Milei, convalidado por buena parte de quienes lo votaron, no se conformó con convertirse en presidente sino que fue más allá: lo suyo venía a ser una restauración de los valores y las bases de un país que en algún momento perdió el rumbo moral y económico. El libertario señaló, acusatoriamente, curros por todos lados. En gran medida, esa cruzada servía de elemento legitimador no sólo de su discurso sino de sus medidas. ¿O no es habitual escuchar a más de un libertario, declarado o culposo, que hay que soportar las consecuencias del modelo de Milei porque son el precio inevitable que debe tener una limpieza tan profunda? Ahora, el escándalo de las coimas hace que ese sacrificio tenga menos sentido.
El Presidente recibió dos mandatos de su electorado: terminar con el caos de la economía y erradicar los privilegios del sistema político, sus negocios sucios, su descaro.
La dimensión ética no puede ser nunca ajena a la política; al contrario, es constitutiva, intrínseca. Sin embargo, Milei la transformó al darle un lugar central en su andamiaje discursivo y de valores. Si los políticos y dirigentes están obligados de origen a seguir una conducta, el libertario y su gobierno lo están todavía más porque se autoerigieron como reservas morales de un país en descomposición.
Ese es uno de los factores que hacen tan complejo para el Gobierno el escándalo de las coimas en la Administración Nacional de Discapacidad. Porque, más allá del hecho de que habría habido pagos y cobros indebidos mientras se obligaba a beneficiarios de pensiones a demostrar que efectivamente son discapacitados, ataca el corazón simbólico, discursivo y político de Milei y los suyos. Si algo requiere ser ejecutor de una cruzada es legitimidad para ejercerla.
Pero, además, hay otros datos que contribuyen a hacer más gravosas las consecuencias del escándalo. Primero, el origen del dedo acusador. No hubo ni intromisión externa, ni kukas armando operaciones, ni opositores desbocados en una intención golpista: se trata de fuego amigo, de una serie de audios en los que Diego Spagnuolo, abogado y amigo de Milei, relata la existencia de un sistema de cobro de coimas, en el que estaban asignados los porcentajes de reparto, y apunta, además, a los destinatarios de los frutos de la corrupción libertaria: nada más y nada menos que Karina Milei y su fiel ladero, Eduardo “Lule” Menem.
Más allá de la ironía de que un gobierno depurador tenga entre sus filas a varios Menem en puestos clave, lo que hace que el escándalo sea imprevisible no es sólo la erosión política y discursiva que implica para el gobierno, sino un aspecto más prosaico: los nombres que están implicados.
Un gobierno suele contener anillos defensivos. El bien a resguardar, por supuesto, es la figura más relevante de una gestión; en este caso, el Presidente. Para eso suelen estar los ministros, por ejemplo, o los funcionarios de alto rango: no sólo por su calidad de gestores sino, además, de escudos. Los golpes, por definición, deben ser absorbidos en esa línea de contención.
El resultado clásico de un escándalo suele ser la salida de un ministro. Él se lleva la marca, paga el costo. Sin embargo, no parece ser una alternativa viable para Milei en las actuales circunstancias:¿a quién soltarle la mano si la principal depositaria de las acusaciones es su hermana, a quien el Presidente no sólo reconoce como “el Jefe” sino como la fuerza moral de La Libertad Avanza? La estructura de poder del libertario tiene dos actores en el círculo más íntimo:él y su hermana. No se entiende ni se ve posible uno sin el otro.
Por lo tanto, las válvulas de descompresión se reducen drásticamente en este caso.
Nunca un escándalo de esa magnitud ni de ese tipo es oportuno, pero el de las coimas en Discapacidad llega en un contexto en el que el gobierno viene encadenando una serie de traspiés en varios frentes. En la economía, donde dice ser experto el que Milei endiosa como el mejor ministro de la historia y del mundo, Luis “Toto” Caputo, sigue dando manotazos a fuerza de supertasa para contener el dólar aunque el costo sea congelar el crédito y la actividad económica. Además, en el plano político, Milei y sus operadores han sufrido tal vez la peor semana desde que están en el gobierno: su fragilidad institucional se expresó en el Congreso, donde hilvanó derrotas ruidosas en temas sensibles. Sólo consiguió mantener firme uno de sus grandes objetivos de los últimos meses, que es evitar que los jubilados tengan un aumento de 20 mil pesos, aunque difícilmente pueda obtener algún rédito político de ese “éxito”.
