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"Tenemos una gran diferencia con el Presidente cuando dice que por suerte no hay obra pública"

El presidente de la Unión Industrial de Córdoba se refirió al contexto de las fábricas en la provincia y se preguntó cómo se sostendrá el crecimiento si a la par no hay inversión en energía, rutas o trenes. Admitió que el escenario es complejo, pero que hay optimismo hacia el futuro

La industria cordobesa atraviesa un contexto de dificultades, con un 41% de las empresas que redujo su ritmo de producción en el último mes, un porcentaje similar que observó una retracción de la demanda y casi un 50% que asegura haber perdido rentabilidad. Son algunos de los resultados que mostró el último relevamiento de la Unión Industrial de Córdoba y que inquietan al sector. Sin embargo, el 71% de los encuestados aseguró ser optimista hacia el futuro. Cómo conviven ambas sensaciones, lo explica para I+I CBA el presidente de la UIC, Luis Macario, quien además se refiere a la necesidad de retomar la obra pública para acompañar un crecimiento de la actividad económica y recuerda la necesidad de avanzar con reformas pendientes.

¿Cómo está el panorama industrial hoy?

Las dificultades existen, se mantienen, no ha sido fácil transitar al año 2024 y este primer trimestre del 2025, pero hay en general, en todos los encuestados, una visión optimista hacia el futuro y eso con un porcentaje realmente alto del 71%.

¿Por qué se da ese optimismo?

Creo que ese optimismo está basado, a pesar de las dificultades, básicamente por el acomodamiento de la macroeconomía, sobre la cual todavía resta trabajar. O sea, no es que esté todo resuelto, pero veníamos de un lugar muy bajo, muy malo y la situación actual es mejor y eso está reflejado con distintos indicadores que son objetivos y que están a la vista, a pesar de que a lo mejor la opinión pública o el ciudadano de a pie no lo perciba totalmente. Entre esos parámetros macroeconómicos podríamos mencionar el equilibrio fiscal y comercial, la balanza comercial de Argentina durante todo el año 2024 que fue superavitaria, es decir, tuvimos más exportaciones que importaciones, creo en gran parte por la recesión que hubo el año pasado. También hubo una normalización de la deuda comercial que era un gran problema, cuando terminó el anterior gobierno había una deuda comercial privada de arriba de los 40 mil millones de dólares, donde las empresas sí tenían los fondos para pagar, pero el problema era que el país estaba, y eso quedó, de alguna manera, saneado. Sumemos la reducción de la inflación porque tuvimos un diciembre del 2023 con un porcentaje del 25% y hoy estamos orillando el 2%, aunque todavía resta camino por delante e incluso probablemente lo más difícil. Porque cuando nosotros hablamos de una tasa de inflación mensual del 2% o arriba del 2%, lo vemos como un gran logro, pero si miramos los países vecinos, sin ir muy lejos, Chile, Brasil o Uruguay, esa tasa, quizás un poquito más, la tienen en forma anual y nosotros estamos hablando de una tasa mensual. La baja del riesgo país es otro elemento que posiciona nuevamente a Argentina ante la posibilidad de tener algún tipo de crédito externo. La reducción de la baja de interés en pesos, aunque las tasas son positivas en este momento; y también un aumento, diría incipiente, del crédito. Es decir, hay todo un combo de cuestiones que se refieren a la macroeconomía que creo que es lo que le da esa cuota de optimismo a los industriales para lo que viene. Ahora, como bien lo mencionaron ustedes, estamos transitando un periodo complicado.

Justamente, el 41% continuó con el recorte de producción…

Sí, en este relevamiento que hicimos, un 48% de los encuestados hablan de que han perdido rentabilidad en lo que va del año, un 41% ve que la demanda se ha contraído, es decir, hay toda una serie de cuestiones que afectan, yo diría, más a la microeconomía y que bueno, la condición macroeconómica es necesaria, pero no es suficiente.

¿Esa contracción de la demanda tiene que ver con un mercado interno que no termine de reaccionar?

