El Gobierno de Javier Milei incluirá en la Ley Ómnibus un proyecto para aprobar la SAD en el fútbol
La diputada Juliana Santillán reveló que el gobierno nacional incluirá en el paquete de leyes un proyecto para habilitar la participación de las Sociedades Anónimas en el fútbol, que se presentará en el Congreso, pero aclaró que será una opción, "pueden tomarlo o no", afirmó.
"Estamos hablando de que el deporte tenga un incremento grande de inversión extranjera en el país, para eso hay que cambiar el sistema, que es optativo, ellos pueden tomarlo o no, por lo tanto, no es privatización, es el sistema inglés, dónde pueden optar o no sumarse a ese esquema", expresó Santillán ayer a la salida de un encuentro con Guillermo Francos, ministro del Interior de la Nación.
Y agregó: "Los clubes que quieran crecer de ligas inferiores a superiores mediante el apoyo de empresarios internacionales van a tener la posibilidad y los que no, no", aclaró la legisladora nacional.
Además, la diputada por La Libertad Avanza criticó a quienes se refieren al tema como una privatización: "Cuando se dice privatización del fútbol es un error grande porque hay que decir que es lo que no son las sociedades anónimas en lugar de decir lo que son. No es una privatización. Tenemos una gran expectativa que actores importantes de la industria del fútbol, como puede ser Guillermo Tofoni, pueda ser una de las personas que les cuente las funciones, cómo trabajar industrias tan complejas que no se conocen el paño", aseveró.
Por otra parte, Santillán calificó como una sobreactuación por parte de la AFA, refiriéndose a la Asamblea Ordinaria que los dirigentes del fútbol argentino rechazaron de manera unánime a las SAD: "Oponerse a algo que no existe es casi una cuestión irrelevante. Estamos hablando de industrias, de mejorarla, y eso implica que estén adentro de los socios y los presidentes de los clubes", cerró.
El nuevo tiempo en Sur América
En tanto, la gestión de Alejandro Domínguez tuvo la misión de cambiar la imagen ante el mundo y volver a posicionarse en el aspecto mundial con un eje central en EEUU. Desde su asunción, implementando diferentes cambios, auditorias y reglas de transparencia, junto a la colaboración irrestricta con la Justicia del país norteamericano, pasó de ser culpable a víctima de una etapa oscura.
Sin ese giro contundente, sería imposible el presente de hoy en el que el fútbol sudamericano vuelve a insertarse a quizás el mercado más interesante para este deporte a nivel mundial.
Todo comenzó allá por 2016 cuando con el lema "Conmebol Cuentas Claras", Domínguez dio un pantallazo del calamitoso estado en que encontró la Confederación "sin dinero" y sin registros, al punto que hubo que hacer auditorías contables, fiscales, de corte y la forense, que es la que investigó "20 mil documentos" que determinaron el alcance y los responsables de los hechos de corrupción que se destapó con el Fifagate.
Los tres presidentes de la CONMEBOL que lo precedieron, sus compatriotas Nicolás Leoz y Juan Ángel Napout, y el uruguayo Eugenio Figueredo estuvieron detenidos y fueron juzgados por la Justicia estadounidense por dichos desarreglos económicos. Al igual que los dos últimos secretarios generales, los argentinos Eduardo Deluca y José Luis Meiszner.
En aquel momento, todos esos papeles fueron a parar al Departamento de Justicia de Estados Unidos en una clara muestra de colaboración y sobre todo, esa Conmebol eligió al estudio Quinn Emmanuel, auditor de FIFA, y a la firma Ernst & Young para hacer la auditoría forense dentro la Confederación Sudamericana.
En cuanto a cifras, Conmebol ha recuperado u$s 130 millones por medio de auditorías forenses y procesos judiciales, principalmente gracias a la colaboración de la justicia de Estados Unidos (u$s 70 millones) y Suiza (u$s 57 millones). La Conmebol aumentó sus ingresos de u$s 99 millones en 2014 a u$s 511 millones en 2023, gracias a la implementación de cambios que combaten la corrupción.
La realización de la Copa América el próximo año y en un gesto que habla por si solo, Domínguez fue invitado con honores al mítico lugar de negocios llamado Wall Street en el país del norte para “tocar la campana”.