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Una foto del pasado y un futuro complejo

El Indec dio a conocer el dato de pobreza del primer semestre del año, pero en su interior hay dos realidades: el primer trimestre fue a la baja, pero el segundo ya marcó un quiebre al que se sumará la crisis iniciada con la salida de Guzmán y la estampida inflacionaria

La buena noticia que dio el Indec el jueves pasado al informar que la pobreza había bajado en la Argentina, lamentablemente no pudo ser completa. Primero porque los valores de la indigencia mostraron un crecimiento, es decir, aquellas personas que no logran cubrir con sus ingresos el alimento del mes. Pero además, porque se trata de una estadística vieja, pero no sólo porque pasaron tres meses de “la foto”, sino porque en ese período la Argentina entró en un subibaja brusco, con tres ministros de economía, una fuerte inestabilidad cambiaria y un alza inflacionaria que volvió a posicionarse en un escalón superior, con proyección de tres dígitos para el año.

Es decir, después de que el Indec cerrara su trabajo en junio, la situación empeoró.

El número nacional fue del 36,5% de pobres y de 8,8% de indigentes. Más de un tercio de la población argentina que vive por debajo de las condiciones dignas. Eso marca un nuevo piso que tiende a consolidarse: lo que antes era un cuarto, ahora es un tercio.

En junio el indicador de pobreza cerró en casi 38,5%, mientras que en marzo había descendido al 34,5%. En un trimestre trepó 4 puntos. El promedio fue 36,5%.

Pero tomando el indicador de pobreza, ese 36,5% es en realidad un promedio del primer semestre: entre el primer trimestre que fue positivo, con baja en el índice, y el segundo que ya marcó el cambio de tendencia y comenzó a incrementarse. Es decir, no sería necesario cargarle los episodios ocurridos desde la salida de Martín Guzmán para generar un quiebre, más bien esos hechos acelerarían el deterioro. En junio el indicador cerró en casi 38,5%, mientras que en marzo había descendido al 34,5%. En un trimestre trepó 4 puntos.

Es la base sobre la que se proyectará el tercer trimestre que acaba de terminar. Para tener avance más sobre los indicios que permiten proyectar la evolución de los indicadores vale destacar el proceso inflacionario que fue de 7,4% en julio y 7% en agosto. Septiembre no marcaría una baja significativa ni mucho menos.

Alguien que sigue de cerca estos procesos y es un investigador destacado de pobreza y distribución del ingreso, el economista Leopoldo Tornarolli, explica que con esos valores inflacionarios es muy difícil que los ingresos de la población puedan alcanzarlos. Por eso, cada vez más personas van cayendo debajo de la línea de la pobreza. A medida que la carrera la ganen los precios, el deterioro social se va agudizando. Es el proceso que vive la Argentina.

Aquí es necesario también incorporar otra dimensión: la del trabajo. El mercado laboral tiene un bajo nivel de desocupación, pero al analizar qué tipo de trabajo existe, y en particular el que se creó en los últimos meses, se observa que es de baja calidad, mayormente informal. Eso permitió en un momento sostener la pelea contra la inflación. Pero llegado a este punto, es necesario que los ingresos sean los responsables de la mejora y no ya la mayor ocupación (aunque sea de baja calidad). Y, se sabe, los sectores informales son los que más dificultades tienen para defenderse ante al escalada de precios. A mayor informalidad, en un escenario de fuerte inflación, hay más probabilidad de deterioro.

Si las empresas empiezan a ver que su actividad se deprime, es difícil que puedan mejorar los salarios reales. Es otro efecto negativo en marcha.

En los últimos días fueron noticias algunas paritarias y mensajes de sectores sindicales conveniados. Bancarios acaba de cerrar 95% de incremento anual; el gremio de los neumáticos se garantizó un 16% de refuerzo sobre la paritaria anterior más un 51% hasta fin de año, a lo que sumará un incremento más del 12% en febrero y a partir de ahí acompañar el porcentaje mensual de inflación hasta junio del año próximo. Fue el conflicto del año hasta acá; aunque Moyano ya avisó que eso “será un poroto si la patronal” de camioneros no plantea una recomposición seria. Todo eso está lejos del trabajador informal que queda en desventaja y ve un mayor deterioro de sus ingresos. En los formales, también es cierto que no todos corren la misma suerte. De hecho, hay muchos segmentos con ingresos que no logran alcanzar el valor de la canasta que define la pobreza. Ahí hay ramas de actividad, situación del sector y el peso específico de las estructuras sindicales que operan como decisivas.

Ahora bien, ese escenario de deterioro social no es inocuo para la actividad económica, que más temprano que tarde también tendrá su impacto negativo. La suba de tasas que aplicó el Gobierno como un remedio para la inflación borró del mercado la mayoría de las líneas de crédito, al menos en condiciones atractivas y eso ya tiene efectos. De hecho, en los últimos días la industria de la maquinaria agrícola, de fuerte arraigo en el interior cordobés, acusó ese impacto y advirtió sobre el daño que causará en la actividad.

Si las empresas empiezan a ver que su actividad se deprime, difícilmente puedan mejorar los salarios en términos reales. Por eso ahí hay efectos secundarios en marcha.

Es de imaginar entonces que la dinámica general muestra señales preocupantes para el escenario social a las puertas de un año electoral. Claramente no es una buena noticia para el Gobierno, que como el anterior, prometió mejorar esos indicadores. A esta altura esa misión será difícil de alcanzar mientras la inflación no se detenga y en algún momento, se abra un proceso de crecimiento económico, de una torta más grande, cosa que no ocurre desde hace más de una década.