Las líneas sinusoidales que cobran protagonismo en los muros y los quiebres que se observan en el exterior de la cubierta, parecen imitar la fisonomía de las sierras del Valle de Calamuchita. A la vez, la inclusión de techos verdes mimetiza la vegetación de la superficie terrestre con las terrazas.
“Nina Huasi” es una obra de bioarquitectura promovida por el estudio Hombre de Barro, que comparten los arquitectos Christian Lico e Ignacio Serralonga. La edificación de 180 metros cuadrados cubiertos, proyectada sobre una superficie de 350 metros cuadrados, se materializó entre el 2019 y el 2020 en Villa General Belgrano, localidad serrana donde tienen su estudio ambos profesionales.
“Nina” (diosa del fuego comechingón que representa al fuego, como elemento transformador) y “Huasi” (casa) le ponen nombre al complejo que alberga a un centro holístico enclavado en proximidades del Aero Club de La Villa.
“La idea primigenia del emprendimiento es la de crear un sitio donde poder hacer el ejercicio de afinar y afinarnos con lo que nos rodea, de limpieza, detox, donde puedan brindarse talleres, terapias y distintas prácticas, además de ofrecer comidas producidas con materia prima cultivada en el lugar, con el objetivo de abrir conciencia, introducirse en la experiencia, vivenciarla y a través de este acto modificarse en la precepción de los distintos fenómenos”, explican a Puntal ADC los precursores del proyecto.
El sitio se emplaza en un sector del trazado urbano que ha empezado a desarrollarse con la construcción de viviendas y que en los últimos años viene siendo dotado con distintos servicios públicos. “El alimento, las actividades, los espacios. Todo es parte de una misma idea y esto debe transformar y transformarnos, a través de la experiencia del transcurrir en este lugar”, señalan.
La obra
En lo que fue la primera instancia de construcción, la obra contiene un salón de usos múltiples, dos salas de masajes, dos baños y un hall de espera y preparación.
"El salón es el espacio más importante, donde suceden muchas actividades de uso colectivo como danza, meditación, eventos musicales y talleres terapéuticos”, comentan los profesionales, que desde hace más de 10 años se dedican exclusivamente al desarrollo de este tipo de arquitectura.
Para agregar: “Su envolvente de tierra en técnicas de quincha contiene simbología de la cosmovisión comechingón, antigua cultura local de tiempos precolombinos”.
La edificación cuenta con una estructura con esqueleto de madera en palos de eucalipto, de geometría octogonal con un diámetro del espacio interior de 9 metros, que sostiene una cubierta de techos también de madera, concéntrica, con una trama estructural que asemeja una tela de araña.
“El crear una experiencia directa con el cuidado del cuerpo, la utilización de los elementos naturales en todas sus formas, aprendiendo a interactuar en la vida diaria en forma sostenible y responsable con el entorno próximo para mutuo beneficio, lo convierten en un lugar de acción hacia el medio local”, resaltan desde el estudio, al tiempo que agregan: “Utilizar los elementos que provee la naturaleza, buscando un bajo impacto de carbono y sumando el beneficio del diseño espacial, con un máximo aprovechamiento de la energía, es parte de la propuesta que espeja la atención a nuestro cuerpo como primera casa”.
Iluminación
Para la iluminación interior de espacios como las salas y los baños, cuya orientación da hacia el sur, se incorporaron lucarnas para ganar luz cenital. Si bien son de pequeño tamaño, contribuyen a obtener haces de luz que por el movimiento que tienen ofrecen distintos efectos de luces y sombras a los interiores. En tanto, en la cara norte del salón principal, se incorporó otro tipo de lucarnas y vidrios de botellas en los muros que generan efectos de color sobre el piso del salón, que es de madera. “Se van reflejando colores durante el día en distintos horarios y se mezclan entre sí generando tonalidades que se van moviendo”, describen.
También se recurrió a paños fijos de DVH empotrados en los muros que permiten el ingreso de luz, pero evitando la permeabilidad directa para favorecer a las actividades que se llevan a cabo en el interior del recinto. A la vez, una entrada de luz cenital en la cúspide de la unión de los techos aporta un poco más de iluminación natural al interior.
“Otro punto importante tiene que ver con la tecnología de la tierra. En la elección de los materiales, se priorizó todo lo que son de baja huella de carbono, y se tuvo en cuenta la regulación higrotérmica del espacio a partir de los por muros de 35 centímetros de ancho, lo que favorece al control de la temperatura interior. Así, los muros forman parte del sistema de calefacción de los espacios aprovechando el concepto de la masa térmica”, expresan.
Para agregar: “Además de su diseño bioclimático, para calefaccionarse dispone de componentes de aclimatación activos representados por una caldera a pellet de madera que suministra agua caliente a una loza radiante. Está conectada con colectores solares que calientan el agua para la calefacción”. Cabe destacar también que el salón tiene un techo piramidal concéntrico, mientras que sobre el resto de la construcción se materializaron techos verdes y cubierta de piedras, que son de doble curvatura y que imitan la fisonomía del entorno natural serrano.
Por Javier Borghi

