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Atenuar la inflación, gestos al campo y CEO's al Gobierno

En el arranque del año electoral el oficialismo no da por perdida la contienda aunque eso implique bajar algunas banderas que se levantaron hasta mediados del año pasado. Sumó una mayor cuota de pragmatismo que también genera ruidos internos. Por ahora evitó el abismo, ¿le alcanzará para ser competitivo?

Con el recuerdo aún vivo de lo que fue el mundial de Qatar para el seleccionado nacional, los protagonistas de la Scaloneta siguen cosechando elogios y reconocimientos; incluso el mismo DT Lionel Scaloni, que fue condecorado como el mejor técnico de 2022, lógicamente por lo realizado con su equipo en Medio Oriente.

Fue importante la contribución de Scaloni al título, más allá de que los intérpretes alcanzaron niveles superlativos en muchos casos que facilitaron el tránsito. Pero el DT llegó con 11 titulares y terminó acomodando dentro del equipo a quienes comenzaron mirando los partidos desde el banco. No dudó en cambiar piezas para que el resultado final sea el buscado. Y los resultados llegaron.

En el gobierno nacional hay un proceso que podría guardar alguna analogía, más allá de que los resultados están lejos de ser positivos. Pero los cambios que comenzaron a realizarse a mitad de año implicaron modificaciones hasta de rumbo, que a muchos aún les cuesta asimilar.

Detrás de la figura de Sergio Massa en Economía está Gabriel Rubinstein, el verdadero técnico en la materia y que tiene muy poco que ver con buena parte del Gobierno.

La centralidad del ministro de Economía, Sergio Massa, en el Gobierno es innegable y tal vez el principal motivo por el cual terminó al frente de esa cartera sin ser economista. Pero detrás de él, Gabriel Rubinstein es el verdadero técnico en la materia y tiene muy poco que ver con buena parte del Gobierno. Sí con la visión de Massa, lógicamente, que fue quien lo terminó convenciendo de aceptar el cargo más allá de su abierta crítica a los gobiernos del kirchnerismo, en particular los de Cristina Fernández. Esa historia hizo de difícil asimilación la llegada de un economista que tiene buena aceptación en la parte de la biblioteca más liberal. Claramente La Cámpora hubiese preferido otro tipo de técnico, pero el contexto no permitía combatir dentro del propio espacio el armado del Ministerio de Economía porque la fragilidad era extrema. La abrupta salida de Guzmán, la inflación disparada, el tipo de cambio con mucha presión y una designación como la de Silvina Batakis en la cartera que no terminó de asentarse obligaban a asegurar tranquilidad; alguien con espalda para aguantar el momento y encausar lo que se observaba desbordado. Y por parte del Gobierno -y sus principales actores- a aceptar algún precio de más a cambio. Por eso pudo sentarse Rubinstein detrás de Massa para ser el arquitecto del ministro, que garantizaba margen político para las maniobras. Que no eran pretensiosas ni mucho menos; más bien atendían la extrema coyuntura, perseguían el control de daño. Y hasta aquí eso se logró. La economía no mejoró en temas centrales, pero dejó de caminar por el desfiladero sin barandas.

Dejó de tener hostilidades hacia sectores como el del campo, que fueron una constante durante los primeros 31 meses de gestión de Alberto Fernández, con políticas que en la mayoría de los casos se definían fuera del área del Ministerio de Agricultura y Ganadería. Esa cartera no tenía peso específico, más allá de algunos programas destinados a la huerta familiar, el reconocimiento de comunidades originarias, y poco más. Lo central era definido por otros ministerios. Con la llegada de Massa y de Juan José Bahillo a la Secretaría de Agricultura y Ganadería -perdió rango en el cambio- la toma de decisiones tiene el área delimitada.

Para seguir dentro de la relación con el agro, la flamante incorporación del expresidente de Syngenta para Latinoamérica Sur, Antonio Aracre, como jefe de asesores presidenciales también constituyó un trago amargo que algunos disimularon y otros no pudieron: ayer Pablo Moyano dijo que era “un terrible chanta” y le pidió al Presidente que lo eche. Aracre planteó en los últimos días la necesidad de revisar qué está pasando en el mercado laboral. Aunque parece una obviedad, a Moyano no le cayó bien porque sospecha que la inclinación de Aracre no sería la que él pretende de las relaciones laborales.

La flamante incorporación del expresidente de Syngenta, Antonio Aracre, como jefe de asesores presidenciales también constituyó un trago amargo para muchos.

Algunos datos duros: la Argentina hace más de una década que no crece en empleo privado registrado, aumenta todos los años la cantidad de monotributistas y se expande levemente el empleo público. A la par, la informalidad laboral supera el 33% de los ocupados. El país necesita sumar 250 mil puestos por año solo para acompañar el crecimiento demográfico. Si no se apura la discusión ese deterioro no se detendrá.

Más allá de los nombres, también hay gestos. El campo relativizó los anuncios de Massa con aportes a los tamberos que hizo el viernes en Villa María. Pero lo cierto es que el ministro desembarcó en uno de los vértices de la cuenca lechera más importante del país junto con el secretario del área para anunciar que inyectaría $10 mil millones a tamberos para paliar el pésimo contexto que viven en todo el país. Antes de julio, eso hubiese sido difícil de imaginar. Los productores advierten que ese dinero, que se distribuirá en 10 o 15 pesos por litro entregado, es el monto que se ahorrará la industria que debía aumentar el precio en la tranquera. Pero más allá de eso, permitirá un alivio al menos momentáneo en un contexto de sequía y de salida del dólar soja, que llevaron los costos de la alimentación muy arriba.

En el arranque del año electoral, el oficialismo quiere recuperar competitividad y al parecer tiene bastante resuelto cuál será su carta. Primero cierta moderación en las políticas y guiños a sectores que se mantenían en el otro corner; por otro, la búsqueda de esa moderación en una figura. Para que todo eso resulte una receta exitosa la economía será clave y el impacto de la sequía también. Ayer una encuesta de Zuban Córdoba y Asociados concluyó que “la verdadera candidata de esta elección será la economía”, como casi siempre ocurre, no solo en Argentina. Por eso el Gobierno decidió echar mano en el equipo e intentar dar vuelta un partido complicado.