud- están en su mayoría indefensos ante el virus;sólo cuentan con sus propios cuidados pero todavía deben esperar la vacuna.

Aresca alegó en su defensa pública que él merecía la inmunización porque, desde el primer día, dirige la estrategia sanitaria en su ciudad. Pero, fundamentalmente, asentó su argumentación en un derecho. “Todos tenemos derecho a vacunarnos, a cualquier edad. Hay personas que tienen que vacunarse antes y eso es claro, pero también está la responsabilidad de que para tomar una política de vacunación seria hay alguien que tiene que llevar las decisiones y esos son los intendentes”, le dijo el jefe comunal ayer a Cadena 3.

Ahí se superponen dos justificaciones. Una es política; otra aborda la cuestión desde el punto de vista de los derechos básicos, en este caso a la salud.

¿García Aresca tiene derecho a ser vacunado? Por supuesto que sí. El problema, su problema argumental, es que en su caso confunde un derecho con un privilegio. Porque, precisamente, el acceso que él tuvo a la vacuna, el momento en que ejerció su derecho individual, nació y se plasmó a partir del privilegio de disponer desde su lugar quién se vacuna y quién no en su ciudad.

El 29 de diciembre del año pasado, cuando San Francisco comenzó a vacunar en el hospital J. B. Iturraspe, García Aresca declaró expresamente que la prioridad, en un momento tan complejo, no era él. Según cita el portal de la Municipalidad de San Francisco, ese día el intendente dijo: “Hoy la prioridad la tienen quienes atienden a personas con Covid. En mi caso particular decidí que ellos deben tener la prioridad al momento de vacunarse y más adelante yo me la colocaré”.

En ese punto, Aresca estableció un criterio, que él mismo desbarató meteóricamente:sólo se tomó 72 horas. Su escala duró apenas tres días.

“Todos tenemos derecho a vacunarnos, a cualquier edad. Hay personas que tienen que vacunarse antes y eso es claro”, dijo García Aresca.

Si bien en sus declaraciones el intendente de San Francisco no precisó cuándo iba a vacunarse, sí dejó en claro que lo haría después del personal de salud. Se supone, entonces, que debía esperar a que los médicos, las enfermeras, el personal administrativo y de limpieza, todos, absolutamente todos, estuvieran vacunados.

Sin embargo, él se vacunó, según sus declaraciones periodísticas, al tercer día del operativo;es decir, el 31 de diciembre.

Hoy, casi tres meses después, seis de cada diez miembros de los equipos de salud esperan una dosis. Gabriela Sidler, secretaria general del gremio de la Sanidad en la ciudad cabecera del departamento San Justo, indicó que sólo el 40% del personal que está en clínicas y hospitales ha sido vacunado. “El 60% no se vacunó;eso está en contra de una resolución del Ministerio de Salud”, dijo la dirigente gremial, que además calificó de “vergonzosas” las declaraciones de Aresca.

El intendente incumplió su propio orden de prelación además de los protocolos nacionales.

Su justificación basada en el ejercicio de un derecho colisiona con una obligación que, en un contexto de pandemia, tiene el Estado y, por extensión, él mismo como conductor de un gobierno:garantizar que el personal que de verdad se encuentra en la primera línea de fuego, que atiende a los pacientes con Covid, esté inmunizado para que, en la eventualidad de una segunda ola, los equipos sanitarios no se vean diezmados por los contagios y no se reduzca, como consecuencia, la capacidad de atención. Ahí sí existe un derecho básico y general: el derecho a la salud de la población -no de García Aresca en su condición de intendente-, que se verá afectado si hay menos médicos, enfermeras o especialistas para asistirlo.

El intendente de San Francisco aseguró el 29 de diciembre que primero debía ser vacunado el personal de salud; hoy, el 60% no recibió su dosis.

La declaración de que él debe estar inmunizado porque está al frente del operativo es, como mínimo, endeble. Aresca se autopercibe imprescindible, se reviste de esa calidad, pero no lo exteriorizó antes sino que lo hizo como una justificación ante el cuestionamiento que generó su decisión. Si lo hubiera expresado al inicio, en vez de hablar de la prioridad de los equipos de salud, habría sido un criterio cuestionable pero, al menos, explícito.

García Aresca integra el lote de dirigentes políticos de una nueva generación, de la que deberá tomar la posta del recambio en el poder provincial. Su actitud, su discurso, sus excusas no lo instalan precisamente como una figura que haya alcanzado a leer las demandas sociales, menos aún en pandemia. Aunque sí lo diferencian de otros intendentes de su edad que prefirieron esperar antes de ponerle a un privilegio la máscara de un derecho.

Su decisión de estar entre los primeros en recibir la Sputnik pasaría desapercibida si hubiera vacunas para todos, algo que, como es evidente, no ocurre.