Ignacio Noel conduce una de las empresas de mayor crecimiento en el segmento de las alimenticias. La marca Morixe fue ganando fuerte protagonismo en los últimos dos años y medio, desde que el ejecutivo desembarcó en la firma que tiene un siglo de trayectoria. En ese momento contaba con 400 accionistas y hoy supera los 4.600. Pero además, multiplicó los niveles de facturación y exportaciones aún en plena pandemia. En diálogo con Tranquera Abierta, analiza el contexto y no duda en afirmar que con las actuales condiciones, los exportadores argentinos son “estúpidos” y asegura que “no hay margen para sostener el esquema cambiario y tributario del país”.
“El problema de Argentina es un problema recurrente de falta de dólares y que normalmente los Gobiernos, desde hace décadas, lo enfrentan de manera equivocada. Cuando pueden se endeudan o aprovechan algún veranito de precios internacionales, o también se habla del problema cultural, de que los argentinos piensan en dólares y todo eso. Pero si uno mira a los vecinos nuestros, para no irnos a países a los que no nos podemos comparar, en ningún caso hay cepo cambiario ni retenciones a las exportaciones. Entonces, algo pasa acá. Y no creo que seamos tan diferentes a los uruguayos, paraguayos, brasileros, chilenos o bolivianos”, destacó Noel al analizar la situación económica actual impregnada por la tensión en el mercado cambiario.
¿Y entonces?
Entonces debemos preguntarnos sin hipocrecía qué pasa en Argentina que no pasa en los países vecinos que son de estructura económica y de culturas similares. Y lo que no pasa es que no tienen emisión monetaria como en Argentina y pasa que ser exportador no es ser un estúpido. Porque uno mira en Argentina los últimos 15 años y el consumo medido en dólares informado por el Indec se duplicó. Entonces, el dólar está barato, o hay un exceso de demanda, que no tiene como contrapartida una oferta de bienes y servicios acorde. Se generó una demanda artificial, sin sustento porque la economía en el mejor de los casos es del mismo tamaño.
El CEO de Morixe detalla también el día a día de una empresa exportadora y los detalles que complican el funcionamiento: “Vivimos en una maraña de burocracia público y privada. Cualquier papel que piden en un banco, en la Aduana, tiene que ir certificado por escribano; el balance tiene que tener legalizada la firma por el Cosejo Profesional. Son un montón de curros que no generan nada más que un papel y un sello y alguien que cobra por hacer eso porque corporativamente en algún momento se acordó que todo tenga que pasar por ahí. Y genera un montón de gastos y obligaciones por nada a cambio, eso no genera nada. Eso en lo público es más simple de ver todavía”, indicó.
Y a los mercados globales tiene que llegar con un producto competitivo...
El exportador compite en el mundo sin privilegios de ningún tipo. Nadie nos genera la demanda de los productos que exportamos, no es como el caso de los escribanos, por ejemplo. Tenemos que competir con productores locales del mercado al que llegamos y con todos los otros países que buscan presencia en ese lugar también. En términos futbolísticos, el que exporta juega la Champions League o la Libertadores, compite contra los mejores. Y después competimos en otras condiciones porque en Alemania los productores de papa tienen asfalto hasta la puerta del campo en el que cosechan. Acá caen cuatro gotas y nos quedamos sin materia prima y tenemos que parar la fábrica. Entonces hay que tener un almacén de materia prima y eso genera un costo adicional que los alemanes no tienen. Como eso, hay mil cosas.
¿Y el tipo de cambio ahora, cómo juega en todo eso?
Bueno, después, además, cuando uno exporta está obligado a vender esos dólares a un precio que lo establece el Banco Central y pagar una retención a la exportación, un impuesto que no existe en ningún país de la región o en países como Bélgica u Holanda. Si no lo fijara el Banco Central sería más alto, lo que quiere decir que lo obligan al exportador a vender a un dólar menor al que el mercado está dispuesto a pagar. Por eso digo que el exportador argentino es un estúpido. Porque es una víctima de una mayoría que no genera dólares pero que quiere dólares. Directa o indirectamente, todas las personas que consumen en el país consumen dólares. No porque compren billetes directamente, como las 4 millones de personas que lo hacían en blanco, a las que deberían sumarse las que lo hacían en negro. Si fueran un partido político ganarían las elecciones; son 10 millones de votos garantizados.
Bueno, pero de todos modos la Argentina exporta y es competitiva en alimentos...
Sí, de todos modos exportamos, con gran esfuerzo y gran eficiencia. Porque al lado de un productor europeo, por ejemplo, para venderle a Brasil sólo tengamos en cuenta que el flete de Europa es la quinta parte que de Argentina. Eso porque los contenedores de frío que van con carne y fruta desde Sudamérica a Europa vuelven vacíos, entonces cargarlos resulta más barato. Poner un camión en San Pablo nos cuesta 3.500 dólares y a un europeo, 700 dólares y eso se resigna de algún lado. Es un círculo vicioso porque al quitarle ingresos a los sectores de exportación, tienen menos fuerza para crecer e invertir.
¿Por dónde se sale?
La solución no es fácil porque hay que reducir la demanda, que es lo que inevitablemente debe hacer Argentina para promover la exportación de alguna forma. Yo lo puedo decir porque no soy político, pero hay que fomentar la exportación y la inversión. Porque no vamos a conseguir que haya inversión si el dólar que ingresan tiene un precio bajo fijado por el Banco Central. Con esas condiciones no van a venir inversiones. Pensemos que lo pueden invertir en cualquier otro lugar, incluso de la región. Hoy no somos atractivos. El problema no es fácil, pero alguien se tiene que hacer cargo, tomar el toro por las astas y emprender una solución. Tenemos que exportar para crecer y atraer inversiones, y eso significa ajustarse el cinturón, para lo que hay que diseñar políticas para que los más vulnerables estén protegidos. Sino vamos a seguir en el círculo vicioso y en este problema que viene de décadas en el país. La primera comisión para control de cambios se creó en 1931 y después se fue perfeccionando. Por eso el sector exportador sigue vendiendo commodities porque en cuanto le quiere agregar valor, ponerle más mano de obra, ya no es competitivo.
¿Eso sería traducir en una devaluación lo que hizo el Banco Central la semana pasada?
Entiendo que eso puede tener consecuencias muy importantes en el ingreso de la población y en la pobreza, pero hay que buscar la manera de hacerlo para que la Argentina pueda comenzar a exportar productos con valor agregado. Mientras, habrá que tomar medidas para mitigar los efectos o el impacto negativo que eso pueda tener. Pero creo que no hay alternativa, seguir negando la realidad y diciéndo que acá no pasa nada, que son los especuladores, será continuar tropezando con la misma piedra, inevitablemente. Y de hecho, la Argentina, entre 2005 y 2010 tuvo tipo de cambio competitivo, saldo comercial positivo y la economía en crecimiento, con menor pobreza que ahora. En ese momento el consumo en dólares era la mitad que ahora. ¿Qué hicimos de bien desde entonces para poder consumir el doble en dólares oficiales? Si todo lo que pasó en la economía fue para atrás, hay algo que no va.
Y las cuentas del Estado estaban en equilibrio...
Sí, y el valor de los commodities muy elevados. Después se aumentó mucho el gasto y terminamos en el endeudamiento. Es como la familia que se gana la lotería, aumenta su nivel de consumo y después se le termina el dinero, se endeuda para no resignar su ritmo de vida y al final no le queda nada. Algo así le pasó al país, y ahora encima tenemos que devolver el préstamo. Todo lo demás que se dice es verso.

