¿Setenta kilómetros son mucha o poca distancia?, se pregunta Isabel en “Transradio”, la novela de Maru Leonhard con la que abrimos esta nueva edición (¡y cuántas van!) de Lecturas de Verano.
La distancia medida en tiempo de viaje es apenas una hora en ruta, si hay tránsito cargado. Sin embargo, si esos setenta kilómetros implican el traslado desde el ajetreo de la Capital Federal hacia un pueblito bucólico de la pampa bonaerense, el cambio resulta drástico.
Ese es el recorrido que van a hacer Isabel y su compañero, Martín. Y es el disparador de la narración.
Por decisión pura y exclusiva de ella, por una necesidad interior de cambiar de aire, y por la sencilla razón de que, revolviendo cajones, apareció un viejo llavero que abre la puerta de la casa de la infancia, Isabel y Martín recalan en un caserío delimitado por la ruta que es una presencia siempre amenazante para los pobladores.
En pocos trazos y con una escritura simple y envolvente, la novela acompaña el periplo en reversa de una mujer que sale en busca de sus recuerdos como una manera de sobreponerse a un dolor intenso, un hecho traumático y demoledor que apenas se sugiere aquí y allá en las 137 páginas.
El nuevo escenario está detenido en el tiempo. Martín no termina de explicarse qué hacen ahí y, con el pretexto de que debe viajar por trabajo a la capital, se ausenta cada vez más hasta transformarse en una presencia fantasmal.
Sola en la casa donde creció, Isabel busca la manera de seguir adelante, pero para eso necesita librarse de la pesada mochila que arrastra desde niña: la trágica desaparición de su madre, un hecho que a la vuelta de los años sólo puede explicar como la desesperada huida de las garras de la depresión.
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Leonhard, lo cuenta así:
“Mamá estaba en camisón. Comimos. Hubo gritos, risas, papá sacó la guitarra, mamá no quiso cantar. Estaba sentada en la cabecera de la mesa y cuando se levantó un viento que volaba las servilletas, se quedó inmóvil, mientras todos los grandes corrían juntando lo que se había desperdigado. Entonces le perdí el rastro. En un segundo estaba en la cabecera y en el siguiente ya no estaba más”.
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La trama va progresando a través del vínculo que Isabel mantiene con sus vecinos. Aunque alguien podría discutir (y con razón) la elección del verbo progresar. Lo que se ve es una búsqueda de la protagonista y no hay nada que garantice que eso la llevará a alguna parte.
“Transradio” se lee con una sonrisa cuando recrea los intercambios con la pareja de ancianos que parece querer adoptarla como una integrante más de la familia, o los chisporroteos con Elsa, la madre del chico down del pueblo.
Entre la recién llegada y los pobladores habituales hay una negociación tácita: Isabel busca que esos personajes le ayuden a entender episodios del pasado que quedaron en una nebulosa y los vecinos, detrás de su amabilidad, exigen de Isabel una entrega incondicional.
“Acá somos así”, “Acá hacemos esto o aquello”, le avisan como si la pertenencia (o la permanencia) de Isabel a ese lugar la obligara a renunciar a cualquier pretensión de privacidad.
El costo de no amoldarse al esquema pueblerino son la segregación y el señalamiento: Isabel lo pagará hasta el final.
“Transradio” es la primera novela de Maru Leonhard y llega de la mano Cía. Naviera Ilimitada.
Los lectores más curiosos no duden en recorrer el catálogo de publicaciones de esta editorial independiente. Encontrarán allí desde nuevas voces, como la promisoria aparición de Leonhard, hasta plumas completamente desconocidas por estas costas como la de la finlandesa Tove Jansson, una celebridad literaria en el otro extremo del planisferio.
Leonhard, de perfil
Maru Leonhard nació en Buenos Aires en 1983 y se crió en Ramos Mejía. En la información que consigna la editorial Compañía Naviera Ilimitada, se lee la siguiente información sobre la autora: estudió diseño de imagen y sonido. Actualmente trabaja como editora audiovisual y guionista.
“Transradio” es su primera novela y ya se encuentra trabajando en una segunda y pensando en una tercera.
Escribe desde siempre, aunque señala que nunca ganó un concurso. Le gusta mucho nadar.
Alejandro Fara. Redacción Puntal