Tiene que ver algo con eso. El mercado interno no termina de reaccionar. Es cierto que, digamos, la baja de la tasa de inflación ha sacado un impuesto implícito que empieza a hacer de que los salarios no pierdan el poder adquisitivo tan rápido pero el ajuste ha sido muy fuerte. O sea, todo lo que es tarifa de servicios públicos e impuestos se está sintiendo en el bolsillo de la gente y eso hace que se demore la reactivación.

¿Cuál es el foco hoy de las empresas ante este contexto?

Es el momento, o por lo menos es en lo que está concentrado el sector privado, de trabajar puertas adentro en lo que nosotros llamamos la productividad de cada una de las empresas, esto significa realizar los propios ajustes para adecuarse a esta realidad, a este contexto distinto. Y en lo que es externo de la empresa, en la competitividad, pero la competitividad explicada, digamos, de una manera sistémica, no es solamente, como pudo haber sido en el pasado, una corrección del tipo de cambio que cuando se devalúa, más allá de que el país es más pobre, ese reacomodamiento de esa variable es una mejora transitoria y nominal, que rápidamente después genera la inflación. Convengamos que hoy nosotros pensamos que el tipo de cambio tiene un atraso y eso también es objetivo en virtud de que la devaluación del crowling peg establecido por el gobierno fue del 2% y las tasas de inflación fueron superiores, pero no estamos hablando de la necesidad de una devaluación, sino de avanzar en la competitividad.

¿Y eso qué contempla?

Eso contempla, por ejemplo, la carga impositiva. Cada producto de Argentina tiene un alto componente impositivo, y creo que eso también está vinculado con la informalidad que tiene la economía argentina. Los que estamos formales, los que estamos establecidos, tenemos una presión tributaria muy elevada en función de que ese 50% de informalidad no paga los impuestos, entonces todo está concentrado en el sector formal. Después también tenemos este tema de los préstamos, y vemos que en eso estamos un poco mejor, pero si lo comparamos con lo que pasa con países vecinos y medimos el crédito interno al sector privado, Argentina tiene un 6% del PBI, mientras que si tomamos como referencia Brasil tiene un 72%, Chile tiene 110%, o sea que esto muestra que hay un largo camino para recorrer, aunque pareciera que estamos en la senda correcta.

¿Y luego?

El tema laboral no se termina con la ley base, creo que hay cuestiones, no estoy hablando del costo salarial, sino el costo del empleo en su conjunto a través de impuestos, ART, o una mayor flexibilidad que se podría dotar. Y sumemos el tema de la obra pública, que ahí sí tenemos una gran diferencia de opinión con lo que piensa el Presidente de la Nación cuando habla de que por suerte no hay obra pública.

¿No están de acuerdo con el parate de la obra pública?

Nosotros sinceramente no coincidimos porque, por ejemplo, en estos días que hemos tenido una ola de calor, el sistema eléctrico se vio prácticamente colapsado. Si Argentina entra en una senda de crecimiento y empiezan a aparecer radicaciones industriales, ¿con qué vamos a abastecer esas industrias? Y lo mismo podríamos hablar del tema del gas, y lo podríamos hablar con respecto a las condiciones de las rutas. Nuestro sistema logístico está basado en los camiones; y ni hablar de inversiones en materias ferroviarias que son imposibles de realizar por el sector privado, la hidrovía. O sea, hay una serie de cuestiones en las que inevitablemente el Estado tiene que intervenir porque el sector privado por ahí no tiene la capacidad o la potencia para poder encarar ese tipo de obras de infraestructura. Entonces todas estas cuestiones concluyen en la competitividad. Y si tenemos indicadores que vayan en mejor sentido, va a mejorar las condiciones económicas de la República Argentina. Pero la salida acá es con más producción, con más trabajo, no hay otra manera. El tema es que veamos si esto se termina consolidando o si solamente también es una etapa de los ciclos que tiene la Argentina.