Además, hay otro factor clave: el Gobierno está a dos semanas de enfrentar una elección a la que él mismo le dio una relevancia superlativa. El 7 de septiembre vota la provincia de Buenos Aires, el entramado más populoso e intrincado del país.
La lógica y la arquitectura de la estrategia electoral, tanto en Buenos Aires como en el interior, se adjudican al “Jefe”, Karina, ahora asediada por las versiones que la muestran como benefactora de coimas de 800 mil dólares al mes.
Los armados de Karina dejaron heridos y en algunos distritos sorprendieron desde el punto de vista político. La provincia de Córdoba es un ejemplo. Gonzalo Roca, número 1 de la lista libertaria, es un desconocido absoluto para el electorado, que tiene casi como único mérito ser hombre de confianza de Gabriel Bornoroni. El segundo lugar de la lista también provocó incomodidad en más de uno entre los libertarios: allí está Laura Soldano, riocuartense e influencer fitness recién llegada a la política, que asombró al país con los videos en los que divide el mundo entre seres de luz y seres de oscuridad, describe visiones místicas y suelta creencias tan bizarras como que los objetos, un auto por ejemplo, pueden arreglarse milagrosamente si se los constela y se los incluye en registros akáshicos. Río Cuarto, que tiene a profesionales y científicos de primer nivel, se encamina a propinarle al país una segunda diputada: si no alcanzó con la silente Belén Avico, ahora es el turno de Laura Soldano. La incógnita, que casi se responde sola, es si la exmodelo fitness posee alguna cualidad para la política o si su meteórico ascenso es sólo fruto de la fortuna.
Enfrente de la dupla Roca-Soldano, el oficialismo cordobés, con el nombre Provincias Unidas, puso a su figura principal, Juan Schiaretti, que busca que esta elección pueda instalarlo definitivamente como una opción a nivel nacional.
La lista libertaria, decepcionante para muchos, va a ir colgada del cuello de Milei. Sus candidatos sólo van a prometer subordinación y valor. La estrategia de Schiaretti, por ahora, es presentar otro modelo de país, anclado en lo productivo, y salir del histórico discurso enfocado únicamente en el cordobesismo. La apuesta del exgobernador es polarizar con los libertarios y convertir la multitudinaria oferta electoral provincial en un mano a mano.
Para el oficialismo cordobés no será una elección fácil pero tiene algunos puntos a favor. El principal es que la imagen positiva de Schiaretti contribuye a equilibrar una compulsa que parecía ampliamente favorable a La Libertad Avanza. Aunque todavía es imposible dimensionar si la ruptura que protagonizó Natalia De la Sota le puede generar un daño significativo.
Otro aspecto favorable para el PJ cordobés es que, sin Luis Juez ni Rodrigo De Loredo en la grilla, difícilmente salga de la elección un posible rival para la gobernación en 2027.
La estrategia que ha diseñado el oficialismo provincial como proyecto de poder es opuesta a la que ejecutó en elecciones anteriores. Ya no se postula como una defensa de Córdoba ante los ataques centralistas sino como un actor capaz de convertirse, junto a otros gobernadores, en una alternativa nacional que no encarne el ajuste inhumano de Milei ni vuelva al fracaso kirchnerista. Llaryora expresó una justificación política y una expectativa temporal para esa construcción: dijo que la gente, en algún momento, se va a cansar de los extremos. Y en ese punto encontró un aval inesperado: el del líder del Frente Cívico, Luis Juez, archienemigo del cordobesismo. El aliado de Milei, que va en sociedad con La Libertad Avanza en la próxima elección, dijo que es verdad, que los extremos agotan, y que alguna vez habrá que terminar con la cíclica historia de los barquinazos argentinos.